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Fui yo

MI TATUAJE.jpgPude ser el elástico de un calzón barato que a nadie convenció –a pesar de la oferta– y terminó en la bodega; la pistola asesina que inculpó al vagabundo que dormía en el basurero; una de las medallas de un piloto comercial que dejó a su familia por la azafata, o la jarrita de agua supuestamente purificada que tengo para toda la noche en este hotel de cortinas hechas en China.
Pude ser una de las gatas que se fueron de noche contigo; la mirilla por la que veo gordo a mi vecino (y delgados y curveados a sus muchos amantes); el zapato que perdí en un parque de Durango por borracho y busca pleitos; la enciclopedia que leí en orden alfabético y me sigue esperando en el librero de mi madre, o el pedazo de madera podrida que encalló en una playa fría de los mares del norte años después del naufragio.
Pude ser una de las treinta y tantas colillas que seguramente amanecerán en el cenicero (como sucede en estos días); un celular golpeado que no tuvo funda como otros; la corbata de un comentarista de fútbol castrado que imposta la voz, o las botas de un soldado que salió con la esperanza de volver y fue sepultado en el lodo, en el campo de batalla, junto a una cartera que escondía recuerdos estúpidos y que eran, lejos donde estaba, el hilo que lo mantenía atado a la tierra y despierto.
Pude ser cualquiera de las luces encendidas de esta ciudad huésped-celda; un vaso que se quiebra en el bar de solteros que me espera a unas cuadras; la maleta destartalada que sirvió para muchos viajes y que pienso sustituir por otra de mejor marca; un cachorro de veterinaria que jamás amamantó y no llora por su madre sino por la incertidumbre, o este candil de plástico que seguramente querrán cobrarme cuando me vaya (porque lo uso para buscar colores en la ropa de mañana, ahora que tus ojos sanos ya no están).
Pude ser la etiqueta que arrancas de tu nueva blusa o alguna de tus cremas o la ropa que ya no te llevaste; el collar de perlas de la señora que levanta la suciedad de su perro en el parque; la gabardina negra de un judío en domingo, o el conserje de uno de los tantos edificios del barrio que me enseñaste a observar –como muchas otras cosas– pero que no tocamos, seguro que no tocamos, te juro que no tocamos porque me habría dado cuenta que nacieron fríos y desde entonces se están cayendo.
Pude ser cualquier cosa, pero no: fui (soy) yo, el mismo que conoces, el que no cambió: paracaídas que no abre, bomba de tiempo bajo la axila.

1 comentario

  1. muchas gracias por tu ayuda; y espero no sea mucha la molestia ,pero hay otro texto que quisiera rescatar, ya k las dia siete se pierden con facilidad entre la familia,este se llama “madera naufraga” es como un himno en algunas partes para mi,de hecho tus textos m identifican mucho ,sin mas por el momento y disculpando de antemano las molestias m despido,gracias por el anterior “fui yo”.
    salu2, y a toda la banda tambien(mauricio carrera,carmen bullousa,guillermo fandelli…)
    (Andrés García Ovalle,1982 Ags,Aguascalientes México)

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