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SOBRE LAS DESPEDIDAS

PUBLICADO EN EL UNIVERSAL

(Me permito estos desvaríos aprovechando que nadie piensa, ve o lee otra cosa que el Mundial de futbol. Y para hablar de algo más que los descabezados de la mañana, los fusilados de la tarde, los levantados de la noche y los extorsionados de diario en este dolido país).

Aprendí por la buena que se debe decir adiós una sola vez. Me refiero a las relaciones, por supuesto. Y por adiós, hablo de las despedidas. Y “por la buena”, ustedes dirán.
Reinicio: Aprendí por la buena que uno debe despedirse de alguien una sola vez. Si regresas, le haces mala fama a las despedidas de verdad: las que permiten que la decisión gobierne al impulso, y no viceversa. Dices que te vas, y el tren en marcha expresa lo contrario, pero sigues la flecha de tu voz (Nicolás Guillén participa en la frase). Una vez que se dice “hasta luego” es “hasta nunca”. Por eso no es bueno decirle a alguien que estarás allí, porque lo siguiente es despedirse. Caprichos de la vida. Y despedirse debe ser para siempre. Lo digo tragándome las palabras que escribo, lo leo en voz alta para que no se me olvide que lo aprendí por la buena y debo estar agradecido.
El mundo está lleno de complicaciones. Si te encuentras a alguien y compartes algo importante, no sé si lo que siga sea tratar de retener, pero sí haces la lucha por hacer que las dos cursilerías se vuelvan tres, y los cinco minutos juntos, dos horas. Porque si no, pierdes el tiempo. O estás buscando encender la lámpara para leer antes de dormirte, o una hamburguesa, o una buena canción para acompañar el tequila, o una relación efímera. Y no es que eso esté mal; simplemente es otra cosa que “compartir algo importante” con alguien. Por eso digo: si encuentras con quien compartir lo importante, caminarás hacia más, y el “más” es muy fácil de identificar: una o dos o tres o cuatro veces al día recuerdas algo de la semana anterior.
Lo que sigue en la relación debe escribirse en cuartetos, sinfonías o sonatas. Es la cursilería a la que me refiero. Es el barroco de Lully y Bach, las fuentes chispeantes de Haendel. Allí estás, y todo bien. Y luego viene la pregunta: “¿Qué tipo de relación tenemos tú y yo?” En mi caso, me quedo congelado. A veces cedo y digo: “Es importante. Quiero pasar el tiempo contigo”, que es una respuesta ambigua que no resuelve pero que invita a más. Y hay más, y no es porque alguien le ponga una etiqueta sino porque más, en la vida, es mucho más. La respuesta no satisface a nadie. Y empiezan así los réquiem, las misas, las codas. Los finales.
En mi caso, me gusta decir adiós primero. Y cumplirlo en los hechos. Digo adiós cuando no puedo responder a esa gran pregunta (“¿Qué tipo de relación tenemos tú y yo?”), o cuando me compro la idea de que ella se ha comprado la suya, y es la del final. Entonces espero un gesto, el que sea, siempre triste. Y aparezco como un zorro en la oscuridad imaginando que quien está entre la maleza es una gallina. Abro las fauces, aprieto los dientes y sale el adiós.
Flotando en la miel de un amor bueno, cuando el tren iba en pleno viaje, un día me dinamitaron los rieles y me dijeron: “Esto se acaba”. Era tan justo y tenía tanto sentido, que respondí de inmediato: “Sí, se acaba”. Aprendí por la buena. No regresé a casa.
El amor no acaba ni siquiera en un choque de trenes. Pero un no, es un no. Y listo.
Decir adiós es complicado. Quisiéramos que fuera sin dolor. Pero decir adiós es exitoso si se dice a tiempo y, confieso, es excitante si hubo amor.
Otro día hablamos de eso, del amor. Les adelanto, mientras tanto, lo que escribo ahora: El amor es un tabique en la iglesia de los perdidos. El amor es el espejo donde caminan las hienas. El amor es poca cosa: es una llanta ponchada.

***
(Algo que inventamos, que escribimos en las paredes, que nos tatuamos. Las frases que cupieron en un aviso clasificado. Aquella bomba que dejamos en la puerta de la paletería para que llovieran chispas de fresa. Una canción para espantarlos a todos. Tus ojos, los días completos: gracias). (No te amaré hasta el fin de los tiempos porque tampoco es para tanto).

7 comentarios

  1. …genial simplemente.

  2. te empece a leer por azar en día siete, ahora estoy aquí. Con esa sensación chingona de quién encuentra lo que andaba buscando. gracias

  3. Cuantas veces le faltamos el respeto a “el adios” para intentarlo una vez mas?

    Despues de algun tiempo pienso en nosotros otra vez…
    Respiro profundo, sonrio, porque todo ese amor supera por mucho el dolor que llegue a sentir… y como siempre continuo…

    Alex,
    Increible como siempre!
    …quisiera entrar un dia y no encontrar algo que me guste, aunq puedo permitirme algo de melancolia de vez en cuando.
    saludos!

  4. increible… siplemente ya no puedo dejar de leerte… vivo cada una de tus palabras, cada punto, cada espacio, cada letra… me has unido a la persona que te puso en mi camino… y me has unido a tus pensamientos… generando en mi esa necesidad extraña de esperar cada día volver a leerte… a sentir esta maraña de emociones que no logro comprender… gracias…

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