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Ediciones Cal y arena tiene el placer de invitarlos, el día de mañana 23 de marzo a las 19:00 horas, en la Casa del Refugio Citlaltépetl (Citlaltépetl no.25, col. Hipódromo Condesa) a la presentación del más reciente libro de crónicas literarias de Alejandro Páez, No incluye baterías. Acompañarán al autor Luis Humberto Crosthwaite y Julio Patán.
No incluye baterías, como dice Rafael Pérez Gay en la contraportada, “es un viaje a la semilla, al norte de México, a Ciudad Juárez. En ese teatro de la memoria aparecen el desierto, los chamizos que deambulan sin rumbo bajo un sol de raja tabla, los recuerdos infantiles, las cartas de amor desdichado, la familia como refugio en esos días en que la vida diaria estalla en pedazos”.
Para muestra de lo anterior, un párrafo: “Otra vez me acuso de impertinente, y me hago la víctima: no quiero quitarles tiempo con mis dilemas de hombre solo. Escribo a partir de una realidad de muchos. La sociedad moderna nos ha hecho más egoístas, sabios, roñosos, precavidos o miserables (dicen las estadísticas): más mujeres y hombres deciden vivir solos año con año, y cada vez son más las parejas que deciden no tener hijos. Yo creo que se debe a que no creemos en el futuro. Cada quien tiene sus propias teorías”.
Sin embargo, Alejandro no esgrime teoría alguna sino que muestra su sentir, su lectura vívida del mundo contemporáneo con no poco humor ácido, a ratos negro. Su sello. La apuesta por contar la realidad de una ciudad que, más allá de los peligros tiene vida; que más allá de las balas, tiene voz, sentir, pensamiento y la crítica mordaz, irónica, no es sino un diálogo con el lector, con el transeúnte, con el juarense. Tanto el que habita como el que emigra de las páginas de No incluye baterías está, renglón a renglón, crónica tras crónica, principalmente frente a sí y su conciencia. O inconsciencia.
Alejandro Páez Varela dice de sí mismo en su blog: “Nací en 1968 y creo que desde entonces soy fundamentalmente reportero. Todo lo demás es un agregado de la vida. He sido editor y funcionario de varios medios mexicanos, tanto del interior del país como del Distrito Federal. Fui subdirector de El Universal y ahora soy subdirector fundador de El Despertador SA, editorial desde la que publicamos Día Siete (una revista semanal que circula bien y lejos) y Energía Hoy. He escrito para Newsweek y para las manteletas de papel de los restaurantes y bares que acostumbro, que no son muchos pero sí recurrentes. En 2007, junto con Laura de Ita y con Jaime López, Patricia Llaca, Vanessa Bauche, Álvaro Guerrero, Martha Claudia Moreno, Carmina Narro, Dolores Tapia, José Luis Domínguez, Renata Wimer, Ari Brickman, Nuridia Briceño, Abel Membrillo y los músicos que componen el grupo indie Polka Madre publiqué Paracaídas que no abre (Almadía, 2008); las letras son mías y las rolas de ellos. Con Jorge Zepeda Patterson y otros colegas escribí Los Amos de México (Planeta, 2007), Los Suspirantes (Planeta, 2005) y Los Intocables (Planeta, 2007). En 1999 gané el primer lugar del Premio Latinoamericano de Periodismo de Finanzas de Columbia University y Citibank. Me fui de gorra a estudiar a París y a Tokio gracias a que ese mismo año me becaron el gobierno japonés y la OCDE para estudiar temas aburridos para casi todos: mercados financieros y desarrollo económico. He encabezado los equipos que modernizaron, entre 2001 y 2008, más de 18 periódicos. Con Jorge Zepeda inicié Versalitas SC, nuestra empresa dedicada a reingeniería y rediseño de periódicos; con Rita Varela hice Todos Editores SC, destinada a prestar servicios periodísticos.
Sufrí como editor de El Economista, Reforma y El Universal, en el DF. Antes padecí de jefe de redacción de El Diario de Juárez y de reportero en periódicos como El Fronterizo, El Mexicano, El Heraldo de Chihuahua. Estuve en la corresponsalía de Excélsior en Chihuahua hace como años y en el buró en México de The Dallas Morning News. Bebo Herradura blanco, cerveza y mucho vino tinto. Vivo sólo del sudor de mis índices, porque no escribo con todos los dedos. Lloro cuando veo televisión y procuro no meterme al cine solo.
Tengo dos hijos: Simone y Niño. Son la luz de mis ojos. Mis cachorros llenan de luz la casa aunque a veces me provoquen alergia.
Mis últimos tres libros hablan de mi orígen, de Ciudad Juárez: La Guerra por Juárez (Planeta, 2009) trata sobre la barbarie en esa frontera y en terrible error de lanzar una guerra por razones políticas y morales. En Corazón de Kaláshnikov rescato muchas de las historias que acumulé como reportero de policiaca en El Mexicano, diario de esa ciudad; es novela, mi primera novela. Y en No incluye baterías (Cal y Arena, 2010) hago una especie de diario de dos años de vivir en un país tan sufrido como México.
Actualmente vivo entre mi casa, mis tres bares y la oficina. Camino, ando en bicicleta y lucho contra el cigarro y contra mis propios fantasmas. No será difícil encontrarme por allí con el móvil en la mano y escribiendo mensajes para Facebook, para Twitter y para quien se atreva a darme su número de celular”.

–Comunicado de prensa, Cal y Arena