¡Encontré la rola! “Seasons”, de Elton John, en 1971. La escuché en un vinil de mis hermanos hace aaañosss. Va. De verdad, con graaan cariño

02/1/08 3:58 AM por Alejandro Páez Varela

SEASONS
–Elton John, 1971

For our world, the circle turns again
Throughout the year we’ve seen the seasons change
It’s meant a lot to me to start anew
Oh the winter’s cold but I’m so warm with you

Out there there’s not a sound to be heard
And the seasons seem to sleep upon their words
As the waters freeze up with the summer’s end

Oh it’s funny how young lovers start as friends
Yes it’s funny how young lovers start as friends

…Y EL TEXTO DE PÁEZ, “LEJOS DE TI, ME ATENGO AL SERENO”, AQUÍ

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Corazón de perro

01/21/08 12:34 AM por Alejandro Páez Varela

Mi pequeño perro, Niño, se ha quedado solito. Los primeros días daba vueltas por la casa gimiendo en secreto, oliendo las paredes, el suelo, su plato. Me observaba con los ojos grandes y la cabeza ladeada para preguntar qué había hecho mal. No he tenido la rabia para contestarle. Mejor me he dedicado a mimarlo, a traerlo conmigo, a darle una concesión: permitirle dormir a mis pies y no en su cojín porque, lo conozco, eso es algo que agradece en estos tristes días sin sol.
No sé por qué –y es probable que no conozca a los perros–, pero Niño ha vivido adherido a mí desde que lo recogí en una veterinaria, hace menos de un año. El día que lo compré iba yo arrastrando la frente y algo llamó mi atención hacia el aparador. Era él. Tuve dos gatos antes, lo he contado; no simpatizaba con la aparente estupidez de los perros. Al verlo, sin embargo, quedé conmovido por su devoción: me decía: “Te estuve esperando, Alejandro. Llévame”, y entré y pagué en efectivo para no esperar a que plancharan mi tarjeta de crédito, y cuando estaba en la esquina pensé en devolverlo porque, me dije, ¿qué hago yo, un gruñón, un solitario deprimido, tartamudo para el amor, con un perro que me demandará un cariño que no tengo siquiera para mí? ¿Qué hace un hombre aferrado a la autodestrucción con un animal cariñoso que huele a deseos de vivir?
Y aquí estoy, ahora, con Niño. Triste porque perdió a Laika, su compañera, que se vio obligada a dejar la casa. Se ha vuelto tímido y come poco. Se ha tornado tan dependiente a mí que por las mañanas debo abrazarlo y suplicarle que coma; le explico que debo ir a trabajar y que vendré a la hora de la comida. Él sabe que lo dejaré en casa y se separa sin verme; se va a un rincón sin mover la cola, sin reclamos aparentes, pero no me engaña: lo que hace es decir que soy un desalmado, un méndigo que no entiende por las que pasa. Y no tengo la rabia para compartirle que ando por las mismas, y que la culpa no es de él, en todo caso.
Ni modo de darle un pedazo de nytol para que duerma, como lo hago, evitando el duelo. Ni modo de pedirle que sea fuerte. ¿Qué hace un lisiado del amor para explicarle que el corazón es un músculo blandito? Nada. Procurar que coma, que pase el mayor tiempo conmigo. Cambiar de hábitos e ir a lugares abiertos a tomarme la cerveza de los sábados o los domingos para tenerlo a un lado. Eso. No puedo confesarle que estoy en las mismas, que nos hemos quedado solos, que debemos aprender a vivir así, en estas ciudades ingratas en donde los dueños de los departamentos a duras penas permiten una mascota y no dos, o en donde todos estamos buscando la manera menos difícil de huir de los otros. Él no sabe tanto. Entonces, el otro día, vio a una perra parecida a Laika y tuve que soltarlo de la cuerda para que no se ahorcara. Resultó un perro bravucón que me lo zarandeó y lo dejó más apachurrado. El pobre.
Mi Niño. Ahora mismo duerme a mis pies mientras escribo. Nos dará cáncer a los dos si sigo fumando. Pobre Niño. Las perras del parque no le hacen guiños y él no está para eso, para los guiños. Los dos hemos perdido el instinto y, aunque Usted no lo crea, huimos. Gemimos en secreto, olemos las paredes, el suelo, nuestros platos. Vamos arrastrando la frente a comprar café o croquetas y nos regresamos a casa a cobijarnos.
Hoy no, pero muy pronto tiraré los vestigios que quedaron de aquellas dos: el hueso mascado, una pata de pollo de plástico, unos apuntes, unos chicles, un collar rosa y unos aretes. Entonces comenzaremos a despertar. Pero eso lo sé yo; mi pobre Niño no. Ya aprenderá, confío.
¡Aguanta, chiquito! Resiste, pequeño corazón de perro. Ya pasará este invierno. Ya vendrá la primavera.
Anda y come, mi Niño; mastica conmigo estas croquetas…

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NAPOLEÓN: EL EXILIO FORZADO

01/14/08 11:02 PM por Alejandro Páez Varela

Desde Vancouver, Canadá, en donde vive con permiso de trabajo (que no asilado), Napoleón Gómez Urrutia acusa a Vicente Fox Quesada, a su esposa Martha Sahagún y a ex funcionarios federales de primer nivel de haberse dejado comprar por los empresarios del sector minero y metalúrgico de México, del cual es dirigente sindical. Fueron ellos, dice, y uno de los hombres más ricos del país: Germán Larrea, los que lo obligaron a dejar el país en secreto para acogerse en los brazos de uno de los sindicatos más poderosos del mundo: el de los Steel Workers. Gómez Urrutia habla con Día Siete sobre su exilio, las acusaciones que todavía tiene en su contra y las que ha librado, y sobre los intestinos de una lucha de poder –en la que se juegan vidas y millones de dólares– entre empresas, sindicato y gobierno. Y anuncia: volveré… PUBLICADO EN DÍA SIETE

VANCOUVER. Napoleón Gómez Urrutia llegó solo a la cita, en una camioneta de marca americana. Como en casi la mayoría de sus fotos de 2001, 2002, vestía de negro, con camisa blanca y sin corbata. Prófugo de la justicia en México, en Canadá se le nota relajado. No despreocupado; relajado. Porque razones tiene para preocuparse, muchas: aunque se ha sobrepuesto legalmente a acusaciones como lavado de dinero, está por resolverse, dice, la que le fincó la administración Fox por un supuesto desvió de 55 millones de dólares. Él está convencido de que ganará la causa, y manda un mensaje: que pronto regresará a México. Así lo dijo. Y puso fecha.
Curiosa situación la de Gómez Urrutia, un regio nacido en 1944 que llegó a ser director de la Casa de la Moneda. Si no fuera por la cantidad de gente poderosa y de intereses multimillonarios que rodean su caso –intereses de Estado, incluso–, cualquiera diría que está exiliado por un malentendido o por un chisme mal contado. Vea: Una fuente del más alto nivel de la embajada de México en Vancouver dijo al reportero que no se tiene instrucción de dar un “seguimiento particular a su caso”. Qué, ¿no era (o es) “buscado” hasta por “la Interpol”? Qué, ¿no fue el gobierno federal el que pidió su extradición a Canadá, como se dijo? El mismo Napoleón comenta que vive en el país del norte con visa de trabajador. Es decir, que no fue necesario el asilo político, como se ha mencionado. Está aquí, y parece que bien protegido, por las gestiones, entre otros, de uno de los sindicatos más poderosos de Norteaméri-ca: el de los trabajadores del acero, los legendarios Steel Workers… hasta donde, parece, no pueden alcanzarlo ni el gobierno de México, ni uno de los grupos de hombres de negocios más poderoso del país, muchos de ellos agrupados en Televisa o en Vamos México, la fundación de Martha Sahagún.
No es un individuo fácil de entrevistar. Primero, porque no puede ocultar su desconfianza –aunque no la expresa– por los periodistas. Porque está en el “exilio forzado” y durante un largo tiempo tuvo que, literalmente, esconderse. Y porque vive pegado a más de un celular que carga consigo, y a través de los cuales mantiene contacto, desde el congelador, con cuatro de sus muchos frentes en estos días: el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana, sus abogados, los sindicatos de varios países –algunos de los cuales lo protegen– y su familia, que va y viene de un país a otro.
Durante la entrevista, el economista con posgrados en las universidades de Oxford y de Berlín habla intensamente sobre Germán Larrea Mota Velasco, uno de los hombres más ricos del país (con una fortuna que ronda los mil millones de dólares), miembro del club que agrupa Forbes en su lista anual, presidente de Grupo México y un enigmático individuo que posee intereses en todo el país y del que existen, se dice, una o dos fotos. Lo señala como el que le armó, junto con otros empresarios y funcionarios del foxismo, el “complot” que lo tiene en el exilio. Por la gravedad de las acusaciones (incluso de asesinato), Día Siete buscó por dos vías una entrevista con Germán Larrea para que diera su versión de los hechos; al cierre de esta edición nadie había respondido a la solicitud.
Napoleón define a Larrea, su Lex Luthor –o su Supermán, según se vea–: “Es un niño bien, que nunca tuvo nada que ver con la minería. Él era el jefe de la cava de vinos de su papá, porque a su padre, que era un empresario minero, le gustaban mucho los vinos y lo mandaba a comprar cosechas de vinos a Europa. […] Un hombre que fue devaluado por su padre. Que fue ofendido y lastimado”.
El dirigente explica también lo que, a su parecer, esconde el pleito entre el sindicato que dirige, una parte de los empresarios del sector y el gobierno federal, principalmente con el foxismo. Afirma que Larrea hizo aportaciones a Vamos México de Martha Sahagún, y a otras causas del ex presidente Vicente Fox. Por eso, sostiene, el empresario tuvo del cuello a la administración federal y pudo exigirle que actuara en su contra. Además, acusa, funcionarios de primer nivel del foxismo recibieron dinero de éste y de otras empresas del sector. Eso dice.
Y algo habrá de razón: en el directorio de Vamos México aparecen Gilberto Perezalonso Cifuentes y Francisco Javier Soni Ocampo, ambos de Grupo México, en el Comité de Vigilancia. Según la denuncia del 23 de febrero de 2006 del diputado federal José Antonio Almazán, Fox y su esposa se obsesionaron con destituir a Gómez Urrutia por los intereses creados con estos hombres de negocios: “Entre los propietarios de esta mina, en el consejo de administración de Grupo México, se dan cita personajes como el que fue ex gobernador y ex presidente de Televisa, Miguel Alemán Velasco; también participaron o participan en el consejo de administración de Grupo México Luis Téllez Kuenzler, Valentín Díaz Morodo, Claudio X. González, Antonio Madero Bracho, Rómulo O’Farril junior, Prudencio López y Juan Gallardo Thurlow”. Según el legislador, Diez Morodo, quien aparecía como asociado honorario de Vamos México, es presidente del Grupo Nevadi Internacional, una empresa perteneciente al Grupo México. Perezalonso Cifuentes es parte del Consejo de Administración de “una empresa que se conoce como Southerm Coper, que en realidad pertenece, como subsidiaria, al Grupo México en Perú”. Y de Soni Ocampo dijo que es socio de Price House Coopers, empresa que realiza toda la auditoría contable del mismo Grupo México.
Día Siete verificó varios de estos datos; algunos se pueden comprobar todavía en la página de Vamos México, aunque la mayoría fueron retirados de la red hace pocos meses, como la lista de aportaciones.
Complot o no, lo cierto es que miles de trabajadores mantienen hasta hoy y desde hace casi cinco meses una huelga en las minas de Taxco, Guerrero; San Martín, Zacatecas, y Cananea, Sonora, del Grupo México. Y no se ve para cuándo puedan regresar a sus empleos. El sindicato no cede; la empresa tampoco y el gobierno de Calderón, en una especie de “limbo”, parece no tener prisa alguna por meter las manos.
Podría ponerse como fecha de inicio de este conflicto el 19 de febrero de 2006 a las 2:30 de la mañana, cuando la mina de Pasta de Conchos, en Nueva Rosita, Coahuila, cobró la vida de 65 mineros que quedaron atrapados dentro de un túnel de 1.6 kilómetros. Desde entonces empezó la cruzada del gobierno de Fox y del Grupo México contra Gómez Urrutia, hasta su destitución, el 17 de febrero de 2006. Justo un año y dos meses después, en cumplimiento de un mandato judicial, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social tuvo que restituirle el cargo, luego de que se comprobara que la llegada de Elías Morales a su lugar se había concretado con falsificación de firmas. De eso y más se habla en esta entrevista.
Gómez Urrutia no contestó dos preguntas: cuánto gana como líder sindical y cómo vive, es decir, cómo es la casa en la que pasa su exilio. “Por razones de seguridad”, argumentó. De lo demás, fue abriendo su propio expediente en esta entrevista para Día Siete.

Leí en algunas notas de prensa que Usted tiene un BMW con placas de Jalisco, que vive en una zona muy bien ubicada en Vancouver, que es vecino de Pamela Anderson. ¿De qué manera vive Usted aquí?
Desde un principio diseñaron una campaña sucia y perversa para desprestigiar, para calumniar. Inventaron toda una sarta de mentiras que merecerían demandas penales. Es una mentira total. No tengo ni he tenido jamás en toda mi vida un BMW, ni blanco ni de ningún color y menos con placas de Jalisco y menos aquí. Eso lo hicieron para querer asociarme a cuestiones delictivas y eso es una mentira. Vivo de una manera modesta. Es mentira también que vivo en lugares de lujo. Vivo en un departamento de dos recámaras y una pequeña biblioteca, chiquita, una oficina que es la que uso para todas mis comunicaciones fuera de Vancouver.

Cuénteme de su familia. ¿Ellos van y vienen? ¿Cómo ha sido todo este tiempo en el exilio?
Mi esposa está conmigo. Uno de mis hijos también vive acá; está casado. Y los otros van o vienen, y tenemos además, aprovechando la tecnología, los sistemas de comunicación permanente a través de videoconferencias, un sistema interactivo. Esto nos ha permitido mantener una comunicación muy estrecha, familiar y personal.

¿Cómo dirige el sindicato?
Bueno, yo diría de cuatro o cinco formas. Una es este sistema de videoconferencias: me enlazo con el Comité Ejecutivo Nacional, con el Consejo General de Vigilancia y Justicia y con todas las secciones sindicales del país. Tenemos nuestras asambleas; es un sistema interactivo que ellos proyectan en una pantalla grande y, bueno, pues dan sus puntos de vista, y estoy prácticamente como si estuviera en estas reuniones. Luego está el sistema de correos electrónicos constantemente. Desde muy temprano por la mañana inicio el intercambio de comunicación con mis compañeros en los asuntos más importantes, en información delicada, en información de prensa. Tenemos las conferencias vía telefónica y por radio. Tengo varios sistemas de comunicación, o sea, varios aparatos con los que lo puedo hacer. Y sobre todo tenemos las visitas frecuentes. Vienen mis compañeros, dirigentes sindicales, nos reunimos, planeamos, hacemos alguna estrategia para continuar las actividades. Y vienen, algo muy importante, empresarios. Porque esta persecución política en contra mía, y esta situación en la que me han obligado a estar fuera del país, en este exilio forzado, como yo le llamaría.

Su papá [Napoleón Gómez Sada] dirigió 40 años el sindicato; Usted viene de Casa de la Moneda, tiene estudios en el extranjero. De alguna manera tiene una cierta educación liberal. Una formación en el mercado abierto, de libre competencia. Lo que no checa es la herencia del sindicato. Como que no es muy moderno eso, ¿o sí?
Es que eso es un error y es parte de esa confusión que deliberadamente ha creado el gobierno de la República, el gobierno de Vicente Fox, y también las empresas Grupo México y Grupo Villacero, principalmente. En el sindicato no hay herencia, los sindicatos no se heredan. Hay cerca de 300 mil miembros a nivel nacional. ¿Cómo se puede heredar un sindicato? Eso es una mentira total. Sería una falta de respeto a la inteligencia de los trabajadores, pensando que son borregos: “te regalo esto y ya”. No son empresas. Las empresas se heredan, los puestos públicos se heredan. Los sindicatos no: los eligen los trabajadores y más en un sindicato nacional verdaderamente democrático como es el de mineros. Entonces eso es una forma también de querer desacreditarnos. Los trabajadores son electos en asamblea para ser delegados a una convención nacional, una asamblea democrática. Esta última convención nacional incluso la hicimos con presencia de inspectores de la Secretaría del Trabajo en cada una de las asambleas. No lo necesitamos, pero aceptamos, para demostrar la transparencia y la política democrática del sindicato que siempre se ha seguido. Se eligen delegados a la convención, se va a la convención, y la convención tiene sus propias reglas y es la única que puede designar funcionarios sindicales. Pero aún en el peor de los casos, vamos a suponer que alguien podría pensar que se hereda [el puesto]. No, los sindicatos no se heredan y menos en nuestro caso. Es un sindicato muy democrático. Los trabajadores deciden.

Su papá dura 40 años y luego llega Usted. ¿No da eso pie a..?
…Bueno, puede sonar extraño, pero yo crecí, nací en un sindicato nacional por razones familiares. Y además, porque la gente no está acostumbrada, y menos los que nos atacan, los enemigos del sindicalismo emergente, que ha tenido la oportunidad de educarse, de prepararse. Yo siempre estuve en escuelas públicas. Yo soy un economista graduado con mención honorífica de la Universidad Nacional de México. Tengo estudios de posgrado gracias a una beca del gobierno británico, del Consejo Británico, para estudiar en Oxford, Inglaterra, a nivel de maestría y doctorado. Pero eso es un privilegio. Mi compromiso ha sido con los trabajadores y sus familias, y toda esta capacidad y experiencia profesional que adquirí en mi tiempo de profesor universitario, de conferencista y de funcionario público, pues ahora está al servicio de ellos.

Quisiera insistir en un punto poco claro: Se ha publicado en algunos medios que Usted y sus hijos tienen propiedades en varias partes del país…
No.

…Que las han comprado incluso en los últimos años…
No, esa es una mentira. Es parte de esta misma campaña sucia y perversa para desacreditarnos. Lo que hicieron cuando inventaron todas estas acusaciones fue utilizar propiedades de amigos, de familiares, de cualquiera, de familias decentes, de todos lados que pudieran tener una propiedad y la quisieron asociar o poner a nombre de alguno de mis hijos. No es así. Cada uno de mis hijos tiene una casa pequeña y modesta en Monterrey que es donde viven y yo tengo dos casas, y lo he dicho públicamente, una en la Ciudad de México y otra en Monterrey desde hace más de 30 años. Entonces es una mentira. Fueron a catear casas de personas que no tenían nada que ver. Por ejemplo una que uno de mis hijos había rentado durante algún tiempo. Llegaron ahí y ya la había dejado, fueron y de pronto catearon a una casa y a una familia que no tenía ni la menor idea de qué estaba sucediendo. Con una prepotencia, con camionetas y un despliegue policiaco y los medios de comunicación por delante: Televisa, Reforma, Norte y todos estos periódicos. Es una mentira. No tienen forma de probar nada porque no es cierto.

El periodo de Fox es muy duro para su sindicato. Y Elba Esther Gordillo brinca del PRI al foxismo y del foxismo, con una fuerza inaudita, a Felipe Calderón. ¿Qué es lo que sucedió? ¿Cómo se dio esa ruptura?
Con Vicente Fox se inició una relación respetuosa los primeros cuatro años. De hecho, él asistió a inaugurar nuestra Convención Nacional Ordinaria del Sindicato de Mineros en el año 2002, cuando fui electo secretario general. En el año 2004, por cierto, hay muchas fotografías y videos de esa convención en donde a un lado de Vicente Fox está Carlos María Abascal Carranza, entonces secretario del Trabajo y yo al lado derecho de Fox, como secretario general del sindicato nacional de mineros, y a mi derecha está Felipe Calderón como secretario de Energía. Siempre una relación cordial. Y recuerdo un comentario que me hizo Felipe Calderón que no he mencionado, porque fue el día 2 de mayo, al día siguiente del primero de mayo, Día del Trabajo, cuando hubo muchas manifestaciones en protesta contra el gobierno de Vicente Fox por el desempleo creciente, por la carestía de la vida y por muchas otras circunstancias. Y hubo protestas y agresiones muy fuertes. Felipe Calderón me comentó que qué respetuosos estaban los trabajadores, que qué unidad y qué fuerza se veía en el sindicato y que no le habían faltado al respeto al presidente como la CTM y otras organizaciones. Hasta le llegaron a apagar la luz en alguna convención. Yo le contesté: “El sindicato es de personas leales, unidas y responsables, y nosotros no invitamos a nuestra casa a nadie para ofenderlo, y menos al presidente de la República”. Me dijo: “Pues te felicito, es un acto muy bonito”. Había hasta una manta grande, todavía en 2004, de apoyo a Vicente Fox.

¿Qué es lo que sucede?
En 2005, cuando las empresas, Grupo Villacero en particular, se negaron a revisar los contratos colectivos de manera adecuada y otorgar los incrementos en salarios y prestaciones que los trabajadores querían, nos fuimos a un movimiento de huelga, y una huelga que se prolongó por más de 40 días, y Grupo México estaba en circunstancias similares, porque ha sido siempre una empresa represora de los trabajadores, con pésimas condiciones de seguridad. Entonces estas dos empresas, que fueron los principales promotores de este ataque al sindicato y en contra mía, seguramente le exigieron al presidente Fox, por lo que habían aportado y donado y que ellos presumían abiertamente para el financiamiento de su campaña para llegar a la presidencia de la República.

¿Cómo lo financiaron?
Seguramente aportaciones que hicieron, como también hicieron muchas a la fundación Vamos México, presidida por Martha Sahagún.

En particular Germán Larrea…
En particular Larrea. En particular Julio, Sergio, Pablo Villareal Guajardo, del Grupo Villacero.

Hicieron aportaciones directas. Entonces se sentían como que podían demandarle al presidente que actuara en contra suya, dice.
Totalmente. Para ellos yo era un líder incómodo, porque no podían manejarme a su antojo como hubieran querido hacer con el Sope Morales y con cualquiera de eso líderes a su servicio, prácticamente por unas migajas, porque eso es lo que otorgan, para convencerlos de aceptar eliminar bonos de productividad, eliminar cláusulas y prestaciones de los contratos colectivos, vender los contratos colectivos que a eso es a lo que están acostumbrados esos. Son unos hampones sindicales. Son unos verdaderos gangsters que se han dedicado a eso. Ellos los financiaban y los pagaban desde mucho tiempo atrás, y tenían un subsecretario del Trabajo, Emilio Gómez Vives, el más corrupto del sector público que siempre se prestó a servirle al Grupo México y al Grupo Villacero.

¿Por qué corrupto? Oriénteme.
Era un extorsionador del sindicatos y de empresas. En las revisiones de contrato colectivo le exigía a las empresas dinero porque eran las únicas dos que pedían que las revisiones de contrato se efectuaran en la Secretaría del Trabajo en ese momento. Ninguna más se celebraba ahí, se celebraban en el sindicato. De buena voluntad, en buen plan, una vez que se llegaba a un acuerdo se formalizaba en un convenio ante la Secretaría del Trabajo, pero él era al único al que pedían Grupo México y Villacero que se celebraran las conversaciones y las negociaciones allá, porque él lo ponía como condición para exigirle dinero al Grupo México, prestaciones y regalías.

¿Dinero para él? O llegaba más lejos…
Pues eso no lo sabemos. Pero es muy factible pensar que podía llegar más lejos. De él se ha dicho que tiene la colección de autos privada más grande de todo México, la tiene guardada allá en Jalapa, Veracruz. Se conocen muchas cosas de él. Y a los sindicatos les exigía cosas también en plan de extorsión. Tenía a un aliado dentro de la Secretaría a nivel de subsecretario, probablemente a otros niveles también, y presionaron al gobierno de Fox para que actuara en contra del sindicato: eliminar a un dirigente sindical, o a una dirigencia sindical que les estorbaba porque estábamos luchando y habíamos obtenido, y hemos obtenido en los últimos cuatro años –aún en estas condiciones– incrementos salariales promedio de un 10 por ciento entre salarios y prestaciones que ningún sindicato nacional ha obtenido, y lo podemos comparar y revisar.

¿Quiénes se reunían?
Se reunía el Grupo México, Grupo Villacero, los funcionarios de más alto nivel de la Secretaría del Trabajo, el presidente de la Junta Federal de Conciliación, un subsecretario de Gobernación que enviaba Carlos Abascal que se llama Felipe González y que había sido gobernador de Aguascalientes; se reunía Fernando Canales como secretario de Economía y habían invitado incluso a otras empresas a participar. Pensaron que sería muy fácil. Y créame que en su ignorancia total de lo que es el funcionamiento y la historia del sindicato minero pensaron que iba a ser muy fácil y que en menos de 15 días imponían un dirigencia, destruían al sindicato, los líderes o huyendo o en la cárcel o lo que hubiera sido, y se acabó.

¿Había dinero ahí? O sólo ganas…
Claro. Yo creo que hay una complicidad terrible. Fue un gobierno muy corrupto y ahí están las pruebas, las acusaciones que todos los días se están probando en contra de él [Vicente Fox] y su familia. Nosotros hemos dicho en el Sindicato Nacional de Mineros que en México se creó una verdadera delincuencia organizada al más alto nivel del poder económico y político del país y la integraban Germán Larrea Mota Velasco, del Grupo México; los hermanos Villareal Guajardo, del Grupo Villacero; Francisco Javier Salazar y su hijo, que también era presidente de la Comisión Nacional Reguladora de Energía, que fue el que le dio la concesión de explotación del gas metano a Grupo México después de la tragedia de Pasta de Conchos. Es una vergüenza nacional que después de una tragedia donde no dieron la cara ni Fox ni Larrea, todavía les den un negocio adicional de más de 500 millones de dólares por año. La tragedia fue un negocio. Su yerno, que era el delegado, Pedro Camarillo, el delegado de la Secretaría del Trabajo en el estado de Coahuila y que permitía que no hubiera inspecciones y que la empresa se saliera con la suya en las condiciones de seguridad en la mina; Carlos María Abascal Carranza. Todo este grupo, seguramente Cabeza de Vaca, el ex procurador. Rubén Aguilar, el vocero presidencial, por favor, una vergüenza.

A Usted lo apoya una base de sindicatos internacionales. Pero hay un momento en el que dice: “Soy perseguido, ahora sí tengo que irme de México”. Y se viene a Vancouver. ¿Cómo es ese momento?
Bueno, en primer lugar yo no vine directo aquí. Pero déjeme decirle. Y además ahí está la evidencia, están las declaraciones del gobernador [de Coahuila] Humberto Moreira. Después de la tragedia de Pasta de Conchos, nosotros protestamos como lo veníamos haciendo por años por las pésimas condiciones de seguridad en esa mina, y cuando sucede la tragedia y 65 compañeros mueren, de los cuales todavía 63 están sepultados, nosotros acusamos a la empresa de haber cometido un “homicidio industrial”, y eso les molestó muchísimo. Comienzan las agresiones, comienzan las amenazas, incluso de muerte; llamadas anónimas telefónicas, correos electrónicos y la instrucción que pretende darle Fox al gobernador Moreira para que detenga y arreste a los líderes sindicales y, en particular, a mí. A la respuesta de Moreira sobre qué cargos, él dice: “Pues si no hay, invéntalos”. ¿Cómo un presidente de la República puede pasar por encima de todo el sistema legal y judicial en todo el país? Es una vergüenza. Moreira lo cuenta. A un año de la tragedia lo contó. Pero nosotros ya lo sabíamos. De alguna manera esa información se filtra. Entonces en ese momento, cuando se viene toda esta presión y las amenazas, mis compañeros dirigentes sindicales nacionales y los compañeros dirigentes sindicales de Coahuila recomiendan que salga del país temporalmente en lo que vemos qué sucede, porque, obviamente, seguían las agresiones muy fuertes y la persecución política. Yo consulto con los dirigentes, amigos nuestros, de los Steel Workers de los Estados Unidos y Canadá. Lo comento también con el presidente, el secretario general de la FITIM, la Fede-ración Internacional de Trabajadores de las Industrias Metalúrgicas, y al que nosotros no sólo pertenecemos como sindicato, sino
que yo soy un miembro del Comité Ejecutivo a nivel mundial. Y recibo un gran apoyo. De decir: “No, no te expongas, no expongas al sindicato, quieren destruirte y acabarte, a tu familia, a los dirigentes sindicales y a la propia organización”. Entonces decidimos salirnos, pero fue por esta persecución, por esta agresión.

¿Cómo es la salida? ¿Por dónde sale?
Bueno, no la he contado y prefiero reservar algunas cosas. Pero obviamente fue muy tranquila, muy sencilla. Primero, la realidad es que salimos hacia Estados Unidos. Todo mundo especulaba que si estábamos en Monterrey en un rancho, en Coahuila, en Estados Unidos, en España, en Londres. Después, por recomendación de nuestros abogados, de los propios Steel Workers, pensamos que era mucho mejor Canadá. Inicialmente estuvimos en la otra parte de Canadá, en la parte de Otawa, Toronto y Montreal, porque Canadá es un país que respeta mucho los derechos humanos, tiene un sistema y un estándar para la aplicación de la justicia muy elevado. Aquí no se prestan a este juego de inventar sobre las rodillas acusaciones e ir a detener a las personas. Y entonces los abogados por eso recomendaron, para mayor seguridad jurídica, estar en este país. Y fue importante por todos estos inventos. Y ahora regreso a lo de Rubén Aguilar, que decía todos los días en la prensa que habían solicitado mi extradición y que la ficha roja. Puras mentiras. Nunca solicitaron mi extradición. No es cierto, no podían porque no tenían elementos.

A usted se le acusaba de lavado de dinero; esa acusación quedó sin fundamentar; después, con firmas falsas, intentan sacarlo del sindicato. Eso que está publicado en la prensa es cierto, ¿verdad?
Totalmente.

Pero tiene un pendiente: 55 millones de dólares que dicen que Usted y 27 colaboradores habrían desviado a diferentes bancos. ¿Qué pasa con esos 55 millones? ¿En dónde están?
No ha habido ningún delito que perseguir y eso ha estado probado amparo tras amparo que se ha ganado. Fueron parte de toda esta conspiración y ataques. Por supuesto que no ha habido ningún desvío de dinero. Nunca lo hubo. No ha habido un peso desviado. Lo dijo desde el principio, y lo ocultaron, la Comisión Nacional Bancaria de Valores en su dictamen y en su resolución.

¿En dónde está ese dictamen?
Lo tienen nuestros abogados.

¿Y por qué si es tan importante no lo muestran?
Lo ocultó el gobierno federal. No, sí lo han exhibido en todos los juicios y lo han exhibido públicamente. Pero hay toda una campaña en contra en los medios para no publicarle al sindicato nacional nada. Está el dictamen de la Cámara de Diputados, está la auditoria que ordenó la FITIM, la Federación Internacional, una auditoría de un despacho internacional totalmente independiente. Pidió, solicitó a un despacho suizo independiente que audita gobiernos y empresas independientes, muy prestigiado, que hiciera una auditoría y nosotros lo permitimos. La autonomía sindical no nos obliga a nada de eso más que a rendirle cuentas a los miembros del sindicato, como lo hacemos conforme a los estatutos. Sin embargo, estuvimos abiertos. Se hizo la auditoría; duró casi 8 meses y finalmente las conclusiones están probadas, publicadas. El dictamen de los auditores internacional fue: no hay ningún peso desviado, esto es una persecución política nada más originada en todas estas causas que hemos comentado.

Usted habla de una persecución personal [de Larrea].
Es un hombre obsesivo. Es como decía, un psicópata. Es un enfermo de ideas fijas que busca destruir al sindicato.

¿Usted se ha reunido con él?
Yo me reuní muchas veces con él hasta hace 4 ó 5 años, cuando fue la última vez. Busqué por la vía de la negociación. Incluso algunas veces enfrente del secretario de Trabajo de entonces, Carlos María Abascal Carranza. Él es testigo, por cierto, de honor, y ha pretendido diluir eso, de cuando se firmó el convenio de los 55 millones de dólares, porque fue en su oficina. A la una de la mañana firmamos ese convenio. O dos de la mañana.

Abascal es testigo del convenio de los 55 millones…
Y él sabe. Eso se deposita en un fideicomiso para poder empezar a disponer la entrega de los recursos a los trabajadores que tenían derecho y que el sindicato pudiera recuperar todos los gastos en los que había incurrido, legales, de juicio, demandas, de viajes, de contratación de personal profesional, etcétera, durante 15 años, porque esta empresa no es fraudulenta, se negó a pagar esas acciones cuando se privatizaron en 1989 y en 1990; bueno, pues todo eso del fideicomiso se deposita en una cuenta especial que se abre a nombre del sindicato y siempre ha estado a nombre del sindicato. Todo eso que inventan son mentiras absolutas. De veras son de una perversidad inaudita.

Hábleme de Carlos Pavón, al que han llamado “El Mensajero”, que recibía pagos a sus cuentas. Era un personaje menor y de repente le aparecen 22 millones de dólares en sus cuentas, ¿qué no?
No, eso es mentira. No hay ningún millón de dólares, ni un millón de pesos en sus cuentas. Ni de Carlos Pavón, ni de ningún otro miembro del sindicato nacional.

¿En dónde están ahorita?
Están en cuentas congeladas. El gobierno las tiene. Ellos saben donde están. Lo hemos dicho y lo hemos publicado. No una, mil veces. Pero en fin, yo no me quisiera referir a eso porque ya nos cansamos de publicarlo y darlo a conocer. Lo que sí es importante es decir que no hay un peso desviado; están en las cuentas del sindicato que arbitraria e ilegalmente congelaron, porque son recursos del sindicato nacional minero de los cuales alcanzó a distribuir a los trabajadores que tenían derecho, más de 5 mil trabajadores, cerca de 23 millones de dólares. Mezclan las cuentas normales del sindicato con el fideicomiso, el fondo de 55 millones. De los 55 millones no hay ni un peso desviado y están ahí los resultados, ya le dije, de la auditoria internacional y de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Y lo otro, son los pagos normales que hace un sindicato, como cualquier organización. Sacaban una cuenta en Suiza… Pertenecer a la federación internacional implica una cuota. La federación internacional tiene su sede en Ginebra, Suiza. Las cuentas están en Ginebra, Suiza. Se enviaba ahí y decían: nada, dinero desviado. O en Colombia, un sindicato en Argentina, que se pagaba alguna cuota. O sea, es absurdo, es increíble.

¿Quién es Germán Larrea? ¿Por qué lo…?
Sí le voy a decir: Es un niño bien, que nunca tuvo nada que ver con la minería. Él era el jefe de la cava de vinos de su papá, porque a su padre, que era un empresario minero, le gustaban mucho los vinos y lo mandaba a comprar cosechas de vinos a Europa. Ese era su trabajo en la compañía. Él personalmente me lo dijo y no lo puede negar. Porque además todo mundo lo sabe. De repente llega, hereda la empresa. Él sí la hereda. Todos los empresarios lo conocen y el gobierno lo conoce. Lo que pasa es que hay mucha hipocresía en este medio y nadie se atreve a hablar de quién es él. Un hombre que fue devaluado por su padre. Que fue ofendido y lastimado. Podría decir palabras feas, pero la verdad es que [no lo hago] por respeto. Lo insultaba todo el tiempo delante de sus amigos y lo devaluaba. [Larrea es] un hombre que crece resentido. De repente hereda esto y quiere cobrar venganzas. Y quiere cobrar venganza hacia los que cree más débiles, que piensa que son los trabajadores. Yo todavía le hice un llamado, y si publica esto lo va a recordar, porque se lo dije en su cara y no le gustó. Le dije, una de las últimas veces que nos reunimos: “Estás equivocado, Germán, con esta política de actuar en contra de los trabajadores y del sindicato. Deberían ser tus aliados, porque al final somos aliados en el proceso productivo y aportamos una parte muy importante. No hay tecnología ni máquina, por muy moderna que sea, que se mueva sola sin mano de obra y esa la proporcionamos nosotros. Deberías dejarte de problemas, de reprimir a los trabajadores, llevar una buena relación respetuosa y cordial. Disfruta tu dinero. Tu familia vale mucho”. Son cosas que le dije, pero no hace caso. ¿Qué le debe el gobierno a este señor para que continúe actuando en la impunidad? Porque no ha habido ningún castigado de Grupo México, ni por la irresponsabilidad y la negligencia de la explosión de Pasta de Conchos. ¿A qué le tenían miedo? Ni siquiera tuvieron la decencia, la vergüenza de ir a darle el pésame a los familiares y la solidaridad a los trabajadores. ¿Sabe cuánto hubiera costado haberse evitado la tragedia de Pasta de Conchos? Los expertos lo han dicho. Si Grupo México hubiera invertido entre uno y dos millones de dólares para crear un tiro inclinado alterno, desgasificar la mina y corregir todas las fallas que se venían reportando por años y que entre la complicidad de la Secretaría del Trabajo, sus inspectores, el yerno de este señor ex secretario y todos esos no realizaban; si hubieran invertido uno o dos millones de dólares se hubieran evitado la tragedia de Pasta de Conchos. Dicho por los expertos en seguridad, no hubiera costado más de eso. Grupo México en ese año de la tragedia, 2006, ganó más de seis mil millones de dólares. Seis mil millones de dólares y no invirtió uno o dos en cuidar la vida de sus trabajadores.

Grupo México lo acusa de, entre otras cosas, pedirle 80 millones de dólares, y que por eso tiene Usted paralizadas las plantas y desde el 30 de julio.
Bueno, qué poder me otorgan, ¿no? Que desde acá [Vancouver] yo pueda paralizar todo el sistema. Nosotros ni extorsionamos ni chantajeamos a nadie. Es más, nosotros no tenemos acuerdos con asesinos. Y ellos han asesinado no sólo a los 75 trabajadores de Pasta de Conchos, lo han hecho también con nuestro compañero Reinaldo Hernández, un trabajador, el 11 de agosto de este año (2007), en Nacozari, Sonora. Ahí donde los trabajadores que fueron despedidos injustifica

¡Que regrese Napo…!
Casi cualquier mexicano los ha visto. Son los spots de televisión que dicen: “Los trabajadores mineros queremos que regrese Napo… ¡pero los 55 millones de dólares que se robo!”.
Se difunden en los horarios de mayor audiencia, en Televisa y TV Azteca. Lo firman miembros de la Sección 11 de Santa Bárbara, Chihuahua, que está en una mina y planta de Grupo México.
Napoleón Gómez Urrutia afirma que él y su equipo calcularon, hasta diciembre pasado, más de 600 spots en la televisión que representan, a precios comerciales, unos 600 millones de pesos o 60 millones de dólares. “Mucho más que el famoso fondo de los 55 [millones de dólares] que tanto reclamaban, sólo en el costo de los spots de televisión para atacarnos”, dice. Y muestra sus números: De acuerdo con el Sindicato, esta sección generó en un año, hasta febrero de 2006 –cuando rompió con Gómez Urrutia–, un millón 333 mil 814 pesos.

FONDO COMÚN 116,060.64
ASUNTOS POLÍTICOS 2,013.47
CUOTAS EXTRAORDINARIAS 102,204.72
PREVISIÓN SOCIAL 114,960.43
FONDO DE RESISTENCIA 994,127.17
FONDO DE PARTOS 32.90
SEGURO MINERO 0.00
BLOCK MINERO 3,152.00
DEPORTES 572.97
MANTENIMIENTO DE AUTOMÓVILES 690.52
TOTAL 1’333,814.82
Estas cifras parecerían suponer que no hay manera de que una sección sindical sostenga una campaña tan intensa en televisión. ¿Quién paga los desplegados, entonces? Es Grupo México, sostiene el dirigente sindical desde el exilio.
Día Siete solicitó una entrevista con el empresario Germán Larrea para que diera su versión, pero hasta el momento de cierre de esta edición no hubo respuesta positiva.

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Lo que tuve soy

12/10/07 12:52 AM por Alejandro Páez Varela

Tuve dos gatos, Gala y Camila, y tuve también mi juventud. Tuve un volkswagen negro y un sueño: en él voy en un camión, de cinco o seis años, y me asomo por la ventana y veo que lo que se va quedando en realidad se acumula, se compacta a tres pasos de la última llanta: las nubes, las cercas que mantienen el ganado a raya, dos señoras que me vieron pegado a la ventana, las montañas, los sahuaros, los chamizos, los recuerdos, las ideas: todo atrás, comprimido, y no se va. Tuve ganas de hacer mejor las cosas y un departamento enano. Tuve fuerzas para continuar, y piel renovable como la de una cebolla. Tuve en YouTube a Lonelygirl15 leyendo un comunicado de prensa. Tuve un amor y tres pesos que resistieron dos devaluaciones y la inflación.
Tengo cinco cajetillas de cigarros frente a mí (tres abiertas y a medias) y la amenaza de un cáncer pulmonar. Tengo un encendedor y tres ceniceros que vacío de madrugada. Tengo una buena reserva de Tylenol y una cajita de Altoids de hierbabuena que compré en Madrid y que por alguna razón no he abierto. Tengo una Palm que me sigue a donde voy y me aburre con su pleito con la Mac. Tengo un blog y el último número de Foreign Affaires que ya leí y ahora estoy subrayando (no hago las dos cosas al mismo tiempo). Tengo ganas de tomar el primer avión disponible y una cerveza en el refrigerador. Tengo los mismos e-mails que leí hace una hora. Tengo una botella de agua y un mosquito que ha aprendido a picarme en los codos. Tengo un protector de pantalla con Osama bin Laden riendo. Tengo dos perros que se alimentan del sentimiento de culpa, como yo.
Lo que tuve soy; vivo de lo que no se va. Por lo que tengo comprendo lo que seré: auto-bomba que se queda sin gasolina, agente funerario que termina en una fosa común, gusano que perfora el capullo para sacar las patas y recorrer el árbol.
(Leo la prensa y me doy cuenta qué tan vulnerable soy: el gobierno se blinda los ojos y los empresarios, contra los vaivenes que provocan los jodidos. Las iglesias se blindan contra sus competidores, y Dios se blinda contra ellas. Las ciudades se blindan con rejas y la televisión, contra la realidad. Los políticos se blindan contra sus obligaciones y la tristeza con alcohol, confeti y serpentinas. Los transeúntes se blindan contra sí mismos y los partidos políticos contra la decencia. Y yo intento blindarme el corazón, pero es el corazón el que debe blindarse contra mí.) •

22 DE OCTUBRE DE 2006

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Que se salven todos menos usted, en este orden: primero las sobrecargo, luego los de la clase turista

12/9/07 8:59 AM por Alejandro Páez Varela

¡Cuántos protocolos! ¡Cuánto hay que ir, cuesta arriba! Si un hombre y una mujer se aman, ¡cuántos caminos de hormigas deben recorrer, cuántas sílabas desagregar!
Pienso esto mientras observo cómo pasa la gente en el aeropuerto. Qué felices son, los aeropuertos. Aquí quisiera yo vivir. Una mujer que se lanza al hombre que espera y, sugiero, ama; una familia de tenis que levanta al aire al más pequeño porque no lo ha conocido. Este tipo por el que no meto las manos al fuego pero que besa a una chica que se pone de puntitas y le toca la espalda con las yemas de los dedos, de manera tan delicada que ya quisiéramos los cargadores de maletas y yo.
¡Que vivan los aeropuertos! Que todos se vayan y que todos lleguen para siempre. Los ojos negros, los incoloros, los ojos rasgados y los que tapió el destino como casa vieja merecen abrirse de largo y ancho en este y en todos los aeropuertos.
Suyos son los aeropuertos. Venga por ellos.
¡Cuántos métodos, cuántas letanías, cuán larga es la lista de los que ven el amor mientras apuntan!
Contenga usted la respiración, no se aguante las ganas de correr. Venga, tome estos pasillos, porque son iguales en Londres o en Ámsterdam, en Singapur o en Madrid. Venga porque son suyos. Recórralos aún si no espera a alguien, como yo. Ándese por ellos, y no piense mucho en lo que realmente quiere, si es que lo quiere, también como yo: que se desprendan las alas de su avión en cuanto despegue, y que se salven todos menos usted, en este orden: primero las sobrecargo, luego los de la clase turista, y al final los de primera y los capitanes porque esos no tienen nada qué perder en el azar de la vida: van enfrente porque tienen prisa. Más que usted, más que yo.
Venga usted a los aeropuertos, vuélvase este aeropuerto su corazón. Que lleguen todo a él, que se vayan los que quieran irse, incluso sin pase de abordar, sin rayos equis y sin aduanas.
Derrúmbense los protocolos y la cuesta arriba, que estamos en el aeropuerto, en la última terminal de la nada. Porque aquí empieza y termina todo, sin importar quién llega y quién se va.
Los aeropuertos son, observo ahora, el corazón más noble.
Que vivan los aeropuertos.

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Ella se toma los naufragios como remedio, y yo pienso que soy capitán de barco

12/9/07 12:43 AM por Alejandro Páez Varela

Ella piensa que después del naufragio principal cada uno de los siguientes la acerca más a la orilla. Y convencida de sí, huye de cualquier señal que la conduzca a enterarse que, uno a uno, los naufragios subsiguientes la han mandado más adentro en el mar. Ella cree que es posible escapar del sino de los abandonados si recurre a la vieja fórmula de los piratas: beber; ganarse la comida del día y beberse la noche con ron; dejarlo todo por un rato y a la mañana retomar las tareas del Sísifo interior: hundir su barco, el siguiente. Ella no tiene cabeza para reparar mastines y velas. Mejor hace de las astillas su esperanza, porque se ha vuelto especialista en construir, de los restos de cada hundimiento, un nuevo velero que la lleve a otro naufragio. Y confía en que ese que viene la arrime a tierra, y no: la conduce mar adentro.
Mar adentro, para mi fortuna –y no sé si la de ella–, naufrago yo.

La primera vez que se le vio naufragar, flotaba abrazada de un amarre de cajas, cada una marcada así: “Frágil”. Pero no le duraron una tormenta, aunque ella quisiera. Esas cajas, las “Frágil”, no estaban para resistir a alguien; todo lo contrario, eran para garantizar el hundimiento, su hundimiento.
Ella piensa que es posible sacudir el mar. Cree que cada barco que hunde conmueve las entrañas del Enorme Extraordinario. Deliberadamente instalada en el engaño, cierra los ojos para no contar las astillas que le van quedando, cada vez menos. No se rinde aún frente a las señales que le dicen que muy pronto quedará sin posibilidades de maniobra y vulnerable, mar adentro de su propio corazón.
Y mar adentro, para mi fortuna –y no sé si la de ella–, navego yo.

Mar adentro estamos muchos, los tantos que naufragan. Imposibilitados, nos resignamos a hundirnos; o mandamos luces de bengala (que nadie ve porque nos hemos alejado de la playa); o sacamos fuerzas para rehacer barcos que de inmediato hundimos; o somos de los pocos afortunados que ven a los lejos una luz oscura: la luz del otro.

(Me hago ilusiones: De sus pómulos obtengo el coraje; de sus alergias, que no conoce, construyo un timón; de su cabello negro rehago un casco, y proa y popa las saco de repetir su nombre. Junto mis astillas con las de ella, restos de incontables naufragios, y me nombro capitán de un barco al que ella no sabe que ya se ha subido. Piensa que después del naufragio principal cada uno de los siguientes la acerca más a la orilla, y me engaño creyendo que esa orilla soy yo, a pesar de que estoy mar adentro, muy mar adentro, tan mar adentro que se me han acabado las astillas y grito por mi propia salvación).

Ella cree que es posible escapar, pero delira: en su fiebre no se da cuenta que duerme, ahora, en el camarote de un buen capitán de barco que nació en el desierto. Ese capitán soy yo.
Ella es especialista en los hundimientos, pienso ahora que la veo dormida. Ata y desata amarras y velas. Sube y baja banderines de auxilio y de pirata para causarle desconciertos al mar. Entonces una ola cualquiera le cumple el deseo. Nos hundimos con ella. Nos vamos más adentro en el mar.
Y mar adentro, para mi fortuna –y no sé si la de ella–, yo quiero seguir.

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