Los precios altos y la escasez de alimentos han sometido al mundo a una terrible hambruna, y a un negro horizonte. Y Usted y yo somos en parte culpables de esta tragedia humana. PUBLICADO EN DÍA SIETE
Un sábado, hace no tantos días, saqué el auto y lo conduje al centro comercial que está a dos cuadras de donde vivo. La idea era entrar al cine allí; buscar después un lugar lejos del barrio para comer; ir a librerías lejanas y entrar a algún café desconocido a leer. Mi ánimo de explorador estaba (está) relacionado con la vida aburrida de los que trabajamos en los “puntos de engorde” -como los bautizó Douglas Coupland hace 18 años en Generación X-, frente a computadoras, post-its y sacapuntas eléctricos. Soy de los muy pocos que caminan de casa a la oficina, así que difícilmente muevo el carro una vez al mes. Ese sábado decidí hacerlo “por salud mental”. Y lo hice.
Salí del cine apachurrado. (Una película larga y mala es una empresa imperdonable para un hombre como yo, que prefiere las cantinas, los bares o los cafés.) Me fui a casa, de regreso, en el auto. Tuve que recorrer muchas cuadras para llegar, a pesar de la cercanía, porque había lloviznado y parece que nos volvemos, con tantita agua, más brutos. Se atascaron los semáforos. Se patinaron unos y se la mentaron casi todos, entre arrancones y enfrenones. No fui a comer lejos, no busqué otro café y otra librería. Volví a mis paredes, a mi punto de engorde bis: mi casa.
Ya sobre el sillón, la experiencia de esa tarde se me vino encima. Frente a los últimos acontecimientos, me sentí culpable. El centro comercial está a unas cuadras, y porque la vida moderna nos agrega angustias resolví ir en auto a donde sea. Gasté gasolina para supuestamente oxigenarme el alma. Le pasará a algunos de ustedes.
Desgraciadamente, por gente como yo la industria del petróleo provoca miles de muertos al año y permite gobernar a estúpidos e inmorales como George W. Bush, Hugo Chávez o las dinastías de los países árabes. Por gente como yo, el clima es vómito del diablo, que hiere con inundaciones y sequías al planeta. Por gente como yo, un país (o varios) (como Irak) es invadido. Por gente como yo están acabando con miles de hectáreas de bosques o de cultivos tradicionales para sembrar granos que generen combustibles. Por gente como yo, el mundo vive en estos momentos la peor escasez de alimentos en décadas, y está por enfrentar una hambruna nunca antes vista.
La escasez mundial de alimentos está acompañada por un aumento generalizado en los precios de los insumos básicos, que a su vez ha desatado la especulación. Los países desarrollados están demandando cada vez más alimentos, mientras que las tasas de crecimiento poblacional a nivel internacional se han elevado. A eso se deben sumar las inundaciones y sequías del cambio climático y que la industria de los “biocombustibles” se está comiendo enormes porciones de los granos que mantenían los graneros del mundo en equilibrio.
Gillian Tett, especialista del Financial Times (Inglaterra), cita a un analista de Goldman Sachs que calcula que esta crisis “estallará” dentro de un lapso de 12 a 18 meses. (Entrecomillo estallará porque me parece que un solo muerto -en estas crisis casi siempre son niños, mujeres o ancianos- debería ser suficiente para considerar que una crisis ya estalló). El Programa Mundial para la Alimentación (PMA) de la ONU calcula que en las siguientes semanas, 73 millones de pobres que reciben ayuda directa no tendrán con qué llenar su plato diario, porque el encarecimiento de los alimentos no lo permitirá: en sólo tres semanas de abril, los básicos aumentaron 20 por ciento; muchos de los granos han acumulado aumentos de hasta 200 por ciento en un año.
Entenderán mi autoreproche de esa tarde de sábado. ¿Quién soy yo -quiénes somos todos- para agregar sufrimiento a este mundo de por sí acongojado? ¿Quién me creo -quiénes nos creemos- para ser tan egoísta? Soy un consumista inmoral y ya, porque todo lo que hace un hombre en su vida vale puritita sombrilla, diría Peter F. Drucker, si lo que hizo no beneficia la vida de otras personas…
Hambre y limosnas
Tarde y con sueño -como siempre-, Naciones Unidas ha reaccionado. (Ni modo, hay que conformarse; la ONU no es lo mejor: es lo que tenemos). Las 27 organizaciones enmarcadas en esta institución han sido alertadas por informes que no sólo hablan de hambruna sino de levantamientos sociales. Y eso sí le para los pelos a los políticos: nadie quiere jodidos alzados; mejor jodidos cautivos que “votan”, compran, “legitiman”. No me pongo necio: lo que la ONU pueda hacer, está bien. Gracias, gracias a la ONU por lo que haga.
Sin embargo, difícilmente Nacio-nes Unidas podrá sacar acuerdos o lograr movilizaciones para revertir un daño que ya está hecho. Ahora sólo podrá aspirar a levantar colectas, limosnas. Limosnas para los hambrientos. El hambre global es un problema tan avanzado en este mayo de 2008 que de las fórmulas que se tuvieron para enfrentarlo hace unos meses, dependemos de las efectivistas y no de las efectivas. Para evitar la muerte de millones de personas debemos darles limosnas, es decir, donaciones directas, reconoció hace días el relator saliente de la ONU para la alimentación, Jean Ziegler. Limosnas, o tendremos una gran crisis humanitaria. Olvídense de acciones globales para poner a trabajar el campo en el hemisferio sur, o para detener a la industria de los biocombustibles. Eso era antes, o ya será después (ajá, seguro). Los jodidos de siempre están hoy más jodidos que antes: se mueren mientras movemos nuestros autos a la esquina.
Jeffrey Sachs, Paul Krugman y otros economistas con vena humanista insisten desde hace días por televisión, en entrevistas y en sus artículos en que asistimos a una catástrofe que afectará a una generación entera. Los hambrientos no estudian, se enferman, pierden de por vida capacidades que sólo se garantizan con una alimentación completa a edad temprana. El hambre provoca daños irreversibles en millones de niños, según los analistas. Las instituciones internacionales afirman tienen nombre y ubicación para estos primeros afectados: son los palestinos de la Franja de Gaza, los ciudadanos de Darfur, Sudán (ambos en zonas de guerra), y los maltratados de toda la vida en el Caribe, los haitianos. La siguiente lista de países ya está armada, también: se reportan movilizaciones y daños entre los más pobres -por el aumento de precio y por la escasez de alimentos- en Bangladesh, Sudáfrica, Nigeria, Senegal, Camerún, Burkina Faso, Marruecos, Mauritania, Costa de Marfil, Egipto y Yemen. Algunos analistas agregan a México en esta última categoría.
Y no se ve que los países desarrollados tengan prisa. Aún cuando la tortuga de las Naciones Unidas ya dio dos o tres pasos, no se ha hablado de un compromiso con la hambruna. Bush anunció que dedicará 200 millones de dólares a la asistencia alimentaria… mientras se gasta 2 mil millones de dólares diarios en su guerra contra Irak. Qué bonito. Muy bonito.
La idea de progreso
Vietnam, Egipto, Tailandia e India, entre los mayores exportadores de arroz en el mundo, anunciaron que restringirán su venta para garantizar el abasto doméstico. Desde enero de 2008 hasta la fecha, el arroz aumentó 43 por ciento, obvio. Y mientras el precio del petróleo encarece más la generación y transportación de alimentos, países como Brasil y Estados Unidos están produciendo cada vez más biocombustibles y aceites del maíz, agudizando la crisis. En octubre de 2007 nadie quiso hacer caso a las reflexiones de Fidel Castro; apenas publicaron sus declaraciones cuando denunció que se estaba arrebatando el alimento de los más pobres para llenar los tanques de los autos del Primer Mundo. Entonces todavía se podía hacer algo.
La hambruna es un problema de seguridad internacional, y hasta ahora parece prestársele importancia. Imagínese a las masas de hambrientos inconformes. Se calcula que los países desarrollados requieren sustituir con biocombustibles un 20 por ciento de la necesidad de productos petroleros. Si se lanzan en pos de este objetivo, se deberán dedicar millones de toneladas de maíz, soya y trigo, lo que dejará a millones de personas sin alimentos. Un litro de bioetanol chupa cuatro mil litros de agua. Entonces la crisis será alimentaria y de agua.
Pero en eso no pensaba cuando saqué el auto para ir al centro comercial. En eso no pensarán, seguro, millones de ciudadanos del Primer Mundo a los que les vale lo que otros padezcan, siempre y cuando funcionen sus aires acondicionados y sus hummers. El Banco Mundial calcula que unos 100 millones de personas en el mundo acabarán en la extrema pobreza (con menos de un dólar al día) por el aumento de los alimentos. China está empezando a pagar el precio por su crecimiento económico: sus reservas de granos se agotan, junto con las de decenas de naciones pobres del mundo.
La idea de progreso se ha desvirtuado. Creemos que el progreso está en más edificios y carreteras espectaculares; internet, televisión y celulares a pasto. O en viajes a Marte o en bombas inteligentes. No es así. Hace agua cualquier avance en democracia y libertad, hace agua el progreso del hombre si mantenemos esta dependencia inmoral a los combustibles y al consumismo desbordado. De qué sirve su iPhone o que los genios de la genética clonen una cabra o una chiva, si en este momento hay gente que muere de hambre. De qué sirven.
La próxima vez que nos pensemos “modernos” y progresistas dediquemos un minuto al réquiem del humanismo, que es un réquiem por nosotros mismos. Cada vez que pisamos el acelerador, pensemos en que millones de personas -como nuestros hijos, nuestras madres o nuestros abuelos- duermen, si es que duermen, con el estómago vacío. Y así morirán. A ver a qué nos sabe sentirnos tan sabrositos, con el aire acondicionado a todo volumen y las ventanas del auto abiertas. A ver a qué nos saben nuestras vidas, tan cómodas frente a computadoras, post-its y sacapuntas eléctricos.
Con el asesinato de Benazir Butto, Estados Unidos y Occidente han perdido una batalla en la llamada “última frontera” de la lucha contra el terrorismo. PUBLICADO EN DÍASIETE
Dejadme entonces ser un mártir,
morando en un elevado
paso de montaña
entre una banda de caballeros que,
unida por la devoción a Dios,
desciende para enfrentarse
a los enemigos.
–Osama bin Laden
Las últimas administraciones federales de Estados Unidos cometieron costosísimos errores de cálculo con Osama bin Laden. Y el precio lo viene pagando, desde hace tiempo, tanto el pueblo norteamericano como una buena parte del mundo. El más célebre de los desaciertos es haberse embarcado en la guerra de Irak, descuidando el frente afgano-pakistaní y, consecuentemente, la persecución del terrorista saudita. El menos publicitado es ignorar sus primeras amenazas: Osama ya publicaba manifiestos antes del 29 de diciembre de 1994, cuando dio a conocer “La traición a Palestina”, el primero de una serie de comunicados, shuras y/o cartas dirigidas a una audiencia global, como reseña la notable compilación de su pensamiento hecha por Bruce Lawrence en Mensajes al mundo (Foca, 2007).
Pero de los errores cometidos por Estados Unidos, coinciden varios analistas, el peor fue dejarlo sin patria; haberlo forzado a regresar, clandestinamente, a la región entre Afganistán y Pakistán en donde está escondido hoy, según los informes de inteligencia más confiables (leer: “Una cueva en Tirich Mir”, en www.alejandro-paez.net). Bin Laden salió en 1991 de su país, Arabia Saudita, luego de mostrar su inconformidad por la llegada de tropas estadounidenses a regiones consideradas sagradas por el Islam; Washington las había enviado un año antes para repeler al ejército de Sadam Husein, que había invadido Kuwait. Osama se exilió en Sudán, y allí vivía como empresario constructor, hasta que en la primavera de 1994 le fue retirada la ciudadanía saudí y luego Estados Unidos y Egipto presionaron a las autoridades sudanesas para que lo corrieran.
Así fue que el terrorista más buscado del mundo, sin patria, fue obligado a refugiarse en la región más peligrosa del mundo… en donde en el pasado había participado de la resistencia contra los soviéticos, y en donde después tuvo la oportunidad, el tiempo y la seguridad suficientes para planear los atentados que lo hicieron famoso: los del S-11.
Con el asesinato de Benazir Butto en diciembre pasado, Pakistán se ha vuelto el mayor foco rojo del planeta. ¿Y por qué debería importarnos? Porque, con sus 30 mil madrasas (escuelas del Corán) y sus 500 mil talibán o estudiantes, es –sólo le compite, ahora, Irak– la más grande escuela de islamistas radicales del mundo. Porque es la primera frontera de Occidente en la lucha contra el terrorismo. Porque un Pakistán inestable significa el peor fracaso en la política exterior norteamericana (George W. Bush apuntaló al dictador, Pervez Musharraf, sólo porque servía a sus planes). Porque el país tiene armas nucleares y colinda con tres racimos de granadas: Afganistán, China e India. Porque allí se esconde, se dice, la inteligencia de Al Qaeda y por lo menos uno de los dos dirigentes de la organización: Osama, o su segundo, el doctor Ayman al Zawahiri.
Cuestión de semántica
El problema con la guerra contra el terrorismo, declarada por George W. Bush 12 horas exactas después del S-11, es definir “el triunfo”, como resume de manera brillante Philip H. Gordon en su libro Ganando la guerra correcta (Times Books, 2007). Durante el siglo xx, Estados Unidos ganó –cuando ganó, remember Vietnam– derrotando a sus enemigos en el campo de batalla o forzándolos a aceptar sus términos políticos. Dos ejemplos: la Segunda Guerra Mundial y la Guerra Fría. Ciertamente “todas las guerras terminan”, recuerda Gordon. La afirmación está sobrada de profundidad, por más boba que parezca. Pero cuando estemos frente a “el triunfo”, ¿cómo se verá? Ahí está el detalle. Según Osama bin Laden y sus aliados, será cuando se establezca un califato que agrupe a los estados musulmanes, como Arabia en tiempos del Profeta Mahoma. Para Occidente, sin embargo, no hay una respuesta tan contundente: el fin de la guerra ¿implica que se ha vencido a todos los terroristas?, ¿que ha impuesto a los derrotados sus ideas religiosas, políticas y/o de gobierno?, ¿que se ganaron las mentes y el corazón –la aceptación– de los musulmanes?
Cualquiera de las tres opciones son un sueño idiota bajo las actuales condiciones. Digamos que la causa yihadista ha ganado aceptación, por los errores históricos de Occidente en la región y, específicamente, por las innumerables metidas de pata de la administración Bush en los últimos tiempos. Ni siquiera en Afganistán o en Irak, en donde Washington interviene directamente, se ven avances. No se ve claro cómo lograrán la extinción de la insurgencia, o la aceptación, o la imposición de sus ideas políticas.
Y en este escenario está, ahora, un Pakistán sin control, la escuela de célebres guerreros islamistas –sólo comparable con el Egipto que dio origen a Sayyid Qutb–, cuna de la yihad en los últimos 40 años.
Lección desde Chechenia
En los años 90, en Chechenia, un movimiento yihadista alimentado con muyahidines extranjeros de Al Qaeda pero mayoritariamente en manos de radicales locales, fue tomando fuerza por las inercias centrífugas de la retirada soviética de Afganistán y por la posterior desintegración de la URSS. Este grupo se oponía a Moscú, exigía independencia y el establecimiento de un estado islámico “en la tierra de los dos ríos”. El mundo recordará con horror por lo menos un episodio, el del primero de septiembre de 2004, cuando en Beslan, Georgia, un grupo terrorista tomó una escuela y dos días después se autoinmoló, provocando 335 muertos (156 de ellos niños), unos 200 desaparecidos y cientos de heridos.
El periodista Yossef Bodansky publicó hace unos meses La Guerra Chechena (Harper Collins, 2007), en el que hace un impresionante recuento de aquel conflicto. Concluye con que este frente olvidado producirá, en el futuro, nuevos dolores de cabeza a Occidente, con énfasis en Rusia y Estados Unidos. En los detalles, narra la manera contundente con la que el gobierno de Vladimir Putin hizo pedazos a los terroristas, con una combinación de alianzas locales, inteligencia militar y brutalidad. Entre el 10 y el 11 de julio de 2005, los cabecillas de este movimiento fueron despedazados por un po-tente explosivo detonado a control remoto. Y desde entonces, poco se ha sabido de esta jihad. Se supone que hay células terroristas dormidas. Pero muy dormidas, porque el golpe fue contundente.
Se entiende en el texto de Bodansky que en este caso fue posible exterminar a los líderes enemigos, y desconectar a los restantes de la red global de Al Qaeda y de otros grupos que les proveían equipo, explosivos, entrenamiento y gente. Sin embargo, aunque quisiera, Estados Unidos está imposibilitado para repetir la experiencia. Irak es hoy un semillero de terroristas; Afganistán sigue siendo un foco de resistencia. Y está Pakistán, en donde la descomposición alimenta no sólo a los osamas, sino también el sentimiento de rechazo de los civiles por Occidente y por sus fórmulas y sus tratos, que no garantizan bienestar, estabilidad, libertad.
Pakistán es la última frontera en la guerra contra el terrorismo. Pero cada vez es más parecida a las trincheras de la Primera Guerra Mundial, en donde se vivía una especie de “guerra fría” con cuerpos putrefactos y francotiradores: ni para adelante, ni para atrás… Aunque después del asesinato de Butto y la posposición de las elecciones, muchos creen que Occidente ha perdido allí una guerra por adelantado. Aunque todavía no lo sepa, o lo reconozca.
Desde Vancouver, Canadá, en donde vive con permiso de trabajo (que no asilado), Napoleón Gómez Urrutia acusa a Vicente Fox Quesada, a su esposa Martha Sahagún y a ex funcionarios federales de primer nivel de haberse dejado comprar por los empresarios del sector minero y metalúrgico de México, del cual es dirigente sindical. Fueron ellos, dice, y uno de los hombres más ricos del país: Germán Larrea, los que lo obligaron a dejar el país en secreto para acogerse en los brazos de uno de los sindicatos más poderosos del mundo: el de los Steel Workers. Gómez Urrutia habla con Día Siete sobre su exilio, las acusaciones que todavía tiene en su contra y las que ha librado, y sobre los intestinos de una lucha de poder –en la que se juegan vidas y millones de dólares– entre empresas, sindicato y gobierno. Y anuncia: volveré… PUBLICADO EN DÍA SIETE
VANCOUVER. Napoleón Gómez Urrutia llegó solo a la cita, en una camioneta de marca americana. Como en casi la mayoría de sus fotos de 2001, 2002, vestía de negro, con camisa blanca y sin corbata. Prófugo de la justicia en México, en Canadá se le nota relajado. No despreocupado; relajado. Porque razones tiene para preocuparse, muchas: aunque se ha sobrepuesto legalmente a acusaciones como lavado de dinero, está por resolverse, dice, la que le fincó la administración Fox por un supuesto desvió de 55 millones de dólares. Él está convencido de que ganará la causa, y manda un mensaje: que pronto regresará a México. Así lo dijo. Y puso fecha.
Curiosa situación la de Gómez Urrutia, un regio nacido en 1944 que llegó a ser director de la Casa de la Moneda. Si no fuera por la cantidad de gente poderosa y de intereses multimillonarios que rodean su caso –intereses de Estado, incluso–, cualquiera diría que está exiliado por un malentendido o por un chisme mal contado. Vea: Una fuente del más alto nivel de la embajada de México en Vancouver dijo al reportero que no se tiene instrucción de dar un “seguimiento particular a su caso”. Qué, ¿no era (o es) “buscado” hasta por “la Interpol”? Qué, ¿no fue el gobierno federal el que pidió su extradición a Canadá, como se dijo? El mismo Napoleón comenta que vive en el país del norte con visa de trabajador. Es decir, que no fue necesario el asilo político, como se ha mencionado. Está aquí, y parece que bien protegido, por las gestiones, entre otros, de uno de los sindicatos más poderosos de Norteaméri-ca: el de los trabajadores del acero, los legendarios Steel Workers… hasta donde, parece, no pueden alcanzarlo ni el gobierno de México, ni uno de los grupos de hombres de negocios más poderoso del país, muchos de ellos agrupados en Televisa o en Vamos México, la fundación de Martha Sahagún.
No es un individuo fácil de entrevistar. Primero, porque no puede ocultar su desconfianza –aunque no la expresa– por los periodistas. Porque está en el “exilio forzado” y durante un largo tiempo tuvo que, literalmente, esconderse. Y porque vive pegado a más de un celular que carga consigo, y a través de los cuales mantiene contacto, desde el congelador, con cuatro de sus muchos frentes en estos días: el Sindicato Nacional de Trabajadores Mineros, Metalúrgicos y Similares de la República Mexicana, sus abogados, los sindicatos de varios países –algunos de los cuales lo protegen– y su familia, que va y viene de un país a otro.
Durante la entrevista, el economista con posgrados en las universidades de Oxford y de Berlín habla intensamente sobre Germán Larrea Mota Velasco, uno de los hombres más ricos del país (con una fortuna que ronda los mil millones de dólares), miembro del club que agrupa Forbes en su lista anual, presidente de Grupo México y un enigmático individuo que posee intereses en todo el país y del que existen, se dice, una o dos fotos. Lo señala como el que le armó, junto con otros empresarios y funcionarios del foxismo, el “complot” que lo tiene en el exilio. Por la gravedad de las acusaciones (incluso de asesinato), Día Siete buscó por dos vías una entrevista con Germán Larrea para que diera su versión de los hechos; al cierre de esta edición nadie había respondido a la solicitud.
Napoleón define a Larrea, su Lex Luthor –o su Supermán, según se vea–: “Es un niño bien, que nunca tuvo nada que ver con la minería. Él era el jefe de la cava de vinos de su papá, porque a su padre, que era un empresario minero, le gustaban mucho los vinos y lo mandaba a comprar cosechas de vinos a Europa. […] Un hombre que fue devaluado por su padre. Que fue ofendido y lastimado”.
El dirigente explica también lo que, a su parecer, esconde el pleito entre el sindicato que dirige, una parte de los empresarios del sector y el gobierno federal, principalmente con el foxismo. Afirma que Larrea hizo aportaciones a Vamos México de Martha Sahagún, y a otras causas del ex presidente Vicente Fox. Por eso, sostiene, el empresario tuvo del cuello a la administración federal y pudo exigirle que actuara en su contra. Además, acusa, funcionarios de primer nivel del foxismo recibieron dinero de éste y de otras empresas del sector. Eso dice.
Y algo habrá de razón: en el directorio de Vamos México aparecen Gilberto Perezalonso Cifuentes y Francisco Javier Soni Ocampo, ambos de Grupo México, en el Comité de Vigilancia. Según la denuncia del 23 de febrero de 2006 del diputado federal José Antonio Almazán, Fox y su esposa se obsesionaron con destituir a Gómez Urrutia por los intereses creados con estos hombres de negocios: “Entre los propietarios de esta mina, en el consejo de administración de Grupo México, se dan cita personajes como el que fue ex gobernador y ex presidente de Televisa, Miguel Alemán Velasco; también participaron o participan en el consejo de administración de Grupo México Luis Téllez Kuenzler, Valentín Díaz Morodo, Claudio X. González, Antonio Madero Bracho, Rómulo O’Farril junior, Prudencio López y Juan Gallardo Thurlow”. Según el legislador, Diez Morodo, quien aparecía como asociado honorario de Vamos México, es presidente del Grupo Nevadi Internacional, una empresa perteneciente al Grupo México. Perezalonso Cifuentes es parte del Consejo de Administración de “una empresa que se conoce como Southerm Coper, que en realidad pertenece, como subsidiaria, al Grupo México en Perú”. Y de Soni Ocampo dijo que es socio de Price House Coopers, empresa que realiza toda la auditoría contable del mismo Grupo México.
Día Siete verificó varios de estos datos; algunos se pueden comprobar todavía en la página de Vamos México, aunque la mayoría fueron retirados de la red hace pocos meses, como la lista de aportaciones.
Complot o no, lo cierto es que miles de trabajadores mantienen hasta hoy y desde hace casi cinco meses una huelga en las minas de Taxco, Guerrero; San Martín, Zacatecas, y Cananea, Sonora, del Grupo México. Y no se ve para cuándo puedan regresar a sus empleos. El sindicato no cede; la empresa tampoco y el gobierno de Calderón, en una especie de “limbo”, parece no tener prisa alguna por meter las manos.
Podría ponerse como fecha de inicio de este conflicto el 19 de febrero de 2006 a las 2:30 de la mañana, cuando la mina de Pasta de Conchos, en Nueva Rosita, Coahuila, cobró la vida de 65 mineros que quedaron atrapados dentro de un túnel de 1.6 kilómetros. Desde entonces empezó la cruzada del gobierno de Fox y del Grupo México contra Gómez Urrutia, hasta su destitución, el 17 de febrero de 2006. Justo un año y dos meses después, en cumplimiento de un mandato judicial, la Secretaría del Trabajo y Previsión Social tuvo que restituirle el cargo, luego de que se comprobara que la llegada de Elías Morales a su lugar se había concretado con falsificación de firmas. De eso y más se habla en esta entrevista.
Gómez Urrutia no contestó dos preguntas: cuánto gana como líder sindical y cómo vive, es decir, cómo es la casa en la que pasa su exilio. “Por razones de seguridad”, argumentó. De lo demás, fue abriendo su propio expediente en esta entrevista para Día Siete.
Leí en algunas notas de prensa que Usted tiene un BMW con placas de Jalisco, que vive en una zona muy bien ubicada en Vancouver, que es vecino de Pamela Anderson. ¿De qué manera vive Usted aquí?
Desde un principio diseñaron una campaña sucia y perversa para desprestigiar, para calumniar. Inventaron toda una sarta de mentiras que merecerían demandas penales. Es una mentira total. No tengo ni he tenido jamás en toda mi vida un BMW, ni blanco ni de ningún color y menos con placas de Jalisco y menos aquí. Eso lo hicieron para querer asociarme a cuestiones delictivas y eso es una mentira. Vivo de una manera modesta. Es mentira también que vivo en lugares de lujo. Vivo en un departamento de dos recámaras y una pequeña biblioteca, chiquita, una oficina que es la que uso para todas mis comunicaciones fuera de Vancouver.
Cuénteme de su familia. ¿Ellos van y vienen? ¿Cómo ha sido todo este tiempo en el exilio?
Mi esposa está conmigo. Uno de mis hijos también vive acá; está casado. Y los otros van o vienen, y tenemos además, aprovechando la tecnología, los sistemas de comunicación permanente a través de videoconferencias, un sistema interactivo. Esto nos ha permitido mantener una comunicación muy estrecha, familiar y personal.
¿Cómo dirige el sindicato?
Bueno, yo diría de cuatro o cinco formas. Una es este sistema de videoconferencias: me enlazo con el Comité Ejecutivo Nacional, con el Consejo General de Vigilancia y Justicia y con todas las secciones sindicales del país. Tenemos nuestras asambleas; es un sistema interactivo que ellos proyectan en una pantalla grande y, bueno, pues dan sus puntos de vista, y estoy prácticamente como si estuviera en estas reuniones. Luego está el sistema de correos electrónicos constantemente. Desde muy temprano por la mañana inicio el intercambio de comunicación con mis compañeros en los asuntos más importantes, en información delicada, en información de prensa. Tenemos las conferencias vía telefónica y por radio. Tengo varios sistemas de comunicación, o sea, varios aparatos con los que lo puedo hacer. Y sobre todo tenemos las visitas frecuentes. Vienen mis compañeros, dirigentes sindicales, nos reunimos, planeamos, hacemos alguna estrategia para continuar las actividades. Y vienen, algo muy importante, empresarios. Porque esta persecución política en contra mía, y esta situación en la que me han obligado a estar fuera del país, en este exilio forzado, como yo le llamaría.
Su papá [Napoleón Gómez Sada] dirigió 40 años el sindicato; Usted viene de Casa de la Moneda, tiene estudios en el extranjero. De alguna manera tiene una cierta educación liberal. Una formación en el mercado abierto, de libre competencia. Lo que no checa es la herencia del sindicato. Como que no es muy moderno eso, ¿o sí?
Es que eso es un error y es parte de esa confusión que deliberadamente ha creado el gobierno de la República, el gobierno de Vicente Fox, y también las empresas Grupo México y Grupo Villacero, principalmente. En el sindicato no hay herencia, los sindicatos no se heredan. Hay cerca de 300 mil miembros a nivel nacional. ¿Cómo se puede heredar un sindicato? Eso es una mentira total. Sería una falta de respeto a la inteligencia de los trabajadores, pensando que son borregos: “te regalo esto y ya”. No son empresas. Las empresas se heredan, los puestos públicos se heredan. Los sindicatos no: los eligen los trabajadores y más en un sindicato nacional verdaderamente democrático como es el de mineros. Entonces eso es una forma también de querer desacreditarnos. Los trabajadores son electos en asamblea para ser delegados a una convención nacional, una asamblea democrática. Esta última convención nacional incluso la hicimos con presencia de inspectores de la Secretaría del Trabajo en cada una de las asambleas. No lo necesitamos, pero aceptamos, para demostrar la transparencia y la política democrática del sindicato que siempre se ha seguido. Se eligen delegados a la convención, se va a la convención, y la convención tiene sus propias reglas y es la única que puede designar funcionarios sindicales. Pero aún en el peor de los casos, vamos a suponer que alguien podría pensar que se hereda [el puesto]. No, los sindicatos no se heredan y menos en nuestro caso. Es un sindicato muy democrático. Los trabajadores deciden.
Su papá dura 40 años y luego llega Usted. ¿No da eso pie a..?
…Bueno, puede sonar extraño, pero yo crecí, nací en un sindicato nacional por razones familiares. Y además, porque la gente no está acostumbrada, y menos los que nos atacan, los enemigos del sindicalismo emergente, que ha tenido la oportunidad de educarse, de prepararse. Yo siempre estuve en escuelas públicas. Yo soy un economista graduado con mención honorífica de la Universidad Nacional de México. Tengo estudios de posgrado gracias a una beca del gobierno británico, del Consejo Británico, para estudiar en Oxford, Inglaterra, a nivel de maestría y doctorado. Pero eso es un privilegio. Mi compromiso ha sido con los trabajadores y sus familias, y toda esta capacidad y experiencia profesional que adquirí en mi tiempo de profesor universitario, de conferencista y de funcionario público, pues ahora está al servicio de ellos.
Quisiera insistir en un punto poco claro: Se ha publicado en algunos medios que Usted y sus hijos tienen propiedades en varias partes del país…
No.
…Que las han comprado incluso en los últimos años…
No, esa es una mentira. Es parte de esta misma campaña sucia y perversa para desacreditarnos. Lo que hicieron cuando inventaron todas estas acusaciones fue utilizar propiedades de amigos, de familiares, de cualquiera, de familias decentes, de todos lados que pudieran tener una propiedad y la quisieron asociar o poner a nombre de alguno de mis hijos. No es así. Cada uno de mis hijos tiene una casa pequeña y modesta en Monterrey que es donde viven y yo tengo dos casas, y lo he dicho públicamente, una en la Ciudad de México y otra en Monterrey desde hace más de 30 años. Entonces es una mentira. Fueron a catear casas de personas que no tenían nada que ver. Por ejemplo una que uno de mis hijos había rentado durante algún tiempo. Llegaron ahí y ya la había dejado, fueron y de pronto catearon a una casa y a una familia que no tenía ni la menor idea de qué estaba sucediendo. Con una prepotencia, con camionetas y un despliegue policiaco y los medios de comunicación por delante: Televisa, Reforma, Norte y todos estos periódicos. Es una mentira. No tienen forma de probar nada porque no es cierto.
El periodo de Fox es muy duro para su sindicato. Y Elba Esther Gordillo brinca del PRI al foxismo y del foxismo, con una fuerza inaudita, a Felipe Calderón. ¿Qué es lo que sucedió? ¿Cómo se dio esa ruptura?
Con Vicente Fox se inició una relación respetuosa los primeros cuatro años. De hecho, él asistió a inaugurar nuestra Convención Nacional Ordinaria del Sindicato de Mineros en el año 2002, cuando fui electo secretario general. En el año 2004, por cierto, hay muchas fotografías y videos de esa convención en donde a un lado de Vicente Fox está Carlos María Abascal Carranza, entonces secretario del Trabajo y yo al lado derecho de Fox, como secretario general del sindicato nacional de mineros, y a mi derecha está Felipe Calderón como secretario de Energía. Siempre una relación cordial. Y recuerdo un comentario que me hizo Felipe Calderón que no he mencionado, porque fue el día 2 de mayo, al día siguiente del primero de mayo, Día del Trabajo, cuando hubo muchas manifestaciones en protesta contra el gobierno de Vicente Fox por el desempleo creciente, por la carestía de la vida y por muchas otras circunstancias. Y hubo protestas y agresiones muy fuertes. Felipe Calderón me comentó que qué respetuosos estaban los trabajadores, que qué unidad y qué fuerza se veía en el sindicato y que no le habían faltado al respeto al presidente como la CTM y otras organizaciones. Hasta le llegaron a apagar la luz en alguna convención. Yo le contesté: “El sindicato es de personas leales, unidas y responsables, y nosotros no invitamos a nuestra casa a nadie para ofenderlo, y menos al presidente de la República”. Me dijo: “Pues te felicito, es un acto muy bonito”. Había hasta una manta grande, todavía en 2004, de apoyo a Vicente Fox.
¿Qué es lo que sucede?
En 2005, cuando las empresas, Grupo Villacero en particular, se negaron a revisar los contratos colectivos de manera adecuada y otorgar los incrementos en salarios y prestaciones que los trabajadores querían, nos fuimos a un movimiento de huelga, y una huelga que se prolongó por más de 40 días, y Grupo México estaba en circunstancias similares, porque ha sido siempre una empresa represora de los trabajadores, con pésimas condiciones de seguridad. Entonces estas dos empresas, que fueron los principales promotores de este ataque al sindicato y en contra mía, seguramente le exigieron al presidente Fox, por lo que habían aportado y donado y que ellos presumían abiertamente para el financiamiento de su campaña para llegar a la presidencia de la República.
¿Cómo lo financiaron?
Seguramente aportaciones que hicieron, como también hicieron muchas a la fundación Vamos México, presidida por Martha Sahagún.
En particular Germán Larrea…
En particular Larrea. En particular Julio, Sergio, Pablo Villareal Guajardo, del Grupo Villacero.
Hicieron aportaciones directas. Entonces se sentían como que podían demandarle al presidente que actuara en contra suya, dice.
Totalmente. Para ellos yo era un líder incómodo, porque no podían manejarme a su antojo como hubieran querido hacer con el Sope Morales y con cualquiera de eso líderes a su servicio, prácticamente por unas migajas, porque eso es lo que otorgan, para convencerlos de aceptar eliminar bonos de productividad, eliminar cláusulas y prestaciones de los contratos colectivos, vender los contratos colectivos que a eso es a lo que están acostumbrados esos. Son unos hampones sindicales. Son unos verdaderos gangsters que se han dedicado a eso. Ellos los financiaban y los pagaban desde mucho tiempo atrás, y tenían un subsecretario del Trabajo, Emilio Gómez Vives, el más corrupto del sector público que siempre se prestó a servirle al Grupo México y al Grupo Villacero.
¿Por qué corrupto? Oriénteme.
Era un extorsionador del sindicatos y de empresas. En las revisiones de contrato colectivo le exigía a las empresas dinero porque eran las únicas dos que pedían que las revisiones de contrato se efectuaran en la Secretaría del Trabajo en ese momento. Ninguna más se celebraba ahí, se celebraban en el sindicato. De buena voluntad, en buen plan, una vez que se llegaba a un acuerdo se formalizaba en un convenio ante la Secretaría del Trabajo, pero él era al único al que pedían Grupo México y Villacero que se celebraran las conversaciones y las negociaciones allá, porque él lo ponía como condición para exigirle dinero al Grupo México, prestaciones y regalías.
¿Dinero para él? O llegaba más lejos…
Pues eso no lo sabemos. Pero es muy factible pensar que podía llegar más lejos. De él se ha dicho que tiene la colección de autos privada más grande de todo México, la tiene guardada allá en Jalapa, Veracruz. Se conocen muchas cosas de él. Y a los sindicatos les exigía cosas también en plan de extorsión. Tenía a un aliado dentro de la Secretaría a nivel de subsecretario, probablemente a otros niveles también, y presionaron al gobierno de Fox para que actuara en contra del sindicato: eliminar a un dirigente sindical, o a una dirigencia sindical que les estorbaba porque estábamos luchando y habíamos obtenido, y hemos obtenido en los últimos cuatro años –aún en estas condiciones– incrementos salariales promedio de un 10 por ciento entre salarios y prestaciones que ningún sindicato nacional ha obtenido, y lo podemos comparar y revisar.
¿Quiénes se reunían?
Se reunía el Grupo México, Grupo Villacero, los funcionarios de más alto nivel de la Secretaría del Trabajo, el presidente de la Junta Federal de Conciliación, un subsecretario de Gobernación que enviaba Carlos Abascal que se llama Felipe González y que había sido gobernador de Aguascalientes; se reunía Fernando Canales como secretario de Economía y habían invitado incluso a otras empresas a participar. Pensaron que sería muy fácil. Y créame que en su ignorancia total de lo que es el funcionamiento y la historia del sindicato minero pensaron que iba a ser muy fácil y que en menos de 15 días imponían un dirigencia, destruían al sindicato, los líderes o huyendo o en la cárcel o lo que hubiera sido, y se acabó.
¿Había dinero ahí? O sólo ganas…
Claro. Yo creo que hay una complicidad terrible. Fue un gobierno muy corrupto y ahí están las pruebas, las acusaciones que todos los días se están probando en contra de él [Vicente Fox] y su familia. Nosotros hemos dicho en el Sindicato Nacional de Mineros que en México se creó una verdadera delincuencia organizada al más alto nivel del poder económico y político del país y la integraban Germán Larrea Mota Velasco, del Grupo México; los hermanos Villareal Guajardo, del Grupo Villacero; Francisco Javier Salazar y su hijo, que también era presidente de la Comisión Nacional Reguladora de Energía, que fue el que le dio la concesión de explotación del gas metano a Grupo México después de la tragedia de Pasta de Conchos. Es una vergüenza nacional que después de una tragedia donde no dieron la cara ni Fox ni Larrea, todavía les den un negocio adicional de más de 500 millones de dólares por año. La tragedia fue un negocio. Su yerno, que era el delegado, Pedro Camarillo, el delegado de la Secretaría del Trabajo en el estado de Coahuila y que permitía que no hubiera inspecciones y que la empresa se saliera con la suya en las condiciones de seguridad en la mina; Carlos María Abascal Carranza. Todo este grupo, seguramente Cabeza de Vaca, el ex procurador. Rubén Aguilar, el vocero presidencial, por favor, una vergüenza.
A Usted lo apoya una base de sindicatos internacionales. Pero hay un momento en el que dice: “Soy perseguido, ahora sí tengo que irme de México”. Y se viene a Vancouver. ¿Cómo es ese momento?
Bueno, en primer lugar yo no vine directo aquí. Pero déjeme decirle. Y además ahí está la evidencia, están las declaraciones del gobernador [de Coahuila] Humberto Moreira. Después de la tragedia de Pasta de Conchos, nosotros protestamos como lo veníamos haciendo por años por las pésimas condiciones de seguridad en esa mina, y cuando sucede la tragedia y 65 compañeros mueren, de los cuales todavía 63 están sepultados, nosotros acusamos a la empresa de haber cometido un “homicidio industrial”, y eso les molestó muchísimo. Comienzan las agresiones, comienzan las amenazas, incluso de muerte; llamadas anónimas telefónicas, correos electrónicos y la instrucción que pretende darle Fox al gobernador Moreira para que detenga y arreste a los líderes sindicales y, en particular, a mí. A la respuesta de Moreira sobre qué cargos, él dice: “Pues si no hay, invéntalos”. ¿Cómo un presidente de la República puede pasar por encima de todo el sistema legal y judicial en todo el país? Es una vergüenza. Moreira lo cuenta. A un año de la tragedia lo contó. Pero nosotros ya lo sabíamos. De alguna manera esa información se filtra. Entonces en ese momento, cuando se viene toda esta presión y las amenazas, mis compañeros dirigentes sindicales nacionales y los compañeros dirigentes sindicales de Coahuila recomiendan que salga del país temporalmente en lo que vemos qué sucede, porque, obviamente, seguían las agresiones muy fuertes y la persecución política. Yo consulto con los dirigentes, amigos nuestros, de los Steel Workers de los Estados Unidos y Canadá. Lo comento también con el presidente, el secretario general de la FITIM, la Fede-ración Internacional de Trabajadores de las Industrias Metalúrgicas, y al que nosotros no sólo pertenecemos como sindicato, sino
que yo soy un miembro del Comité Ejecutivo a nivel mundial. Y recibo un gran apoyo. De decir: “No, no te expongas, no expongas al sindicato, quieren destruirte y acabarte, a tu familia, a los dirigentes sindicales y a la propia organización”. Entonces decidimos salirnos, pero fue por esta persecución, por esta agresión.
¿Cómo es la salida? ¿Por dónde sale?
Bueno, no la he contado y prefiero reservar algunas cosas. Pero obviamente fue muy tranquila, muy sencilla. Primero, la realidad es que salimos hacia Estados Unidos. Todo mundo especulaba que si estábamos en Monterrey en un rancho, en Coahuila, en Estados Unidos, en España, en Londres. Después, por recomendación de nuestros abogados, de los propios Steel Workers, pensamos que era mucho mejor Canadá. Inicialmente estuvimos en la otra parte de Canadá, en la parte de Otawa, Toronto y Montreal, porque Canadá es un país que respeta mucho los derechos humanos, tiene un sistema y un estándar para la aplicación de la justicia muy elevado. Aquí no se prestan a este juego de inventar sobre las rodillas acusaciones e ir a detener a las personas. Y entonces los abogados por eso recomendaron, para mayor seguridad jurídica, estar en este país. Y fue importante por todos estos inventos. Y ahora regreso a lo de Rubén Aguilar, que decía todos los días en la prensa que habían solicitado mi extradición y que la ficha roja. Puras mentiras. Nunca solicitaron mi extradición. No es cierto, no podían porque no tenían elementos.
A usted se le acusaba de lavado de dinero; esa acusación quedó sin fundamentar; después, con firmas falsas, intentan sacarlo del sindicato. Eso que está publicado en la prensa es cierto, ¿verdad?
Totalmente.
Pero tiene un pendiente: 55 millones de dólares que dicen que Usted y 27 colaboradores habrían desviado a diferentes bancos. ¿Qué pasa con esos 55 millones? ¿En dónde están?
No ha habido ningún delito que perseguir y eso ha estado probado amparo tras amparo que se ha ganado. Fueron parte de toda esta conspiración y ataques. Por supuesto que no ha habido ningún desvío de dinero. Nunca lo hubo. No ha habido un peso desviado. Lo dijo desde el principio, y lo ocultaron, la Comisión Nacional Bancaria de Valores en su dictamen y en su resolución.
¿En dónde está ese dictamen?
Lo tienen nuestros abogados.
¿Y por qué si es tan importante no lo muestran?
Lo ocultó el gobierno federal. No, sí lo han exhibido en todos los juicios y lo han exhibido públicamente. Pero hay toda una campaña en contra en los medios para no publicarle al sindicato nacional nada. Está el dictamen de la Cámara de Diputados, está la auditoria que ordenó la FITIM, la Federación Internacional, una auditoría de un despacho internacional totalmente independiente. Pidió, solicitó a un despacho suizo independiente que audita gobiernos y empresas independientes, muy prestigiado, que hiciera una auditoría y nosotros lo permitimos. La autonomía sindical no nos obliga a nada de eso más que a rendirle cuentas a los miembros del sindicato, como lo hacemos conforme a los estatutos. Sin embargo, estuvimos abiertos. Se hizo la auditoría; duró casi 8 meses y finalmente las conclusiones están probadas, publicadas. El dictamen de los auditores internacional fue: no hay ningún peso desviado, esto es una persecución política nada más originada en todas estas causas que hemos comentado.
Usted habla de una persecución personal [de Larrea].
Es un hombre obsesivo. Es como decía, un psicópata. Es un enfermo de ideas fijas que busca destruir al sindicato.
¿Usted se ha reunido con él?
Yo me reuní muchas veces con él hasta hace 4 ó 5 años, cuando fue la última vez. Busqué por la vía de la negociación. Incluso algunas veces enfrente del secretario de Trabajo de entonces, Carlos María Abascal Carranza. Él es testigo, por cierto, de honor, y ha pretendido diluir eso, de cuando se firmó el convenio de los 55 millones de dólares, porque fue en su oficina. A la una de la mañana firmamos ese convenio. O dos de la mañana.
Abascal es testigo del convenio de los 55 millones…
Y él sabe. Eso se deposita en un fideicomiso para poder empezar a disponer la entrega de los recursos a los trabajadores que tenían derecho y que el sindicato pudiera recuperar todos los gastos en los que había incurrido, legales, de juicio, demandas, de viajes, de contratación de personal profesional, etcétera, durante 15 años, porque esta empresa no es fraudulenta, se negó a pagar esas acciones cuando se privatizaron en 1989 y en 1990; bueno, pues todo eso del fideicomiso se deposita en una cuenta especial que se abre a nombre del sindicato y siempre ha estado a nombre del sindicato. Todo eso que inventan son mentiras absolutas. De veras son de una perversidad inaudita.
Hábleme de Carlos Pavón, al que han llamado “El Mensajero”, que recibía pagos a sus cuentas. Era un personaje menor y de repente le aparecen 22 millones de dólares en sus cuentas, ¿qué no?
No, eso es mentira. No hay ningún millón de dólares, ni un millón de pesos en sus cuentas. Ni de Carlos Pavón, ni de ningún otro miembro del sindicato nacional.
¿En dónde están ahorita?
Están en cuentas congeladas. El gobierno las tiene. Ellos saben donde están. Lo hemos dicho y lo hemos publicado. No una, mil veces. Pero en fin, yo no me quisiera referir a eso porque ya nos cansamos de publicarlo y darlo a conocer. Lo que sí es importante es decir que no hay un peso desviado; están en las cuentas del sindicato que arbitraria e ilegalmente congelaron, porque son recursos del sindicato nacional minero de los cuales alcanzó a distribuir a los trabajadores que tenían derecho, más de 5 mil trabajadores, cerca de 23 millones de dólares. Mezclan las cuentas normales del sindicato con el fideicomiso, el fondo de 55 millones. De los 55 millones no hay ni un peso desviado y están ahí los resultados, ya le dije, de la auditoria internacional y de la Comisión Nacional Bancaria y de Valores. Y lo otro, son los pagos normales que hace un sindicato, como cualquier organización. Sacaban una cuenta en Suiza… Pertenecer a la federación internacional implica una cuota. La federación internacional tiene su sede en Ginebra, Suiza. Las cuentas están en Ginebra, Suiza. Se enviaba ahí y decían: nada, dinero desviado. O en Colombia, un sindicato en Argentina, que se pagaba alguna cuota. O sea, es absurdo, es increíble.
¿Quién es Germán Larrea? ¿Por qué lo…?
Sí le voy a decir: Es un niño bien, que nunca tuvo nada que ver con la minería. Él era el jefe de la cava de vinos de su papá, porque a su padre, que era un empresario minero, le gustaban mucho los vinos y lo mandaba a comprar cosechas de vinos a Europa. Ese era su trabajo en la compañía. Él personalmente me lo dijo y no lo puede negar. Porque además todo mundo lo sabe. De repente llega, hereda la empresa. Él sí la hereda. Todos los empresarios lo conocen y el gobierno lo conoce. Lo que pasa es que hay mucha hipocresía en este medio y nadie se atreve a hablar de quién es él. Un hombre que fue devaluado por su padre. Que fue ofendido y lastimado. Podría decir palabras feas, pero la verdad es que [no lo hago] por respeto. Lo insultaba todo el tiempo delante de sus amigos y lo devaluaba. [Larrea es] un hombre que crece resentido. De repente hereda esto y quiere cobrar venganzas. Y quiere cobrar venganza hacia los que cree más débiles, que piensa que son los trabajadores. Yo todavía le hice un llamado, y si publica esto lo va a recordar, porque se lo dije en su cara y no le gustó. Le dije, una de las últimas veces que nos reunimos: “Estás equivocado, Germán, con esta política de actuar en contra de los trabajadores y del sindicato. Deberían ser tus aliados, porque al final somos aliados en el proceso productivo y aportamos una parte muy importante. No hay tecnología ni máquina, por muy moderna que sea, que se mueva sola sin mano de obra y esa la proporcionamos nosotros. Deberías dejarte de problemas, de reprimir a los trabajadores, llevar una buena relación respetuosa y cordial. Disfruta tu dinero. Tu familia vale mucho”. Son cosas que le dije, pero no hace caso. ¿Qué le debe el gobierno a este señor para que continúe actuando en la impunidad? Porque no ha habido ningún castigado de Grupo México, ni por la irresponsabilidad y la negligencia de la explosión de Pasta de Conchos. ¿A qué le tenían miedo? Ni siquiera tuvieron la decencia, la vergüenza de ir a darle el pésame a los familiares y la solidaridad a los trabajadores. ¿Sabe cuánto hubiera costado haberse evitado la tragedia de Pasta de Conchos? Los expertos lo han dicho. Si Grupo México hubiera invertido entre uno y dos millones de dólares para crear un tiro inclinado alterno, desgasificar la mina y corregir todas las fallas que se venían reportando por años y que entre la complicidad de la Secretaría del Trabajo, sus inspectores, el yerno de este señor ex secretario y todos esos no realizaban; si hubieran invertido uno o dos millones de dólares se hubieran evitado la tragedia de Pasta de Conchos. Dicho por los expertos en seguridad, no hubiera costado más de eso. Grupo México en ese año de la tragedia, 2006, ganó más de seis mil millones de dólares. Seis mil millones de dólares y no invirtió uno o dos en cuidar la vida de sus trabajadores.
Grupo México lo acusa de, entre otras cosas, pedirle 80 millones de dólares, y que por eso tiene Usted paralizadas las plantas y desde el 30 de julio.
Bueno, qué poder me otorgan, ¿no? Que desde acá [Vancouver] yo pueda paralizar todo el sistema. Nosotros ni extorsionamos ni chantajeamos a nadie. Es más, nosotros no tenemos acuerdos con asesinos. Y ellos han asesinado no sólo a los 75 trabajadores de Pasta de Conchos, lo han hecho también con nuestro compañero Reinaldo Hernández, un trabajador, el 11 de agosto de este año (2007), en Nacozari, Sonora. Ahí donde los trabajadores que fueron despedidos injustifica
¡Que regrese Napo…!
Casi cualquier mexicano los ha visto. Son los spots de televisión que dicen: “Los trabajadores mineros queremos que regrese Napo… ¡pero los 55 millones de dólares que se robo!”.
Se difunden en los horarios de mayor audiencia, en Televisa y TV Azteca. Lo firman miembros de la Sección 11 de Santa Bárbara, Chihuahua, que está en una mina y planta de Grupo México.
Napoleón Gómez Urrutia afirma que él y su equipo calcularon, hasta diciembre pasado, más de 600 spots en la televisión que representan, a precios comerciales, unos 600 millones de pesos o 60 millones de dólares. “Mucho más que el famoso fondo de los 55 [millones de dólares] que tanto reclamaban, sólo en el costo de los spots de televisión para atacarnos”, dice. Y muestra sus números: De acuerdo con el Sindicato, esta sección generó en un año, hasta febrero de 2006 –cuando rompió con Gómez Urrutia–, un millón 333 mil 814 pesos.
FONDO COMÚN 116,060.64
ASUNTOS POLÍTICOS 2,013.47
CUOTAS EXTRAORDINARIAS 102,204.72
PREVISIÓN SOCIAL 114,960.43
FONDO DE RESISTENCIA 994,127.17
FONDO DE PARTOS 32.90
SEGURO MINERO 0.00
BLOCK MINERO 3,152.00
DEPORTES 572.97
MANTENIMIENTO DE AUTOMÓVILES 690.52 TOTAL 1’333,814.82
Estas cifras parecerían suponer que no hay manera de que una sección sindical sostenga una campaña tan intensa en televisión. ¿Quién paga los desplegados, entonces? Es Grupo México, sostiene el dirigente sindical desde el exilio.
Día Siete solicitó una entrevista con el empresario Germán Larrea para que diera su versión, pero hasta el momento de cierre de esta edición no hubo respuesta positiva.
No es que Miguel Ángel Beltrán Lugo, el “Ceja güera”, fuera pieza menor. Pero cuando llegó al penal de La Palma, Estado de México, el 23 de junio de 1992, iba ya muy mermado, cansado y sin dinero, dicen, después de años de andar a salto de mata, de rodar sin domicilio fijo. Lo trasladaron del penal de Puente Grande, Jalisco, con varias sentencias a cuestas que sumaban dieciocho años, apenas por cumplir, por dieciséis procesos penales: desde secuestro, asociación delictuosa, asalto con violencia, robo de autos y evasión, hasta homicidio y acopio de armas de uso exclusivo del Ejército. Su fuerte, en el pasado, habían sido los bancos, el secuestro y los asaltos. El narcotráfico era una actividad colateral para él, y no su principal fuente de ingresos, a pesar de haber nacido en San Pablo Mochobampo, cerca de Sinaloa de Leyva, tierra de jefes.
Por eso a muchos extrañó que doce años después, cuando lo mataron, ya fuera un patrón encumbrado. El respeto, la posición y el dinero se los ganó, por consiguiente, desde las celdas. Y de qué manera: a su funeral fueron, según los reportes de prensa, varios líderes y candidatos del Partido Acción Nacional sinaloense, como Saúl Rubio Ayala, Wilfredo Véliz y Heriberto Félix Guerra. “Mi amistad es una amistad sincera, solidaria; y máxime que esta gente coincide con nuestro proyecto”, dijo Rubio Ayala cuando los medios cuestionaron su presencia. “Vamos a ver cuáles son, el porqué de este tipo de nexos. Para la investigación siempre es importante indagar qué está ocurriendo en ese entorno, y cuando ciertos personajes de repente se aparecen, debemos definir los motivos de su presencia”, dijo, cantinfleando, el entonces procurador general de la República, Rafael Macedo de la Concha, días después de que la televisión difundiera las imágenes de los panistas en el sepelio del Ceja güera. “Queremos entender que es dar un pésame, queremos entenderlo así”, agregó. Nadie sabe en qué quedó su famosa investigación.
El 17 de mayo de 2005, sin embargo, la “coincidencia de proyecto” alcanzó a Rubio Ayala, para entonces diputado local por el PAN: un grupo de sicarios que viajaba en dos camionetas lo emboscó en la carretera, camino a Guasave. Le dispararon con rifles de asalto AR-15 y AK-47, y con pistolas 45 y de 9 milímetros. Él y su chofer, Omar Ruelas García, murieron en el acto. Su camioneta Explorer tenía cerca de noventa impactos de bala. Quedaron irreconocibles.
*
Por el tiempo de su última detención, a Beltrán Lugo ya se le cantaba en las cantinas. Se narraban sus hazañas como asaltante y secuestrador. Había varias versiones del corrido, ninguna de Los Tucanes de Tijuana o de Los Tigres del Norte, pero era ya parte de una leyenda. “El estado de Sinaloa/ orgulloso debe estar/ porque tiene mucha gente/ que sí se anima a jalar./ Entre todos sale uno/ que es Miguel Ángel Beltrán./ Lo apodan el Ceja güera,/ que en una trampa cayó./ Lo encerraron en Guasave/ y de ahí se les fugó/ con siete hombres a su mando/ que él mismo los escogió…”
Sí, el Ceja güera se había fugado por lo menos dos veces de las prisiones de Sinaloa. Su arresto de 1992, sin embargo, sería el definitivo, porque de la cárcel ya no saldría sino muerto: la noche del 6 de octubre de 2004 lo pescaron descuidado, adormilado, en el área de comedores del Módulo 4 de La Palma. Lucio “don Juan” Govea, de cuarenta años entonces y sentenciado a 42 más por asaltos a bancos, se le atravesó con una calibre 22 en la derecha. Le metió cinco balazos: dos en el cuerpo y tres en el cráneo. No hubo forma de salvarle la vida. Nadie le tendió la mano. Los otros reos (entre ellos Mario Aburto, el asesino material del excandidato presidencial Luis Donaldo Colosio) salieron corriendo.
Lucio, dicen, era una garantía. Pocos meses después, el 31 de diciembre, “se haría cargo” de Arturo Guzmán Loera, el “Pollo”.
El asesinato del Ceja güera y el del Pollo marcan el inicio de una guerra que se extiende hasta hoy. Sinaloa contra Tamaulipas. “Los Zetas” contra los de la “Federación”.
Joaquín Guzmán Loera, el “Chapo”, se fugó en un carrito de ropa sucia el 19 de enero de 2001, al inicio de uno de los periodos más prósperos del cártel de Sinaloa: el sexenio de Vicente Fox Quesada. Es historia conocida. Y salió para fortalecerse; para retomar viejas amistades y tejer nuevas alianzas, y así dar origen a la “Nueva Federación”, que hoy busca restablecer un imperio que sólo Amado Carrillo, el “Señor de los cielos”, pudo administrar.
Durante su estancia en prisiones afianzó la amistad con el Ceja güera, su paisano, Beltrán como muchos Beltranes de la región: como Sandra Ávila Beltrán, la llamada “Reina del Pacífico”, detenida mientras se hacía un manicure en un local del Distrito Federal, el 30 de septiembre de 2007.
Con la fuga de su patrón, Miguel Ángel Beltrán quedó desprotegido. Eso lo sabía Osiel Cárdenas Guillén, el líder del cártel del Golfo, el fundador de Los Zetas, el mayor enemigo del Chapo Guzmán, el “Mataamigos”, detenido el 14 de marzo de 2003, apenas diecinueve meses antes del asesinato del Ceja güera.
Osiel, dicen, lo mandó matar. Puso dos millones de pesos y una pistola 22 en manos de Daniel Arizmendi López, el “Mochaorejas”. Le dio la orden. Pero antes, el capo tuvo que engancharlo. Jalarlo al carril. El secuestrador, mutilador y asesino tenía ya meses sin ver mujer… hasta que recibió un “regalito” en horas de visita. De parte de Osiel. Jesús Blancornelas lo detalló así, en un texto de 2005: “Escultural. De piel bronceada. Pelo largo y delgado hacían su figura más sensual […] Cero plática. Nada más iba a lo que iba…”
Arizmendi, ahora en manos de Osiel, se quedó con un millón y entregó otro a Lucio don Juan Govea, dicen las varias fuentes de este texto. Traspasó la orden con éxito, según se afirma.
El Ceja güera no pudo defenderse. No tuvo tiempo o manera de hacerlo. Lo quebraron en un descuido.
Su cuerpo viajó a Guasave por avión y luego por carretera a San Pablo Mochobampo.
Lo velaron en casa de su hermano Pedro.
*
A finales de los años ochenta, perseguido por judiciales y elementos del Ejército, el Ceja güera y cerca de veinte pistoleros se refugiaron en el “Triángulo Dorado”, en las sierras que se forman entre Chihuahua, Sinaloa y Durango. Andaban de rancho en rancho, huyendo, cometiendo crímenes menores para malvivir. Hacían tiempo para que se calmaran las aguas. Su persecución se convirtió en prioridad pública después de un ruidoso asalto bancario en Culiacán, Sinaloa.
En la sierra de Chihuahua, a caballo, muy maltratados, dicen, por tantos meses de fuga, como forajidos del Viejo Oeste decidieron asaltar un tren de pasajeros. Lo lograron. Fue a principios de los noventa y se hizo gran escándalo en la región.
Animados, intentaron un segundo asalto armado. Pero esta vez el tren iba repleto de soldados.
–¡Cuál pinche asalto, hijo de la chingada! ¡Aquí se te acabó el corrido! –le gritó un oficial, según la crónica regional.
Así llegó a Puente Grande, y de allí a La Palma. Así se encontró, años después, entre la crema y nata del narcotráfico en México.
Así lo alcanzó, también, la muerte.
Al corrido, que antes terminaba con su arresto, se le agregó de inmediato una última –ahora sí– estrofa, y así se canta hasta hoy:
Señores, ya me despido,
ustedes perdonarán,
aquí se acaba el corrido
de Miguel Ángel Beltrán…
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Una fiesta muy especial
No era un evento político. Tampoco un desfile o un reparto de despensas después-del-desastre (como los que azotan la región cada dos tres años). Por eso la fiesta de ese 30 de abril de 2006 fue tan significativa para los de Piedras Negras. Imagínese: en una ciudad de poco menos de 150,000 habitantes, ver reunidos a miles. No es cosa de todos los días ni que pueda pasar desapercibida.
Las familias llegaron caminando, agarradas de las manos, con sus mejores trapos, haciendo un río de gente desde las colonias más pobres hasta El Cortijo, rancho, restaurante y salón de fiestas en el concurrido libramiento Venustiano Carranza. La invitación, que se publicó en los diarios locales y, según los testimonios, se comunicó también de manera verbal, prometía payasos, pastel y regalos. Y la música de Banda Kañón.
Ese Día del Niño, Max Seturino Alcalá, el amenizador, lanzó vivas y porras “al futuro de México”. Los organizadores, identificados como Emir Méndez Dena, dueño de El Cortijo, Wilmar Alejandro Méndez Salazar, José Luis Fernández Hernández, María Ciria Chavarría Menchaca y Norberto Gutiérrez Pulido (averiguación previa PGR/SIEDO/UEIDCS/082/2006) caminaban de un lado a otro vigilando que nadie saliera defraudado. Los chiquillos corrieron emocionados cuando se anunció el reparto de regalos, y los abrieron con regocijo. Hubo gritos, felicidad. Piedras Negras estaba, realmente, de fiesta.
El evento había sido promocionado por el “Zindicato Anónimo Altruizta de PN”. Así, con zetas. El del micrófono pidió un aplauso para su benefactor, “para el señor Osiel”, y la gente respondió, alborozada.
También pidió que leyeran la carta que se había entregado a la entrada de El Cortijo a cada niño. Decía:
“La constancia, la disciplina y el esfuerzo son la base del éxito. Sigue estudiando para que seas un gran ejemplo. Feliz Día del Niño 2006. Con todo mi afecto para el triunfador del mañana, te desea tu amigo Osiel Cárdenas Guillén.”
La gente fue generosa con sus aplausos.
Ese día, los más jodidos de Piedras Negras vivieron una fiesta muy especial.
Como pocas que se recuerden.
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La Nacha contra los chinos
El 22 de agosto de 1933, El Continental, uno de los primeros diarios bilingües en la historia común México-Estados Unidos, publicó en su portada: “Es un secreto a voces que la señora Ignacia Jasso Vda. de González alias ‘La Nacha’ se dedica a la venta de droga en su domicilio ubicado en la calle Degollado núm. 218. En esta ocasión ocho de sus principales vendedores fueron aprehendidos bajo el cargo de narcotraficantes; sin embargo, se esperan que salgan libres por la posibilidad que tienen de pagar las altas fianzas.”
En realidad, el periódico con base en Ciudad Juárez llegaba tarde a la noticia. Cuando fue llamada a juicio, la “Nacha” tenía unos quince años al mando de la primera organización de mexicanos dedicada al narcotráfico en esa frontera; era ya la reina de esa versión burda del cártel de Juárez, que todavía sembraba mariguana en patios y azoteas de las casas.
Su segundo en la dirección era su propio esposo: Pablo González, el “Pablote”, un hombre poco precavido, ruidoso, amante de las mujeres, los tragos y los pleitos callejeros; murió a tiros en una cantina durante un duelo con un agente de la policía municipal. En contraparte, Ignacia, madre de cuatro, era una mujer recatada; morena, con un cuello largo y un porte que revelaba a la mujer hermosa que había sido en su juventud, vestía como abuela –faldas debajo de la rodilla, cabello recogido en un molote y zapato cerrado–, y tenía fama de ser la benefactora de las colonias desde donde dirigió su imperio, en el viejo centro de Ciudad Juárez.
Pero nadie se engañaba sobre ella. Ignacia era tanto bonachona como brava para defender el negocio. De hecho, el origen de su organización, a principios de los años 1920, marca el inicio de una larga guerra por la plaza que se extiende hasta el siglo XXI. Para dominar el mercado de mariguana, heroína y cocaína, la Nacha ordenó la muerte de sus rivales, que no eran mexicanos sino chinos que habían llegado de San Francisco tras el devastador terremoto del 18 de abril de 1906. Según los registros –reseña Adriana Linares en “La leyenda negra”, con apuntes de Ignacio Esparza Marín, cronista de la ciudad–, ella dio la orden de ejecutar a once inmigrantes, y eso, y la anterior captura de las principales cabecillas del cártel chino (Rafael L. Molina, Carlos Moy, Manuel Chon, Manuel Sing y Sam Lee), requerida por un juez, le permitió mantener el control de la venta de drogas hasta entrada la década de 1960.
Dicen que Ignacia sentía cierto desprecio por los estadounidenses, principales clientes de sus “picaderos”, que estaban identificados y eran hasta cierto punto tolerados por la policía de El Paso, Texas –ciudad vecina de Juárez–, porque se trataba en su mayoría de excombatientes de las dos grandes guerras o de soldados asentados en el Fuerte Bliss, uno de los más importantes de Estados Unidos. La traficante comentaba que la heroína era sólo para ellos. Terminó vendiéndola a quienes pagaran, gringos o no.
La Nacha intentó lo que pocos han logrado con éxito: heredar el poder a su familia. El nieto, Héctor González, el “Árabe”, hijo de Pabla, fue el más involucrado. Pero, como al abuelo, le gustaba la vida disipada. Y correr autos: se mató en un accidente automovilístico y con su muerte se rompió la línea familiar de narcotraficantes.
A diferencia de la mayoría de los que se dedican al negocio de la droga, la Nacha murió de vieja y en libertad, en los 1970. Fue, dicen, tan querida hasta sus últimos días en el barrio Bellavista –en donde tenía su residencia–, que la gente la cuidaba y velaba por ella. Si la policía entraba a la colonia, la sacaban de la casa para esconderla. Y allá iba la viejita, en brazos de uno y otro, de vecindad en vecindad, por pasillos y pasadizos, brincando azoteas, para escapar de los azules.
Sí pisó la cárcel varias veces, como en una ocasión que reseña, en 1933, El Continental. El juez le dictó auto de formal prisión el 16 de octubre de ese año, pero el 1º de diciembre obtuvo su libertad por falta de pruebas.
Los que la habían acusado desistieron en declaraciones posteriores, y la Nacha regresó a la sala de su casa, en donde acostumbraba recibir amablemente a funcionarios públicos, policías y periodistas, con efectivo o con despensas de alimentos.
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El barranco
–En estas tierras ni puto maíz. Y los pinos no se comen –dice Mario L., y apunta hacia la sierra, blanca como hueso seco.
Han quedado atrás La Junta y Creel. Adelante está Guachochi, y luego Ciénega Prieta. Y después nada, porque ya no habrá camino sino las veredas que sólo los tarahumaras conocen, y algunos chabochis, mestizos que se atreven a ir hasta allá.
Bajo la panza de un cerro, un grupo de indígenas se sientan en torno a un corral que alguna vez habrá tenido, se supone, gallinas. Dentro de su cueva casa hierve una maltratada olla de peltre azul, pero no tiene frijoles, ni atole, ni maíz. Sólo agua. La vieja que se oculta de los visitantes le da vueltas y vueltas y luego llena tazas de plástico a las que agrega una cucharada de Maseca. Eso comerán hoy, eso es lo único que hay para todo el día, explica Mario L. “Prefieren una cucharada de Maseca con agua que una tortilla. De ese puñado de Maseca no salen más de cinco remeques [tortillas]. Con agua rinde más.”
La cuchara de la vieja no es, en realidad, cuchara. Ni la de los que toman esa sopa masa desayuno cena. Usan latas pequeñas –como la de los chiles encurtidos– atadas a un palo con alambre. La de la anciana es de sardinas.
–¿Y los hombres? –les pregunta en rarámuri.
Traduce la respuesta: “Que andarán en el barranco.” No quieren decir más.
El ‘barranco’ llaman a los campos de amapola.
*
Casi pegado a Sinaloa, en el sur de Chihuahua, está Baborigame, sección municipal de Guadalupe y Calvo, municipio cuya cabecera del mismo nombre se halla más al sur. Aquí ya no gobierna nadie, sino los cárteles y minicárteles que suben y bajan mariguana y goma de opio día y noche. Se siembra y se cosecha. Se empaca y se manda fuera. Así ha sido desde hace muchos años.
Aquí no hay “guerra contra el narco”. Ni un solo retén, ni un solo soldado entre Ciudad Juárez y Ciénega Prieta. Hasta Baborigame, hasta el inicio de la sierra que se une a la de Sinaloa. Allí empieza la presencia de los militares.
Unos kilómetros abajo está Badiraguato, la capital, se dice, del cártel de Sinaloa, ahora Nueva Federación.
Allí están las haciendas de los señores, se afirma por acá. Allí nacen los corridos que la gente canta, alegre, en las cantinas.
*
Los hombres regresarán allá por noviembre a sus casas, con los dedos amarillos de rayar la amapola. Los que regresan, porque muchos ya no vuelven. Dicen que en lugar de pagarles mejor los matan. O que se hacen viciosos. O que, aunque les duela, prefieren abandonar a los viejos porque el camino a casa es largo y hostil.
Luego saldrán las mujeres al barranco. Y tampoco volverán.
Y así la sierra de Chihuahua se ha vuelto, poco a poco, en los últimos decenios, un triste asilo forzado, un gueto para miles de viejos que no tienen más remedio que esperar, tomar Maseca con agua y esperar. Esperar a que alguno de los que se fueron regresen del barranco.
_____
Botín de guerra
Claudia Alejandra Cortés Reyes se resguardó en uno de los muros que separaban el zaguán de la puerta principal. Los testigos afirman que, en cambio, sus compañeros, todos varones, tomaron posiciones adentro de la casa, mucho más defensivos que en combate.
Se lanzaban gritos unos a otros. Intentaban, seguramente, pasarse instrucciones.
En eso estaban, cuando se escuchó una voz desde la calle:
–¡Somos el Ejército Mexicano! ¡Tiren sus armas y salgan con las manos en alto!
El oficio de reporte militar A09247 y la recomendación 39/2007 de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) coinciden en que serían las 10:30 de la mañana del 7 de mayo de 2007 cuando los soldados llegaron al número 147 de Fray Melchor de Talamantes, en la colonia Miguel Hidalgo, en Apatzingán, Michoacán.
La calle estaba semivacía, pero al ver el convoy con cerca de cuatrocientos soldados –y la movilización de tantos vehículos militares– decenas de vecinos salieron a ver lo que sucedía. Fue entonces cuando las fuerzas armadas tendieron un cordón de seguridad, y empezaron el desalojo del jardín de niños Andrés Bello, de una clínica del Instituto Mexicano del Seguro Social y de las escuelas secundarias cinco y uno.
–¡Somos el Ejército Mexicano! ¡Tiren sus armas y salgan con las manos en alto! –gritó un oficial. Y en las siguientes fracciones de segundo, el futuro de muchos, incluyendo el propio, quedó en manos de Claudia Alejandra, aunque ella no tuvo tiempo para advertirlo así.
Porque lo que se desató en seguida y en los días posteriores fue consecuencia de su decisión. Frente a la advertencia, ¿rendirse o luchar? Quizás ya habían tomado la determinación en grupo antes de que los militares los rodearan, y las circunstancias –el haber quedado en la posición de combate más cercana al Ejército– le confirieron la responsabilidad. Quizás.
Vestida con un pantalón de mezclilla y una blusa color amarillo, Claudia Alejandra Cortés Reyes, de 26 años, madre dos hijos, regordeta, a quien los vecinos de Apatzingán identificaron como una mujer tranquila (vendedora de ropa, dijeron a la prensa unos), fue la única que dio negativo en la prueba toxicológica aplicada después a los presuntos narcotraficantes que cayeron en manos del Ejército ese día. Es decir: Claudia Alejandra estaba en su juicio, no bajo el influjo de la cocaína como el resto, cuando llegó el llamado de rendición, según el Laboratorio de Química Forense de la Procuraduría General de Justicia del Estado de Michoacán.
–¡Somos el Ejército Mexicano! ¡Tiren sus armas y salgan con las manos en alto! –se escuchó la advertencia esa primera y única vez desde la trinchera improvisada que los militares armaron en plena calle, entre coches, vehículos artillados y una jardinera de cemento.
Claudia Alejandra levantó su AK-47 en automático. Disparó. Y desató un infierno.
Cientos de balas, algunas granadas y, según testigos –el Ejército lo negó después ante la Comisión Nacional de los Derechos Humanos–, disparos de bazuca cayeron sobre la casa que sus habitantes habían rentado hacía tres meses.
De inmediato se inició un incendio. Los cuerpos empezaron a rodar y los mirones a correr.
Cuando bomberos y soldados entraron en la finca, noventa minutos después, la encontraron primero a ella casi deshecha, semicalcinada, entre ese muro del zaguán que fue su fortaleza y un auto que ardió con los disparos de armas pesadas.
También hallaron los cuerpos de Carlos Valencia Rendón, Jesús Ambriz Galindo y Rogelio López Guízar.
Dicen que había unos veinte sicarios escondidos en la casa aquel día.
Ninguno de ellos, aparte de un puñado de familiares –entre los que estaban dos niños de cuatro y seis años–, estuvo en el velorio de Claudia Alejandra.
La enterraron en el panteón municipal, bajo una lápida de segunda clase.
La familia no tuvo para más.
*
En las siguientes horas, decenas de soldados desataron una cacería. Detuvieron, en las casas, en los comercios y en las calles aledañas a Bernardo Arroyo López, Raúl Zepeda Cárdenas, Alejandro Juvenal Guzmán Suástegui, Gustavo Orozco Villegas, Isaías Suástegui Ponce, Miguel Valerio Guzmán, Teresa Valencia González y al menor identificado por la CNDH como “MCR”. Los retuvieron durante quince horas. Los interrogaron “bajo procedimientos de tortura, tratos crueles, inhumanos y/o degradantes para, posteriormente, ponerlos a disposición del agente del Ministerio Público de la Federación, quien inició la averiguación previa AP/PGR/MICH/A/130/2007”.
Mientras tanto, otro comando militar se introdujo, “sin orden judicial, a diversos domicilios en las colonias aledañas, causando daños materiales y sustrayendo objetos tales como celulares, cámaras fotográficas, alhajas, dinero en efectivo, por sólo mencionar algunos, los cuales no fueron puestos a disposición de ninguna autoridad”, dice el informe de los visitadores de la comisión. En pocas palabras: los soldados se robaron cuanto pudieron de las casas que fueron tomando por asalto.
Llovieron las denuncias penales contra los uniformados. Las señoras Claudia Sánchez Pineda, María Guadalupe Alemán Maravilla, Lorena Vázquez Sánchez y Julia Valencia Serrato, y los señores Margarito Toledo Cervantes, Juan Gabriel Palomares Farías, Mario Espino Sánchez, Gilberto Ochoa Serpas, Lenin de Jesús Quiroz Lozano y Juan Sandoval Padrón, acudieron a las autoridades para pedir la restitución de sus bienes y una disculpa.
Derechos Humanos exigió también una explicación, y la restitución de lo que los soldados se llevaron.
Nada de lo perdido apareció, según los afectados.
Tampoco el Estado mexicano les dio explicación alguna.
Las ofensas quedaron como eso: como ofensas. Y los bienes desaparecidos en la supuesta búsqueda de cómplices, como botín de guerra.
*
“¿Quién sale a comprar cerveza a las nueve de la mañana?”, preguntó uno de los habitantes de la colonia Miguel Hidalgo. “Sólo los amanecidos”, le contestaron. “Los agarraron amanecidos.”
Los que llamaron a los soldados, según la prensa local, fueron los vecinos. A uno de los habitantes de la casa se le ocurrió salir muy de mañana a comprar cerveza con una pistola en la cintura.
Apatzingán estaba –está– en guerra. Los militares se encontraban a unas cuadras, en retenes y revisiones. Pronto llegaron hasta la casa marcada con el número 147. Al instante pidieron a sus habitantes que se rindieran.
El periodista Francisco Gómez, del periódico El Universal, hace notar en su reporte de ese día:
Alejandra, quien estudió sólo hasta la secundaria y que aparece con sus hijos en unas fotografías encontradas dentro de la casa que ardió tras el enfrentamiento, es una incógnita para la policía. Nunca tuvo antecedentes criminales. No dejó riquezas en esta vida, a la que llegó a las 11:00 horas el 1 de junio de 1981 y de la que se fue –coincidencia que aparece en sus actas de nacimiento y defunción– a las 11:00 horas del 7 de mayo de 2007.
La superstición debe, entonces, muchas explicaciones. El siete no fue, esta vez, de buena suerte: Claudia Alejandra, armada con una AK-47, murió en el 147 de Fray Melchor de Talamantes, según la recomendación de Derechos Humanos 39/2007 y el oficio de reporte militar A09247.
“CASA DE SITIOS” ES UNA COLUMNA QUINCENAL
QUE SE PUBLICA EN DÍA SIETE
Es un provocador, que cuando le conviene respeta las instituciones y cuando no, las pisotea. Le gusta la prensa, los reflectores, y confunde seriamente su derecho a expresarse con el nuestro a escucharlo, o no. Cuando los periodistas lo maltratan, dice que “malinterpretan” o que son “corruptos” o “estúpidos”; le gusta, más bien, la prensa a modo. Golpea a sus adversarios desde posiciones de privilegio: si presidente, ha dado manotazos en contra de quienes se le oponen. A esto hay que sumarle una más: las serias dudas que hay sobre si está bien de la cabeza.
Aunque la anterior descripción encaja en la figura de Vicente Fox Quesada, me refiero a Hugo Chávez, el dictador
de Venezuela, que balea estudiantes y ahora ha adecuado la Constitución para enquistarse.
Del episodio con Juan Carlos, rey de España, lo único rescatable a mi juicio es el maravilloso “¿por qué no te callas?”, que se volverá, escuche, una frase que marcará el mandato del aspirante –pero en versión burra– de Fidel Castro. Por otro lado, da un cierto alivio que ya no sea el presidente de México (ahora ex presidente), Fox, el que aporte a la comidilla internacional, sino Hugo Chávez… y el mismo Juan Carlos, a quien España y los opositores del chavismo aplaudieron el arrebato.
Primero lo primero: sí celebro el “¿por qué no te callas?”; alguien debió callar a Chávez hace mucho tiempo. Sin embargo, no me gusta la figura de Juan Carlos, y mucho menos la de rey. Sí, sí, aportó enormidades a la normalidad democrática española. Pero a Moisés Rivas Leyva, un hiphopero, se le ocurrió cantar en un concierto que “se cagaba” en sus altezas (con respeto, pero no va con mayúscula en México), y fue a parar a un juzgado que lo condenó de inmediato. La revista madrileña El Jueves publicó una caricatura fuerte, muy fuerte, en la que critica al príncipe Felipe por no trabajar, y los autores, periodistas dedicados al cartón, fueron obligados a pagar una fuerte multa.
El tema es que, en España, nadie puede decir “¿por qué no te callas?” al rey o a la corona o a la monarquía. ¿Qué tipo de democracia tienen, entonces? Para Reporteros sin Fronteras, la organización internacional con sede en París, esto se llama simple y llanamente censura.
Ligas de los españoles que no se callan, y eso:
El incidente, por otro lado, ha ratificado con creces que la red no se calla. Decenas de gifs se han producido en segundos, algunos a favor del rey y otros en contra de Hugo Chávez (que no es lo mismo), y YouTube se ha llenado de videos chistosísimos al respecto. Qué les digo: ya hay varias canciones, remixes, un reyggetón, una cumbia, mientras que la oposición venezolana ha tomado la frase para sus protestas.
La red no se calla:
• Videos chistosos y gifs sobre el incidente, aquí
• Dos nuevos sitios en la web http://www.porquenotecallas.com http://www.porquenotecallas.org
Finalmente (aunque, la verdad, quisiera polemizar más al respecto): si Usted lee la prensa británica, podrá ver cómo los medios se comen a la reina, una mujer que participa realmente en la toma de decisiones de Estado, que estudió de la mano de Winston Churchill, que forma parte en los detalles de la política interna. Pero ningún rapero, ninguna revista es acallada y ningún periodista tiene que pagar multas por expresarse.
Me despido diciendo, como dice el corrido: ojalá muchos aprendan del “¿por qué no te callas?”, símbolo ahora de intolerancia en la tolerancia, de libertad en un mundo que, si uno se descuida, tiende a tiranizarlo.
Y si no está de acuerdo, ya sabe: www.alejandropaez.net. Escríbalo. Aquí sí se puede decir lo que quiera.
El autor no se anda con rodeos: de las cuatro palabras que hicieron presidente a Bill Clinton (“Es la economía, estúpido”, o “It’s the economy, stupid”), sustrae una y se la dedica a George W. Bush, a un año de las elecciones que lo sacarán de la Casa Blanca
–En memoria de los cerca de 80 mil civiles y los casi 4 mil soldados (algunos de ellos mexicanos) que, se calcula, han muerto en la guerra de Irak
E1 7 de febrero de 2005, cuando Dick Cheney aparecía en el noticiero de derecha Fox News Sunday –es decir, en manos amigables–, había razones suficientes para estar festivo. Una semana antes, el 30 de enero, Irak celebró elecciones. Y aunque los sunitas boicotearon el proceso –provocando un alto abstencionismo–, aquél país parecía transitar por rieles. La violencia persistía, ciertamente. Aún así, el primer experimento democrático en la era post Sadam Husein daba indubitables señales de que por fin Washington se había ganado la confianza de los iraquíes. Ya no importaba el resultado del proceso: según el análisis político y, más importante, la interpretación militar, los insurgentes estaban perdiendo su base de apoyo: la población. Las guerrillas islamistas, en el discurso público, eran llamadas “grupos terroristas”; pero la Casa Blanca sabía que operaban con el respaldo de los civiles. Por eso la elección fue una noticia que de inmediato afectó positivamente el mercado financiero y la popularidad del presidente George W. Bush tuvo un repunte, que celebró con múltiples declaraciones alegres.
Sólo 19 días después de aquella entrevista al vicepresidente Cheney, el 26 de febrero de 2005, una encuesta de USA Today/ CNN/ Gallup confirmó que Bush había recuperado su popularidad. Estaba en 53 por ciento de aceptación, contra el 46 por ciento de mayo de 2004, su mínimo histórico hasta ese momento.
En aquella conversación, sin embargo, ante la pregunta de Chris Wallace sobre el futuro de Irak, Cheney fue cauteloso. No aceptó que el entrevistador lo condujera al triunfalismo, y reconoció que en el otro frente, en Afganistán, Osama bin Laden seguía libre. Y a la pregunta sobre su futuro, el vicepresidente fue todavía más contundente: “Lo diré tan claro como pueda hacerlo: Si salgo nominado [a la presidencia], no me presentaré; si salgo elegido, no tomaré posesión del cargo”.
Justo tres meses después, Bush entró en un tobogán del que ya no se recuperó. Según una encuesta de Zogby, el presidente bajó en mayo de 53 a 40 por ciento, su nivel histórico más bajo. Y todavía se iría más a fondo.
Pero aquél febrero de 2005, frente a las buenas noticias, Cheney se mantuvo ecuánime, firme, incluso algo pesimista.
Bush cargó con los daños de su triunfalismo, mientras que Cheney, el viejo Dick Cheney, el padre de los “Halcones” que gobiernan la Casa Blanca, regresó simplemente a la silla oscura, al sótano desde el cual dirige, dicta, administra y se beneficia.
Nadie piense que dibujo, con este pasaje, a un Bush ingenuo. El ingenuo anda por la vida sin malicia (diccionario dixit), y así, sin malicia, toma decisiones y, sí, muchas veces se equivoca. Bush es, por supuesto, un hombre colmado de maldad, según su Biblia, o el Corán y la Torá de los otros. Según la ética.
Dibujo, con este pasaje, a un hombre simple y llanamente estúpido.
Cuatro palabras
Durante su exitosa campaña de 1992, Bill Clinton aceptó de su asesor James Carville una frase que no sólo lo sacó de la oficina chata de Arkansas y lo llevó al Despacho Oval de la Casa Blanca. Cuatro palabras: “Es la economía, estúpido” (“It’s the economy, stupid”) lo condujeron, de plumazo, al mural de los que acumulan frases para la historia. Y de paso le permitieron ponerle una merecida –y por eso más terrible– patada en el trasero a Bush padre, igual de guerrero que el hijo. Le arrebató la reelección presidencial.
Si momentos antes de aquella noche del 19 de marzo de 2003, cuando las bombas empezaron a caer sobre los palacios de Sadam Husein, alguien ofrece a George W. Bush cuatro palabras: “Es Bin Laden, estúpido”, y él las compra, posiblemente hoy sería visto de una manera muy distinta.
A finales de 2001, argumentando una “legítima defensa” (eufemismo: el derramamiento de sangre nunca será “legítimo”) (ojo, don Jorge Castañeda), Bush se lanzó a la conquista de Afganistán, y en un tiempo récord hizo que el Mullá Omar lamentara haber asilado a Bin Laden y a las huestes de Al Qaeda. Derrocó al hombre de Kandahar, y ya sobre suelo afgano inició la búsqueda del terrorista.
Menos de un año después de invadir Afganistán, el 27 de septiembre de 2002, sin haber cumplido con la captura de Bin Laden –como hasta la fecha–, Bush formalizó ante el Senado de Estados Unidos lo que venía rumiando en otros foros, no menores: que estaba decidido a invadir Irak, y que no le importaba si las Naciones Unidas lo apoyaban, o no.
Allí, ante el Senado, Bush hizo un puchero y dijo, para que se entendiera bien que Estados Unidos estaba decidido a ir tras los huesos de Sadam: “Después de todo, este tipo es el que quiso matar a mi papá”.
El 12 de septiembre de 2002, a un año de los trágicos avionazos, Bush había estado en la ONU, ante el pleno. En aquella oportunidad histórica se lanzó contra Irak y denunció que Husein había pla-neado “asesinar a un ex presidente” estadounidense. No dijo que se trataba de su papá.
Nadie piense que dibujo a un Bush tratando de llevar a su pueblo a la guerra –y a su eventual derrota– por una venganza personal. La venganza la toma (diccionario dixit) el que busca satisfacción por un agravio recibido. El ataque a papi jamás se consumó.
Dibujo, en este pasaje, a un hombre perverso y con poder, que, por estúpido, dejó que la mesa redonda llevara a su nación a la derrota. Posiblemente fue tentado por las eventuales ganancias petroleras de la conquista; se dejó convencer, quizás, por las millonarias ganancias que se generarían para los contratistas independientes, como la empresa que dirigió (o dirige, who knows) Dick Cheney.
Una buena parte de los recursos destinados a la “guerra contra el terrorismo” desde el 11 de septiembre y hasta el día de hoy, 757 mil millones de dólares, han ido a parar a la industria privada de las armas.
Guerra inmoral
Deje Usted a un lado los 757 mil millones de dólares de toda la “guerra contra el terrorismo”. Concentrémonos en Irak. Sólo en esta campaña se han invertido 463 mil millones. Y contando.
Con ese dinero, según la ONG National Priorities Project, es posible financiar 46 años de la campaña mundial contra el sida, o 19 años del costo total de todos los programas del planeta contra la hambruna, o garantizar, durante los siguientes 154 años, que todos los niños del mundo reciban las vacunas básicas.
Despojar, despojar, despojar
El escritor estadounidense Gore Vidal fue de los que pensaron que el primer periodo de George W. Bush en la presidencia (2001-2005) habría vacunado a una mayoría del pueblo estadounidense contra el fascismo, y que sólo haría falta intensificar el esfuerzo para que no fuera reelecto en 2004.
Pero se equivocó. Y una mayoría de nosotros, dentro de Estados Unidos, en México o en el mundo entero, también. Bush no se va sino hasta el martes 20 de enero de 2009, aunque justo dentro de un año, el 4 de noviembre de 2008, el pueblo estadounidense irá a las urnas.
(Dios, qué larga fue la espera).
En 2005, reelecto Bush, Vidal presentó su libro América Imperial, en cuya introducción sostiene que las cuatro palabras más dulces del vocabulario estadounidense son: “I told you so”, es decir, “se los dije”.
Obviamente se curaba en salud. Es evidente que lanzaba un reclamo. Siendo un hombre inteligente, también dejaba una advertencia: George W. Bush y su junta militar están a punto de dar un autogolpe.
Su lógica era que Bush y sus “Halcones”, ante la ingobernabilidad provocada por el rechazado por el 80 o 90 por ciento de los habitantes, “retomarían” la conducción del gobierno como junta.
Gore Vidal no se dio cuenta de que Estados Unidos no fue gobernado –para su fortuna– por esa junta militar, pero gran parte del planeta sí. Pregúntenle a Irak; revísense los debates en la ONU antes de la invasión.
A Bush le faltó tiempo para formalizar su dictadura, digamos. La inercia del in statu quo ante bellum le marcó una fecha: ese martes 4 de noviembre que viene, dentro de un año.
Las cuatro palabras más dulces del vocabulario estadounidense son –escribió Gore Vidal– “I told you so”. Qué trágica advertencia. Qué triste condena.
Más adelante, en una entrevista con The Nation, explicó a qué se refería con ese evidente regodeo, con esas cuatro palabras. Dijo: “No se puede mantener una república y un imperio al mismo tiempo. Los romanos no pudieron. Los británicos sólo lograron arreglárselas hasta cierto punto, para luego caer en la ruina. Los venecianos fueron un imperio y también Estados Unidos. En cada caso, esas repúblicas se perdieron. A partir de nuestra guerra contra México, en 1846, que tuvo el objeto de apropiarse de California, hemos estado en un puro ánimo imperial de despojar, despojar, despojar…”
||||| PRENSA MENTIROSA…
“Devoraba los descuartizados cadáveres de las mujeres”. Falso.
“…La escalofriante y sobre todo enfermiza historia de este escritor [falso] sería el único antecedente de un caníbal [falso] que seleccionaba a sus víctimas en las calles [falso] de aquí, del Distrito Federal”
“Un escritor de telenovelas [falso] y de guiones de terror [falso]”
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El Caníbal de la Guerrero no era caníbal. Tampoco cocinero, ni un buen comenzal. Me propongo darles algunas claves para argumentar lo anterior, con todo respeto para las víctimas.
Con los datos que tenemos hasta ahora, podemos saber, primero, que José Luis Calva Zepeda no comía por placer. Doy sólo dos razones: Porque su adicción a la coca le inhibía el deseo de ingesta y le afectaba el olfato y las papilas gustativas; y por sus propios dichos: “Soy gastrónomo por afición, no de degustación, sino de elaboración”, según escribió.
• Lea algo sobre los efectos de la coca aquí
Podríamos entonces argumentar que lo que realmente le atraía era cocinar, no comer. Pero tampoco era así. A Calva le gustaba la carne recocida, algo que un buen cocinero no haría. Primero la hervía, y luego la ponía a la plancha para freírla con aceite. La evidencia dice que la degustaba con limón, si los datos de la policía hasta ahora son ciertos. Es decir, mataba completamente el sabor de la carne. El tipo, entonces, no merece el respeto ni de un chef ni de cualquiera que sepa hacerse unos tacos de filete.
• Encuentre aquí tips y técnicas de cocción, desde el “baño María” tradicional hasta el uso del microondas, aquí
Quizás, o entonces, lo que realmente disfrutaba Calva era cazar a su presa –léase conquistarla–, descuartizarla y filetearla. Eso no lo hace un caníbal en el sentido ortodoxo de la palabra; lo realiza un depredador. Salta la duda también de qué tanto es tantito: es decir, cuánta carnita de humano debes comer para ser caníbal, porque yo, y muchos como yo, tenemos la maña de quitarnos los incómodos padrastros con los dientes y pasarlos con saliva.
• En la siguiente liga encontrará consejos para el cuidado de las manos, con remedios naturales y caseros
Este depredador maligno cazaba, pues, sin hambre y sólo por placer. ¿Que probaba carne de sus presas humanas? Sí, y qué. Si Usted está de acuerdo con que Calva era más bien una bestia, entonces no era caníbal, sino antropófago, porque un caníbal es el que se come a los de su propia especie…
• Pero para una definición más puntual sobre canibalismo y antropofagia, vaya a Wikipedia y aplique “canibalismo”, o dé clic aquí
La verdad he leído muy poco de lo que Calva Zepeda escribió. Tampoco soy crítico literario, que es una especialidad que respeto. Lo que he visto hasta ahora me parece muy medianito. Habrá que esperar a que salgan más de sus textos para emitir un juicio.
Lo que sí puedo decir es que, como asesino en serie, fue un verdadero mediocre.
• Lea aquí algo sobre asesinos en serie: http://www.asesinos-en-serie.com/ http://www.pasarmiedo.com/asesinos_serie.php http://www.asesinatoserial.net/
En fin. Por respeto a las víctimas y a sus familias, la historia de este hombre podría analizarse con menos sensacionalismo (y de manera más seria, no como lo he hecho hoy) porque lo que veo es, sin ser tampoco siquiatra o adicto a CSI, el caso de un sujeto destruido por su entorno, por esta sociedad descompuesta que afortunadamente un día llegará a su fin.
(¿Qué noticias me tienen sobre el hoyo negro que viene hacia nuestra galaxia? ¿Algo nuevo? ¿Se ha movido? ¿Se tarda mucho?).
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Para estas fechas se cumplen seis años de que Estados Unidos inició la mayor cacería de su historia para capturar a un solo hombre: Osama bin Laden. A estas alturas, miles de muertos después, podemos suponer que George W. Bush no dará con él. Pero Osama puede cometer errores… y alguno de esos puede llevarlo a su muerte o a su captura.
¿Qué tendría que hacer Osama para caer? Veamos esta breve lista: 1. Que se ponga borracho y llame a su novia, prospecto de quinta esposa.
–Ándale, vamosss a vernosss…
–¡Que no! El mullá de Chitral se pone muy bravo.
–Buéeeno. Nosss vemosss en Tora Bora. Voy saliendo. Llego en dosss díasss. 2. Que se le antoje ponerse muy hacendoso, con tanto tiempo muerto, y decore la entrada de su cueva con flores y pasto, un caminito de piedras y hasta un buzón para su correo. 3. Que le robe un cargamento de coca a El Chapo Guzmán, o por lo menos a El Lazca. Seguro dan con él. 4. Que haga una carne asada o una discada para sus muyahidín, y que después de unas tecates se pongan a disparar al aire y a gritar. 5. Que este invierno ponga arbolito de Ramadán, con muchas luces y esferas y toda la cosa. 6. Que comparta la dirección de Al Qaeda con Elba Es-ther Gordillo. 7. Que una patrulla de gringos pase cerca de su escondite, justo cuando se esté fumando un churro.
–¡Por allá! ¡Por allá huele, seguro!
–¡Vamos!
–¡Móchate, canijo! 8. Que, animado por su nuevo look (con barba pintada y arreglada), se le antoje ir a un table en Islamabad. 9. Que pida una pizza.
–¡Dijeron que en 30 minutos!
–Disculpe, ¿nos repite su dirección?
–¡Por Alá! Cueva cuatro, señorita, cua-tro. Pero es gratis, ¿eh? Ya pasaron 30 minutos…
–Van volando para allá. Disculpe. 10. Que se tome una foto encuerado con su celular, y la mande al de Bush. 11. Que llame a la revista Quién para que le tomen fotos a su cueva, arregladita gracias a los donativos que le llegan de las mezquitas. 12. Que se case con Marta Sahagún.
Ya en el tema, un poco más serio, le agrego una lista de páginas de activistas y organizaciones que están luchando por el fin de las guerras de Bush. Este hombre, el presidente de Estados Unidos (cuyos ojos de vaca extraviada evidencian aún más su estupidez), ha manchado al planeta de sangre. Inscríbase al sitio que le convenga y al que le quede; busque otros. Lo más importante es que diga NO a la guerra en Irak, no a la de Afganistán. NO al derramamiento de sangre. NO a los Halcones en la Casa Blanca. NO más petróleo ensangrentado. NO, NO, NO más bombas y muerte. Diga NO:
• http://iraqmoratorium.org/latino/
• http://warresisters.org/
• http://www.codepink4peace.org/
• http://www.motherearth.org/nowar/index_en.php
• http://www.notinourname.net/index.php
• http://www.unitedforpeace.org/
• http://www.peacenowar.net/
• http://www.votenowar.org/
• http://www.greenpeace.org/international/campaigns/no-war
• http://www.votenowar.org/
• http://www.antiwar.com/
• http://www.nowar.org/
• http://www.nowarblog.org/
• http://www.nowar-paix.ca/
• http://www.nowarzone.org/index.aspx
• http://www.ivaw.org/