31
Ago

DE PESHWAR AL MIDWEST

Hubo un momento probable, entre septiembre y octubre de 2001, en el que los tres personajes se despidieron. Todo indica que estaban en Kandahar. Se habrán abrazado y besado, según sus costumbres.
Se puede asumir que el Mulláh Omar decidió quedarse en su base de apoyo natural. Osama bin Laden, sin embargo, se fue hacia Kabul, donde lo esperaban miembros de Al Qaeda y del todavía gobierno talibán, y de allí, conforme la evolución de los eventos, se movió a Jalalabad, con posible parada en Tora Bora, con destino claro en Paquistán. Ayman Al-Zawahiri, por su parte, se encaminó —se sabe ahora— a la provincia de Nimruz, para brincar a Irán en cuanto le llegara la lumbre a los aparejos.
Disfrazados de mujeres o de nómadas; con guaruras y sin ellos; armados o a pelas; de noche principalmente y siempre tapados, huyeron de sus perseguidores por veredas entre las montañas. Apenas si habrán pegado pestaña en un año y más. Seguramente perdieron sus kilos.
Pero encontraron un lugar donde durmieron dos, tres, cinco días seguidos, y decidieron alargar su estancia, con breves y estudiadas escapadas. Quizás Al-Zawahiri esté bajo arresto domiciliario en Irán, pero ya dejaron de huir y se toman sus precauciones. Tienen más tiempo que cuando andaban a lomo de camello. Comerán arroz rico de vez en cuando, meditarán, armarán y desarmarán escenarios.
Antes de abandonar Kandahar, en medio de los bombardeos, el Mulláh tuvo un sueño en el que se veía inmolado mientras defendía el último muro de la ciudad. Ahora tiene otro sueño, que quizás tampoco cumplirá: reorganizar una resistencia armada, revolucionaria, como antaño, que expulse a los invasores y le devuelva el poder.
Osama, más cerca de China, hará mapas en la tierra con un palito. Hablará solo y en voz baja. Se alimentará de agua y odio. Hará planes a futuro, y hasta tendrá ya una lista preliminar de invitados para celebrar el siguiente atentado. La espera es una llama y Osama pensará, ardiendo, que los Khan entraron como soldados y regresaron como creyentes de El Corán. Contará los meses como días para no desesperarse.
Eso: no desesperarse. Porque, hasta donde se sabe, ni Ayman, ni Osama, ni Omar tienen un plan de jubilación.

(Los oficiantes del terror tampoco tienen días de descanso, y son pocos los que se procuran planes de retiro, ya sea por edad o por inhabilitación. Esperan, aunque estén sentados en la llama. Esperan en Oklahoma o en Kandahar, en cuevas desconocidas de Peshawar; en laboratorios experimentales o en cualquier punto del midwest norteamericano. Esperan, porque no tienen otra cosa que hacer más que esperar.)•

31 AGOSTO 2003

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Esta entrada fue publicada el Domingo, Agosto 31st, 2003 a las 1:03 pm y archivada en POSTS. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de RSS 2.0 feed.

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