29
Oct

Paren esa guerra

Qué quieren: nomás no me la trago. No creo en sus “justicias infinitas” ni en sus “libertades duraderas”. No me hacen gracia sus guerras prolongadas ni su supuesta cristiandad democrática. Quizá es porque uno está acá, lejos, viendo al gigante otra vez en su máquina de guerra, haciendo alianzas garrote en mano.
Quizá es porque uno no se buscó la bronca. Quizá es porque, para uno, el 11 de septiembre va significar una fecha triste, un ejemplo de hasta dónde el odio es capaz de llegar, y no la justificación perfecta para imponer gobiernos, aplastar aldeas, estrenar tecnología de punta o imponer un nuevo rey.
Qué quieren: no me hace gracia esta guerra. Quizá es porque, a fuerza de tenerlos tan cerca, uno sabe que no aprenden la lección: se van a imponer otra vez antes de pensar en el regreso del búmerang ineludible.
Qué quieren. No creo en sus tratados de comercio de Primer Mundo con vergonzantes políticas migratorias de tercera. No veo aplicada la prédica democrática cuando el mundo está convertido en un asqueroso laboratorio de desigualdades.
Y conste, que quede claro y hasta en negritas, que no apoyo el terror, ni el odio, ni la venganza, ni las armas, ni el fundamentalismo, ni a Osama bin Laden ni a su grupo de asesinos, aun cuando tengan motivos para estar inconformes. No apoyo, léase bien, el llamado a “guerras santas”, como tampoco aprecio las “justicias infinitas”.
Ya veo a esos hombres metidos en sus hoyos, pensando en qué más pierde un individuo que lo ha perdido todo. Ya los veo, burlándose de las bombas inteligentes.
Ya los veo aplastados también como moscas —no ahorita, claro— y organizando un futuro más tenebroso. Tan mal está el pinto como el colorado. Yo sí regateo el apoyo a unos y a otros. Qué quieren. La idea de nación que tiene Salma Hayek no es la mía. Yo tengo, cuando menos, pudor. No ondeo banderas ajenas ni por pragmatismo ni para aparecer en la foto. Tampoco la levanto al cielo con rabia para pisotearla.
Simplemente no ondeo esa bandera porque no es mía, como tampoco son mías las causas que representa en estos momentos. Tengo familia allá, amigos allá, conocidos allá. Allá están bien, dicen. Y lo creo, y los respeto, como respeto los muertos del odio en Nueva York y en Washington, en Afganistán o en Palestina, o en tantas naciones donde el radicalismo —de izquierdas o derechas, de Occidente o de Oriente— han infligido dolor profundo, casi siempre desde la impunidad.

29 OCTUBRE 2001

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Esta entrada fue publicada el Lunes, Octubre 29th, 2001 a las 1:27 pm y archivada en POSTS. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de RSS 2.0 feed.

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