Plata cae vertical a mediodía
Me molestan las películas de Robert Rodríguez sobre México, con Antonio Banderas y flamenco de fondo musical. Y porque no puedo hacer nada, no muevo un dedo. Ya no quiero ser parte de un equipo ni ganarme un premio ni donar mis corneas ni aportar un peso a las ballenas o a los manatíes o al cielo que hemos llenado de agujeros. No firmo tu carta ni aunque sea honesta. Me dejo acariciar por dictadores demócratas porque son mejores, y le muevo la colita también a las maestras y a los perros y a los pobres y a los ricos y a los sueños.
No quiero misericordia, quiero un bisoñé. Que hagan telenovelas con capítulos de 24 horas, que me dejen conducir un convertible como su fuera un rebaño de borregos. Quiero gatos a los que no los despeine ni el viento. Quiero que los sets de los noticieros estén sostenidos por prohombres, y más balazos en las series, y reconciliarme con este mundo porque en el fondo no busco nada sino rebelarme en una pared, bien empalado, bien enmezclado (maistro), y que el temblor que viene no me mueva un centímetro y deje los trabajos de reconstrucción a los que vienen.
(Y quiero, también, dejar de hacerme viejo). (O hacerme viejo de tajo para, ahora sí, dejar de aspirar a algo).
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Tengo un cuaderno de viajes en el que anoto lo tanto que ya no viajo. Compré un chelo para no atar las cuerdas a una viga. No abro fotos ni desempaco correos ni leo algunas de las maletas que me llevé, porque no puedo verme a los ojos sin dejar de verme: títere y titiritero soy, desde ahora, para no enredarme con mis propios dedos cuando escribo.
No creo en las casualidades para no atenerme a una; no busco la esperanza porque seguro alguien la ha comprado. Quiero estar aislado. Procuro llevar la vista al piso si te encuentro o creo que te veo (siempre), y sólo me subo a un elevador si busco un baño porque los de abajo están ocupados.
Soy feliz: resucito para verme enfermo. Reflexiono ahora que me sobra la alegría, porque, si no, ¿cuándo? Digo que soy feliz porque estudio mapas, escribo de tapioca, saludo a mis vecinos y releo los Evangelios a las masas, etcétera. Y si antes no tenía tiempo, ahora menos: tomo mi carro, disiento sólo con la compañía celular si no me tiene ocupado, organizo mi agenda y me duermo temprano pensando en el mundo alegre que seguro amanecerá mañana, o días después de mañana.
Veo por la ventana y me repito: soy feliz: plata cae vertical a mediodía; el techo es oro en los atardeceres.