28
Jul

SERÁ QUE LLEGÓ MI HORA

PUBLICADO EN EL UNIVERSAL

He tardado más de la cuenta en arreglar el departamento en el que ahora vivo. Con el pretexto de que aquí pienso quedarme un tiempo, dejo mis pendientes al garete. No hay lugar para las maletas, por ejemplo. No he acomodado los DVD. No he aceptado que tengo cuadros y cuadros, fotos y recuerdos de todas partes, a los que debo darles un destino. Colgué una marioneta del techo para que no se enredaran los hilos y allí sigue; guardé bajo los calzones asuntos de una vida pasada a la que no quiero renunciar.
Hay en especial dos espacios en los que se da cuenta de mi desorden, y no les dedico el tiempo que se merecen por un motivo: allí se necesitan manos de mujer; terciopelo y decisión: creo que en esos lugares hay secretos, y no voy a develarlos por mi propia mano porque no soy mago o conejo de mi propio sombrero de copa. Mano de mujer, terciopelo y decisión. El asunto está en que no le he dado tales libertades a nadie.
La señora que me ayudaba pasaba el trapo húmedo como quien pinta sobre graffiti. Limpiaba mi casa (y no es crítica) como yo resuelvo mi vida sentimental, o como silva el afilador por las mañanas: ya sucederá que alguien saque ungüento para aflojar los clavos del pasado; ya llegará el cuchillo eunuco que quiera romper el pan. Trapo húmedo por encimita; eso hacía la señora y eso hago muchas veces con mi vida. Por eso, y porque allí estaré un tiempo, el departamento sigue desordenado.
No me voy a quejar de la señora que se hizo de mi casa durante años. Sería un ingrato. Quiere a mis perros como a sus hijos y el departamento no estaba más limpio porque así estaba bien, de acuerdo a su criterio. Doña A. restregó durante una década tantos platos como los adoquines de los caminos que llevaban a la antigua Roma. Y tuvo la gran virtud, que es defecto si se hace en el trabajo, de beber. Hace poco se cayó de las escaleras. Drama general. El último de sus platos rotos, la gota que derramó el vaso. Ahora está lejos de las obligaciones y en reposo. Un reposo que marcará su vida. Bebió conmigo, bebió con mis amigos y, lo peor: bebió sola. Adelanté mi regreso de vacaciones y la encontré durmiendo en mi cama, con su radio prendido y la casa hecha una mierda. La gran fiesta de doña A. llegó al límite permisible. Se incorporó para atenderme; corrió a la azotea y tropezó con sus propios guaraches de plástico. Cayó redonda, de cabezota. El horror: charco de sangre, llamada al 066, ambulancia, policía, vecinos solidarios, la noticia a los hijos, el paramédico déspota por sus conocimientos en la aplicación de curitas, hospital y collarín duro.
Y así fue que doña A. perdió su pleito histórico con la lavadora automática de trastos, el único cachivache doméstico que se compró como enemigo a muerte y al que declaró la guerra: Si un vaso salía medio sucio lo ponía mero enfrente, en mi cara, como un “¿ya ve qué cochinero de maquina? Nada como las manos para fregar”. Tenía razón en eso. En lo de beber sola y en mi casa, no. Más que comprensión, los borrachos merecemos perdón. Está perdonada.
El caso es que sigo sin acomodarme en el nuevo departamento. Me he mudado muchas veces en los últimos años y en cada ocasión he dejado mis espacios pulcros. Y ahora no me aplico. Será que no me hago a la idea de estar en un lugar de fijo. Será que me resisto a dejar de huir de lo único que no puedo escapar: de mí. Será que no quiero casa y prefiero vagar (ah, vagar): ser polvo en este largo desierto que es la cochina vida. Será que llegó la hora de detenerme a meditar, calcular, estirar los pies en un mismo sofá, planear mis asuntos, amar a una mujer por largo rato. Será que es inevitable que acomode los DVD, lave las lagañas de los perros a diario y disfrute la bañera con sales y aceites. Porque algo queda claro: es inevitable que empiece ahora mismo a lavar los cerros de platos, los pisos manchados y la ropa hedionda porque la ingrata doña A., por beber sola y a mis espaldas, ya no volverá.

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Esta entrada fue publicada el Miércoles, Julio 28th, 2010 a las 12:00 am y archivada en POSTS. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de RSS 2.0 feed.

comentarios

2
  1. Julio 29th, 2010 | Lula dice:

    Excelente texto. Saludos desde Ciudad Juárez

  2. Agosto 4th, 2010 | Anna dice:

    ¡Que fuerte!

    Tiene toda la razón.

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