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Alejandro Páez Varela

El mundo se va a acabar

ÉLMER MENDOZA ESCRIBE SOBRE LA NOVELA “CORAZÓN DE KALÁSHNIKOV”: “[...] Lo que hace es someter su historia a un territorio literario donde la fuerza radica en el lenguaje, en la manera en que crea sus personajes y en la forma dúctil de desarrollar su discurso [...]“

Diciembre24

POR ÉLMER MENDOZA. PUBLICADO EN EL UNIVERSAL
La primera novela de Alejandro Páez Varela, Corazón de Kaláshnikov, publicada por Planeta en 2009, se proyecta como una literatura de la experiencia; lo que significa que crea un mundo posible que se siente cercano y verdadero. Desde luego, no es porque el autor sea alguno de los personajes que se mueven en la ficción, sino porque su larga carrera periodística lo ha llevado a ver e imaginar los asuntos más escabrosos.
El ser humano da para todo. Los seres oscuros que se deslizan en Corazón de Kaláshnikov son un muestrario de la fatalidad más abyecta. Es un triángulo femenino y es ciudad Juárez. Con habilidad que se agradece el autor disminuye la carga semántica que el nombre de Juárez impone en asuntos de violencia. No es que lo ponga fácil eludiendo evidencias; lo que hace es someter su historia a un territorio literario donde la fuerza radica en el lenguaje, en la manera en que crea sus personajes y en la forma dúctil de desarrollar su discurso.
Tampoco se trata de una literatura ensimismada que se regodee en su propuesta; por el contrario, es dura y provocadora, y se suma a la reactivada literatura mexicana donde el placer estético es un cuestionamiento a la perversión y a la deshumanización de nuestro tiempo.
Páez teje, de manera sencilla, una historia donde los puntos de quiebre están relacionados para reforzar la idea de que el mundo es pequeño y que cuando de violencia se trata, es aún más. Un universo poblado por sicarios, prostitutas, marigüaneros, obreras, religiosos, narcos, padrotes, policías federales y mujeres: Jessica, Violeta y Juanita, donde la primera y la última mueren trágicamente y la otra se encarga del marido que es un capo poderoso y termina lejos, sin embargo, atada a un sentimiento que se manifiesta en postales.
Cada frontera es un mundo, y la de Juárez es una vibración intensa donde la ciudad mexicana no se explica sin El Paso, la norteamericana. Algo más profundo y dependiente que el intercambio comercial de bienes y sustancias de todo tipo, tiene lugar en esta simbiosis: una personalidad con dos rostros, dos pasados y dos visiones del mundo. El autor va desgarrando personajes como un acto de expiación de una vida sin retorno: “Para cuaresma, si ando por acá”, dice Flor a Jessica, “te hago chacales. Hago muy buenos chacales. Con asadero y laurel. Y tecomate de habas…” No hay uno que no extrañe el pasado. A la carga de la añoranza hay que agregar la tremenda del desamor que es abandono, que sufre la mayoría de los personajes. ¿Es esto una marca de nuestro tiempo? Porque así lo indica una vivaz línea narrativa perfectamente elaborada. Cuando Amado intenta volver después de quince años de ausencia, Jessica tiene una semana de asesinada, y el futuro no existe.
Alejandro Páez Varela, nacido en Ciudad Juárez, México en 1968, tiene un estilo sobrio. Sus capítulos cortos sostienen un ritmo apresurado en que los personajes van cayendo. Es una novela de desgracias que no dispensa su parte poética: “Los tiempos mejores están frente a uno y uno no lo sabe”, “Pequeña, esta noche vienen a matarme”, escribe Mario Giancana, el Sheik, a quien pusieron su “sangre como abrigo”. Algo atrayente son los nombres y apodos de los personajes: Serrucho, La Negra y Teresa (Para masculinos) Foca, Tony Ferrer, Zurdo, Chiquito. Igual se escucha el sonido del legendario acordeonista Flaco Jiménez y aparece el bar Kentucky, auténticos emblemas de la cultura popular juarense.
Cada capítulo tiene su sitio preciso y muchos de ellos son perturbadores. Jessica, que muere de un balazo en el primer párrafo, abre la puerta a la tormenta de arena, que tendrá su explicación muchas páginas después. Luego vendrán Juan, Amado, el Sheik, Violeta, Juanita, que conforme transcurre la novela se irán aproximando hasta quedar fusionados. Lo mismo se mezclan sueños, recuerdos y la vida en la muerte; Juanita comparte maíz molido en agua con su abuela Laura, muerta tiempo atrás.
El uso de la palabra siempre será maravilloso. Páez trasmite ese placer primigenio, humano, cómplice, del escritor que se aventura y que se debate en la incertidumbre; pero no pierde el hilo ni la fuerza ni la intención, se nota que su pasión por la escritura, como a Alfredo Bryce Echenique, le “viene del habla, de la conversación.” Y que al igual que él, escribe con “precipitada nostalgia”. Una ciudad como Juárez no es para olvidar.
Corazón de Kaláshnikov es una novela que no se detiene demasiado en el espacio, no en el sentido totalizante. Se centra en los personajes que con cada página ganan en perfil. Su virtud principal es el de la telaraña que logra que uno termine atrapado y sorprendido en esta vorágine de pérdidas tan bien contadas.

publicado en POSTS

No lo publicaré

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    • jimena guerrero: absolutamente cierto mas que verdaderos jugdores son todos unos galanes y distraen a la mayoria de...
    • Rodolfo hernandez: Felicidades, tus trabajos son excelentes. eres un referente para todos los que queremos estar bien...
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