AEROPUERTO BAGDAD
09/23/05 1:31 PM por Alejandro Páez VarelaLa inconformidad contra George W. Bush crece en Estados Unidos. Pero nadie compre las encuestas de popularidad: en cinco años, el presidente ha dado fuertes revires a sus adversarios. Y cuando algunos ya lo dan por acabado, remonta. Pero no deja de ser notorio que la calificación reprobatoria no responda al fracaso en Irak –la más grosera de sus decisiones–, cada día más evidente, sino a la reacción tardía frente a Katrina, al aumento en los precios de las gasolinas y en los impuestos, y a los colaterales de estos temas centrales. Así se ratifica que a los estadunidenses no les importa el mundo (en el que influyen), sino los asuntos domésticos. Fíjese cómo el mandato de Bush ha sobrevivido al renacimiento de los Talibán o al crecimiento en la actividad de Al Qaeda (que ahora envía afganos a Bagdad para aprender de los triunfos de Abu Musab al Zarqawi). La Casa Blanca se ha sobrepuesto a la inmoral ocupación e incluso a los casi dos mil norteamericanos muertos en Irak. La pregunta es: ¿por cuánto tiempo más?
Amor a la guerra
Si revisamos los cinco años de Bush, decíamos, la actual caída en la popularidad no dice nada; las elecciones federales están lejos y vivimos tiempos en los que un cambio de viento (más si es en el Golfo de México) puede inclinar inmediatamente la balanza entre los inconformes y los encantados.
Pero los estadunidenses están empezando a vivir en sus propias casas los efectos de las políticas equivocadas del presidente. Esto sí es grave para un político en EU. Los monstruosos huracanes que lastiman hoy a los ciudadanos provienen de la contaminación global que Estados Unidos (en concreto: Bush) se rehúsa a combatir de la mano del resto del mundo; los altos impuestos para el siguiente año fiscal, que achicarán los salarios de los trabajadores, son consecuencia del alto costo de la guerra y las catástrofes naturales; el fracaso en Irak y en Afganistán se está reflejando en pueblos y ciudades, hasta donde llegan los féretros (que ya resultan inocultables) de sus jovencitos.
Houston, tenemos un problema. Y no es sólo por la amenaza de los huracanes. De acuerdo con la ONG National Priorities Project, al corte del año fiscal (septiembre 30 de 2005) la guerra en Irak había costado ya 204 mil millones de dólares. Para darse una idea, con semejante cantidad de dinero Estados Unidos podría financiar durante 19 años los programas contra el SIDA del mundo entero; o pagar durante ocho años el costo global de los programas contra el hambre, o bien garantizar los esfuerzos para que todos los niños del planeta reciban inmunización básica durante 65 años.
A la fecha, Bush y sus halcones han obtenido fondos del Congreso en cuatro ocasiones. La primera fue en abril de 2003 por 54.4 mil millones de dólares; la segunda, en noviembre de 2003, por 70.6 mil millones; la tercera, que pasó como rubro en el presupuesto 2005 del Departamento de Defensa, por 21.5 mil millones, y la cuarta, fechada en abril de 2005, por 58 mil millones. Y el mesero no ha traído todavía la cuenta, porque esta borrachera continúa: lejos de pensar en el retiro de tropas, tanto Bush como Tony Blair, primer ministro de Gran Bretaña, han anunciado que mantendrán su pie en Irak mientras la insurgencia continúe activa. Es decir, habrá ocupación para rato. Seguro.
Pero esos 204 mil millones pueden ser cosa de niños. El cálculo de National Priorities no incluye un rubro carísimo: la carga financiera. El dinero que se gasta en Irak viene del déficit en el presupuesto federal, es decir, de la deuda contraída; es difícil saber los miles de millones que pagarán los contribuyentes por el servicio (intereses) en los montos de endeudamiento.
Otro rubro no incluido son los salarios de los soldados y los pagos a los veteranos por heridas de guerra. O las indemnizaciones por muertes. Si la sangre derramada hasta hoy no convence a los estadunidenses del error que fue mantener a Bush en el poder, quizás los muertos y los heridos (como números fríos) lo harán: la agencia especializada en temas militares Global Security calcula que mil 913 soldados estadunidenses habían muerto en Irak desde el 1 de abril de 2004 a finales de septiembre de 2005. Estima los heridos en 14 mil 362, en el mismo periodo, y unos 19 mil 296 evacuados de ese país por heridas o enfermedad. ¿Se imagina el costo agregado de la postguerra?
Tanta sangre
Otro costo de guerra no cuantificado, es el que paga el pueblo iraquí. Deje a un lado la infraestructura arrasada durante la invasión, y la que sigue destruyéndose hasta hoy con la ocupación. Haga a un lado el costo económico para un país semiparalizado, que sale a trabajar con miedo a los bombazos diarios o a las ejecuciones. Ni hablar de la deuda que está acumulándose en préstamos para revivir su industria petrolera, o para levantar puentes que después se derriban por estrategias militares. Mejor piense en el dolor, en la sangre, en el luto de las familias iraquíes.
Es difícil cuantificar los muertos civiles y militares en Iraq, porque ni la ONU ni la Media Luna Roja ni las ONG ni los periodistas y muchas veces ni el Ministerio de Defensa iraquí tienen acceso a los detalles de las operaciones militares de Estados Unidos en la región. El cálculo más reconocido de muertes en Irak es de una organización independiente: Iraq Body Count. En dos años, del 19 de marzo de 2003 a la misma fecha de 2005, se estima que 24 mil 865 civiles fueron muertos en Irak, de los cuales 82 por ciento eran adultos mayores y 9 por ciento mujeres. Casi uno de cada 10 muertos fueron menores de 18 años, y uno de cada 200 te-nían entre 0 y 2 años de edad. Sólo los niños, qué drama: la ONG documentó mil 281 muertos en estos dos años (obvio, relacionados con la guerra), además de 51 bebés menores de 2 años.
La mayor parte de los asesinatos de civiles fueron en la capital del país, en Bagdad: 11 mil 264. En Faluja –en donde, usted recordará, el ejército estadounidense entró con todo y mató a 25 mil supuestos terroristas–, que antes de ser reducida a ruinas era habitada por 250 mil personas, murieron en ese periodo mil 874 civiles, según los datos recabados por Hamit Dardagan, John Sloboda, Kay Williams y Peter Bagnall.
La información revierte el discurso de que los insurgentes son los culpables de las muertes de civiles en Irak. No es así. De los 24 mil 865 civiles asesinados en Irak en dos años a partir de la invasión, 37 por ciento, nueve mil 270, son atribuidos a las fuerzas de ocupación. El 9.5 por ciento, dos mil 353, se atribuyen a los insurgentes y en acciones que involucran a ambos frentes cayeron 623 individuos ciudadanos iraquíes, es decir, 2.5 por ciento.
Los mayores asesinos de civiles de entre las fuerzas de ocupación son los soldados norteamericanos: 98 por ciento de los casi 10 mil muertos que se atribuyen a la coalición, son culpa de soldados de EU. El resto se lo quedan Gran Bretaña, Ucrania e Italia.
Por último: Iraq Body Count calcula que los civiles muertos por explosivos, en dos años, suman 12 mil 385, es decir 53.3 por ciento. Y los caídos por bombardeos aéreos son siete mil 961, o 34 por ciento del universo. ¡Siete mil muertos por bombas equivocadas de los “libertadores”! Los insurgentes han asesinado a mil 771 ciudadanos, 4.4 por ciento del total, con autos- bomba, suicidas o no suicidas.
Aeropuerto cerrado
La inconformidad contra George W. Bush crece en Estados Unidos, decíamos. Una mayoría de sus ciudadanos está conmovida por los huracanes, los impuestos y la gasolina, y durante meses ha ignorado el drama en Irak. Lo que no parece entenderse es que Irak costará más, mucho más que Katrina o Rita o la gasolina. ¿Hasta cuándo podrá esconderse el fracaso? ¿Cómo se justifican los propios norteamericanos que el ejército más poderoso del planeta no haya podido siquiera abrir el aeropuerto internacional de Bagdad? •
23 OCTUBRE 2005
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Comentarios (Un comentario)
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alejandro páez varela » Blog Archive » Un laaargo post en tiempo real (y los últimos textos agregados) / Septiembre 12th, 2006, 5:35 pm / #
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