MORIR EN AFGANISTÁN
09/23/04 1:22 PM por Alejandro Páez Varela1
Dos días antes del 11 de septiembre de 2001, Ahmed Shah Massud, de 44 años, aceptó recibir a dos periodistas Tora Bora. Lejos, muy lejos la zona Pashtún, en donde, ahora sabemos, ya se tejían redes de escape para dos personajes clave: Osama bin Laden y Ayman al-Zawahiri.
Eran dos. Traían cámara de video y presentaron credenciales de una televisora. Se sentaron en una alfombra. Acordaron los términos de la entrevista. Luego, uno de ellos dijo que encendería la cámara. Bum.
Pobre león acorralado; no tuvo tiempo de rugir una vez más. Osama sabía lo que estaba por venir, justo dos días después. Massud, muyahidín incómodo. Y al final, león sin garras.
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Pat Tillman nunca dio entrevistas. Estrella del futbol americano, renunció al cine, a la televisión, a las biografías y a un contrato de 3.6 millones de dólares con los Cardenales. En lo mejor de su carrera en la NFL, se enroló como voluntario en las fuerzas armadas de su país. Silencioso, misterioso, romántico, descrito por algunos como patriota, tenía una afición: subirse a meditar a la torre de luz de 60 metros del Sun Devil Stadium
de la Universidad Estatal de Arizona. Así aparece en una de las pocas fotos que quedaron de él.
El año pasado, Pat entró a Bagdad con una unidad especializada de Rangers. Con tiempo cumplido en campos de guerra, ya en Estados Unidos, se casó con una joven de nombre Marie y se fue de luna
de miel a Bora Bora. A su regreso, sin pensársela demasiado, él y su hermano decidieron enrolarse otra vez, ahora en Denver, Colorado. Su nuevo frente: Afganistán.
Para principios de mayo de 2004, Pat era parte de la Operación Tormenta en la Montaña, que persigue a los voluntarios de Al Qaeda y de los talibán que se esconden en la frontera con Pakistán. Eran las 7:30 de la tarde cuando su patrulla ubicó a miembros de la tribu Zandran, partidarios de Osama, Ayman y el mulá Omar. Atacaron. Les respondieron. Un miliciano islámico murió; dos norteamericanos también. Pat Tilman tenía 27 años.
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En febrero de 1997, el personal femenino de las oficinas centrales de Bridas en Buenos Aires recibió una orden: vestir mangas y faldas largas al día siguiente. Una comisión de mulás del gobierno talibán llegaría a la ciudad para revisar el proyecto del gran gasoducto internacional que cruzaría Afganistán de norte a sur. Eran los años del éxito. Arabia Saudita y Pakistán ya reconocían su gobierno como legítimo, no así la ONU.
Los aires de la montaña cambiaron pronto. Osama abandonó sus tres relojes en la mano izquierda por temor a ser detectado. El doctor Ayman al-Zawahiri se trajo a su familia de Egipto. Dos años después del episodio en Argentina, Estados Unidos anunció una ronda de pláticas con el gobierno de los talibán para presionar la entrega de los terroristas escondidos en Afganistán. El Departamento de Estado estableció una línea directa con Omar, que, con un traductor, respondía monosílabos.
En 1998, dos bombazos sacudieron las embajadas de Estados Unidos en Kenia y en Tanzania, matando a 224 personas. Poco después, una lancha con explosivos hirió gravemente el portaaviones USS Cole. En Yemen y en Canadá se frustrarían dos atentados, y una pequeña carga explosiva anunciaría, a los pies del World Trade Center de Nueva York, que algo más grande se preparaba.
Los talibán anunciaron que Osama y Ayman habían suspendido sus actividades en el territorio; soltaron el rumor de un pleito a muerte con Al Qaeda, e incluso hablaron del aseguramiento de las armas y el equipo de comunicaciones en manos de los radicales. Para que no quedaran dudas, el 17 de febrero de 1999 Kabul emitió un comunicado en el que anunciaba que “él (Osama) ha dejado la región”.
En diciembre de 2001, Al Hayat, diario árabe editado en Londres, anunció la muerte de una mujer y sus cuatro hijos, todos con pasaporte egipcio, que estaban escondidos cerca de Kandahar. La invasión iniciaba por el norte. Las bombas de Estados Unidos los alcanzaron mientras huían.
Ayman, para entonces escondido en las montañas, quedó viudo.
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Ismail Khan aprendió a leer cuando era un hombre maduro. Mal la pasó en su juventud. Ah, pero pocos como él. Corazón de Kalashnikov. Cuando los soviéticos entraron a Herat, en marzo de 1979, ya era gobernador de la provincia. Por eso nadie dijo pío cuando pidió a los ciudadanos no oponerse a los invasores;
miles vieron cómo entraban los tanques a sus calles.
Y cuando estaban adentro, Ismail encabezó una rebelión. Las familias desmembraron los cadáveres de batallones de soviéticos, que fueron abatidos en una semana.
En los meses siguientes, las bombas hicieron de Herat las ruinas más lamentables del planeta. Moscú no tuvo compasión. Khan logró escapar, llevándose a miles de combatientes con los que formó un orgulloso ejército de muyahidín que terminó derrotando a los invasores.
Ismail Khan, corazón de Kalashnikov. Sobornó a sus guardias en 1997 para huir de una prisión en Kabul. Secuestró un avión y voló a Irán, o a Turkmenistán. Y después volvió a Herat, muchas veces, con intenciones de recuperar sus tierras y vengarse de los talibán. En octubre de 2001 recibió su oportunidad: cuando Bush inició la invasión de Afganistán, se levantó contra los fieles del mulá Omar. Los hizo pedazos. Así retomó Herat, que había perdido en 1995.
***
En marzo pasado, las Kalashnikov volvieron a resonar. Ahora el muerto fue el ministro de Aviación, Mirwais Sadeq, hijo de Ismail. El gobernador inició una cacería. Dio con los asesinos y los mató en el acto.
Pero Ismail, que tuvo una adolescencia difícil, no pudo devolver la vida a Mirwais, su hijo querido, el que sí fue a la escuela y era, Dios primero, la promesa del apellido Khan en un mundo nuevo. •
23 MAYO 2004
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Comentarios (2 comentarios)
[…] MORIR EN AFGANISTÁN 1. Dos días antes del 11 de septiembre de 2001, Ahmed Shah Ma-ssud, de 44 años, aceptó recibir a dos periodistas árabes en el campamento de Hodzha Bajatdín, provincia de Takhar, donde él y los suyos aguardaban días mejores. Era, entonces, ministro de Defensa de la Alianza del Norte, que antes había sido gobierno y ahora se reducía a un pequeño grupo de necios que todavía consideraba al derrocado Burhanuddin Rabbani como presidente de Afganistán… […]
alejandro páez varela » Blog Archive » Un post en tiempo real (y los últimos textos agregados) / Septiembre 12th, 2006, 5:14 pm / #
[…] Estados Unidos aumentará su presupuesto y su presencia militar en Afganistán para tratar de contrarrestar la amenaza del Talibán, informa BBC MUNDO. La secretaria de Estado de EE.UU., Condoleezza Rice, anunció este jueves que se le pedirá al congreso de su país que apruebe un paquete de ayuda de 10,600 millones de dólares. Rice se encuentra actualmente en Bruselas para asistir a una reunión de los cancilleres de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), donde está previsto que urja a otros países a hacer más para resolver el conflicto en Afganistán. El Pentágono confirmó que a los 3,200 soldados de la tercera brigada de la décima división de montaña se les extenderá su misión y permanecerán en el terreno por cuatro meses, dice BBC MUNDO. EU señaló que esta decisión le permitirá a la OTAN “mantener la iniciativa y construir sobre el éxito alcanzado en promover la estabilidad y seguridad”. […]
ANUNCIA EU MÁS DINERO Y MÁS SOLDADOS PARA COMBATIR AL TALIBÁN EN AFGANISTÁN — unafuente.com / Enero 26th, 2007, 6:04 am / #
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