21
Jul

EL PRIMER DÍA DESPUÉS DE MI MUERTE

PUBLICADO EN EL UNIVERSAL

Afuera llueve. Pocas noches como ésta, sin estrellas y con una Luna empañada, lamparosa. Noche negra, en serio. Los perros roncan y entre sueños gruñen, sin abrir los ojos. Han pasado una tarde del asombro a la sorpresa porque nunca habían visto el mar, ni tanto verde, ni esa cantidad de arena que primero pisaron con miedo y después volvieron una pista de carreras. Simone le dio un trago al agua salada y vomitó las croquetas. Yo me río cuidando su dignidad: ¿Con qué cara puedo burlarme, si conocí tan tarde el mar y tuve miedo?
El mar. He metido los pies y alguna vez me he hundido hasta el pecho. No más de allí. Le tengo mucho respeto. Ese caldo espeso y espumoso, de sabor y color extraordinarios, me es casi ajeno. Lo conocí muy tarde y no hay misterio en ello: tomen un mapa y pongan el dedo en Ciudad Juárez; deslícenlo por las carreteras buscando una salida al mar. Las hay, pero hay que recorrer miles de kilómetros. Ahora imaginen que su dedo es un Chevrolet Impala de los 70. Si había vacaciones, cuando las había; y si eran familiares, ¿para qué manejar 24 horas si a dos está Ruidoso, o a cinco la Tarahumara, o a una el Valle de Juárez o las dunas de Samalayuca? Por eso nosotros, como hermanos, conocimos el mar cada quien por su lado y en su momento. No es parte de un recuerdo de infancia. No tenemos eso que dicen tener muchos, un “ya necesito ver el mar”. Mi destino aspiracional, si hay algo que pueda ser llamado así, no es la playa. Ni para vacacionar, ni para vivir, ni para descansar. Mucho menos para morir.
¿En el mar la vida es más sabrosa? No lo dudo. Pero hay quienes no lo entendemos. Demasiados moscas y mosquitos (a éstos últimos nosotros los llamamos “moyotes”); junto con las hormigas armaron una conspiración milenaria para la que sólo existe un remedio: dejarse vencer. Demasiada pachanga. Todo lleva limón, todo conlleva el riesgo de la diarrea. Las tostaditas siempre aguadas, las salsas de chile siempre bajo sospecha. Y hay algo más grave aún: el ruido. Qué ruidosa es la cultura de las playas. Empezando con el mar (que se burla del turismo new edge): ¿Qué tanto grita, que no entiendo? Nunca aprendí el lenguaje de las olas.
No renuncio al mar y a sus manjares para de vez en cuando. Aunque (me repito) llegué tarde, disfruto de los callos, los ceviches, las cervezas que sólo ponen a medioschiles, las mujeres cuasidesnudas. Sí, se bebe mucho, pero eso lo hago sin mar y sin moscas cada vez que quiero y en las latitudes que se me antojan.
Asociamos el mar con vacaciones y sí van juntos: te sacan de tu vida ordinaria, aunque hay que darse unos días más en casa, sin mar, para descansar de esas vacaciones.
No aburro más, me duermo. Ha dejado de llover. Las olas espumosas lavan las piedras sin piedad una y otra vez y lo cuentan con un alboroto de vecindad que la gente del desierto, como yo, nos preguntamos en dónde vacaciona el mar de sí mismo.
Niño, mi perro, ya está panza arriba. Simone gruñe dormida. Eventualmente un mosco los despertará y volverán al descanso.
En un último esfuerzo, aprovecho la paz ruidosa para escribir un pequeño testamento: Cuando muera cremen mi cuerpo y tiéndanlo lejos del mar, sobre el desierto. A partir del primer día después de mi vida sí pienso darme un descanso.

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Esta entrada fue publicada el Miércoles, Julio 21st, 2010 a las 12:11 am y archivada en POSTS. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de RSS 2.0 feed.

comentarios

3
  1. Julio 27th, 2010 | francisco dice:

    ME ENCANTA LEERTE ALEX. ES TOY DE ACUERDO.

  2. Agosto 25th, 2010 | antonio dice:

    PUES, QUE PUEDO DECIR, SOY COMO NOS DICEN MUCHOS: COSTEÑO,(CAMPECHE) ME ENCANTA EL MAR AUNQUE MUY POCAS O CASI NUNCA VOY A LA PLAYA. LA MANERA EN QUE NARRAS ES MUY ESPECIAL Y ME GUSTA, MI NOVIA TAMBIEN ES DE UN LUGAR RARO Y ENCANTADOR: LA MISTECA ALTA DE OAXACA (BOSQUE Y MONTAÑAS), Y AL LEERTE PARECE QUE LA ESTOY ESCUCHANDO A ELLA (SE QUEJA DE TODO), QUE LA SALSA, QUE LIMON, QUE LA GENTE GRITA (NO HABLA), ETC.
    ES PARTE DE LOS MUCHOS MEXICOS QUE EXISTEN Y DE LA DIVERSIDAD CULTURAL, QUE PADRE NO?… SALUDOS

  3. Febrero 18th, 2011 | jose paez dice:

    Muy buena descripción, aunque yo no conozco el mar y mucho menos he visto una ola natural, no dudo que para muchos el mar sea lo máximo.

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