Jun
UNA MALA BROMA DE DIOS
–Amor y solidaridad, desierto sufrido
Ciudad Juárez, ayer. A dos cuadras de la casa en que crecí, un soldado dirige el tráfico. Vamos por una cerveza y pasan dos patrullas que nos siguen con la punta de las ametralladoras. Así fue en el aeropuerto, cuando llegué: desconocidos que apuntan a desconocidos y todos, se supone, somos mexicanos. Ayer hubo 24 muertos, pocos más que antier. Desde hace semanas es lo mismo, aunque meses antes, allá cuando lanzaron el Operativo Conjunto Chihuahua, bajaron las ejecuciones. Me dice un amigo periodista que hay 12 mil o 6 mil o 40 mil efectivos militares en la ciudad, “pero como si hubiera tres, dos, o cien mil. Da lo mismo. Volvieron los ejecutados, las extorsiones, los secuestros. Se han multiplicado las violaciones de mujeres en la ciudad; también las desapariciones. Otra vez están cerrando los negocios. Matan a catedráticos, a luchadores sociales. Amedrentan a periodistas.”
Quien conozca Juárez, cualquiera que haya vivido aunque sea un fin de semana en esta frontera, podrá darse cuenta de primera mano (y ojalá el resto del país nunca se entere en carne propia) del fracaso de la guerra contra las drogas. Por más que quiera venderse como “valiente”, cada día queda más claro que es negligente. Que una madrugada lleguen a tu casa cien militares encapuchados, de negro, sin orden de aprehensión, sin conocimiento de un juez, y te levanten de tu cama, obliguen a tus hijos y a tus padres a levantar las manos y a tirase al piso y te batan los cuartos… Que te suceda a ti, y a tus vecinos, y a los otros, y a aquellos, todos los días… Que vivas en tu propia ciudad como si estuviera ocupada por soldados extranjeros… ¿Quién se merece esto? ¿Cómo llegamos a esto?
Yo no creo que el Ejército mexicano esté haciendo un mal papel. Está haciendo el rol que le encargaron, y punto. La estrategia del presidente Felipe Calderón contra las drogas era eso: militarizar al país. Qué lástima que nadie pudo decidir otra cosa; qué lástima que no se buscaron otras opciones, más allá de las armas. ¿A quién le preguntaron cómo llevar esta guerra, además de los estrategas de imagen y electorales? ¿Por qué el resto de los mexicanos no participamos en la decisión, si a quien menos iba a afectar es a quienes la tomaron?
Ciudad Juárez, ayer. El tema: los derechos humanos. Todos tienen una historia de violaciones qué contar. Todos se han comprado una Constitución, o la han despolvado. Algunos están documentando lo que sucede, y no es porque mis amigos periodistas se hayan unido a organizaciones civiles, sino porque la información está brotando a pasto y no hay manera de desahogarla públicamente. Entonces la guardan para mejores tiempos, para cuando llegue la inevitable hora de hacer un balance de lo sucedido aquí. Imposible que no se haga. Este balance lo hacemos los mexicanos o lo harán organismos internacionales. Pero se hará. Una guerra se libra aquí y está siendo observada. La historia la juzgará.
“Cada quien tiene su archivo de casos, de temas”, me dice una amiga. “Pero por supuesto que no los tenemos en casa. A la mía ya entraron los soldados dos veces.”
En medio del desierto, los quelites buscan lanzar una flor. La gente trata de rehacer su vida. Pero con la contracción de 18% en las manufacturas durante el II Trimestre de 2009, en una ciudad-maquiladora, el sexenio del desempleo parece ya una burla, una mala broma de Dios.
Los que pueden, se “brincan el charco” una noche de fin de semana y cenan en El Paso, Texas. La ciudad hermana se ha portado solidaria con los juarenses. El crimen organizado no brinca hacia allá, pero su mano es larga. Cuando quisieron extorsionar al dueño de una agencia de autos, se llevó el negocio a El Paso. Un día le pagaron un auto en efectivo y le pidieron que lo llevara a Ciudad Juárez. Lo llevó. Lo ejecutaron. Pagaron un auto para ejecutarlo. Así se las gastan. Querían “darle una lección” a los otros: de los criminales nadie escapa. Con soldados o sin soldados en la calle. Y están en lo cierto.
En una pared de la Secundaria Federal Número 1 había una imagen que no se me olvida, aunque el tiempo la borró. Eran las manos de José Clemente Orozco conteniendo, frenando. Y dos ojos severos que lanzaban la consigna: “Violencia genera violencia”. Da miedo tanta verdad.





La llamada “guerra contra el narcotáfico” es la forma más tonta de enfrentar al narcotráfico. El Narco es como la cabeza de la hidra, cortas una y nacen de inmediato otras tantas, así en el narco, se detienen o matan a jefes o bandas del narco y surgen otras tantas y así será irrmediablemente si el narco sigue siendo un gran negocio que ofrece las mejores utilidades de cualquier otro negocio en el mundo. Así el balance al cabo de los años será totalmente previsible: más mexicanos muertos (inocentes y no), miles de millones de dólares en operativos, armas salaios, spots de tv, etc; miles de detenidos (culpables y no), viviendas allanadas(como la tuya y miles más), inseguridad en las calles y un ejército desprestigiado…. y un tráfico de drogas vivito y coleando, con otros nombres, rostros y centros de operación, pero pujante, como ahora. Esto hay que enfrentarlo con inteligencia, hay que decirle a Calderón que Rambo solo triunfa en las películas y que quienes lo llevan a esta guerra, no esperan que gane, sino que se enlode. Y no es que me preocupe la imagen de Calderón, es su bronca, me preocupan los efectos en la población de esa guerra inútil, estúpida.
Alejandro, a pesar de las malas noticias con las que dormimos y nos despertamos, el oasis sigue más vivo que nunca en este desierto de Juárez.
Te escribo porque quiero agradecerte en el alma tu compañía en la presentación de Paracaidas…ha sido todo un éxito, todos los libros se vendieron, nos están pidiendo más, el evento fue gratificante y como te habrás percatado Juárez, necesita de estos eventos, la people de verdad queire un respiro, Juárez está viviendo este paracaidas que no abre. Gracias mil gracias por todo tu apoyo.
poblanito tuvo una pesadilla, caminaba por las calles de nuestra ciudad y veía como intimidaban y cerraban las calles para golpear a maestros que se quejaban por un mal gobierno, veía como se llevaban a los educadores presos, como las mujeres eran golpeadas sin ningún toque mínimo en la razón, corrió muy rápido, a tomar en San Felipe un camión que lo llevara lejos del suceso, y unos tipos con dirección a San Martín balacearon a la gente del transporte, era un asalto, fija sus ojos en una abuelita que abraza a su nieto; como un Señor cuida a sus hijos, y como en promedio la vida de esas cinco personas costo diez pesos, porque se dio cuenta de que el chofer pagó 50 al poli que permitió la subida de esas personas al camión, ya no sabía a donde huir, en quien confiar, solo recuerda que veía anuncios de “pena de muerte” “así si gana la gente…” y estaba invadido de menciones y escuchaba voces de “píensale y vota”
Como era de suponerse despertó empapado de sudor, se relajo, vio su reloj eran apenas las 3 am, iniciaba lunes y él, no estaba muy convencido de que todo aquello había sido solo un mal sueño…
Creci en Cd Juarez, ahora vivo en El Paso, y aun asi, relativamente lejos de ahi, es indudable como antes la violencia se veia a distancia. Recuerdo cuando podias decir, “leiste lo que le paso a este hombre? lo acribillaron en un bar”. Ahora es “los soldados entraron a la casa de mi hermano y lo golpearon y amenazaron, voltearon los cuartos al revez y le robaron todo”. Yo decidi no volver a ir, para que? Parece que con el hecho de ir a comer corres peligro de cualquier cosa. Lamentablemente no creo que las cosas se arreglen, al menos no por el momento. O quien sabe, tal vez nunca se arreglen. Las personas estan matando por solo $1,000 por persona. Se puede llegar mas bajo que eso?
Saludos!
al acudir a votar este 5 de julio le comente a mis amigos y familiares que tome la desicion de anular mi voto, y porque la tome ? es porque le quiero decir al gobierno que estoy indignada y desilucionada con todo lo que esta ocurriendo aqui en chihuahua, que esta violencia ya se salio de sus manos, que pais estamos heredando.