Pasaremos, también, a la historia

06/27/07 7:08 AM por Alejandro Páez Varela

“CASA DE SITIOS” ES UNA COLUMNA QUINCENAL
QUE SE PUBLICA EN DÍA SIETE

pacman.jpgToru Iwatani se retira de la industria de los videojuegos. Y qué, dirá Usted, si no está muy enterado del personaje. Pues bueno, es el autor de Pac-Man, el juego más popular de todos los tiempos. Nacido en 1955 en Tokio, Japón, Iwatani pertenece a una generación de innovadores que cambiaron nuestro mundo, que condujeron los primeros pasos de una revolución interminable. Lea esta entrevista que le hizo Vh1 a principios de 2007. El visionario diseñador habla de muchos temas. Es muy simpática su argumentación cuando niega que el haber hecho fantasmas femeninos esté relacionado con la misoginia (“es un enemigo [el fantasma] pero a la vez es amigable, querible”, dice); o cuando explica que todo su equipo para hacer Pac-Man fueron cinco personas, incluyéndose él mismo. Me llama mucho la atención que, en una industria archimillonaria, Toru, trabajador de Mamco, no se haya vuelto rico con su invento. Dice: “La verdad del asunto es que no hubo un premio por el éxito de Pac-Man. Yo era sólo un empleado. No hubo cambio en mi salario, o un bono, o una mención oficial [sobre el autor] de algún tipo”.
Antes de irse, dice, a dar clases en la Universidad de Artes de Osaka, ha lanzado una última edición de su invento. Se trata de Pac-Man Championship Edition, hecha especialmente para el torneo de XBox en Nueva York. Con esa se despide, afirma. Si le interesa ver el trailer, acuda a YouTube en esta dirección.
En otras entrevistas recientes, Iwatani ha insistido en que el futuro de los videojuegos no está en manos de los profesionales, sino en anónimos, principalmente “nativos” de la tecnología (menores de edad por lo regular) que tienen una buena idea y encuentran en desarrolladores, estos sí profesionales, un apoyo para digitalizarla. Y ha recordado, como ejemplo, a otro de los grandes que, como él, se volvieron celebridades en el primer tramo de la revolución digital, a mediados de los ochenta: Alexey Pajitnov, el científico ruso que inventó Tetris, el simplísimo juego que tantas horas de oficina se ha comido, bendito sea Dios. Pajitnov creó el juego siendo ciudadano de la Unión Soviética, y el gobierno comunista explotó los derechos y lo comercializó. En 1993, dos años después de que la URSS se disolvió, el desarrollador decidió irse de su país para empezar una nueva empresa en Estados Unidos. Así llegó a emplearse hasta el Microsoft. Decenas de versiones de Tetris han salido desde que el mundo conoció la primera. Pajitnov mismo ha lanzado su última puntada, Tetris Zone que, igual al primero, es sumamente adictivo.
A sus 52 años, Toru Iwatani no es un hombre viejo. Pero ya quiere llevársela tranquila. Poco a poco se irán retirando los padres de la digitalización de nuestras vidas, y así, los que empezamos con juegos vectoriales o de bajísima resolución como Shark Jaws, Gun Fight, Astroids, Pac-Man, Space Invaders, Dig Dug, Pong o Qbert, pasaremos, también, a la historia. •

EL CUARTO APARTE

La historia de los videojuegos apenas se está escribiendo

Spacewar! fue desarrollado en 1961 y es uno de los primeros videojuegos

El invento de la computadora tiene sentido por los videojuegos, y ya

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A Juan (1967-1995)

06/25/07 1:38 AM por Alejandro Páez Varela

We all want to be big stars,
but we don’t know why
and we don’t know how

-Adam Duritz

Y después de todo, somos sólo gente ordinaria.
–Waters, Wright

Hubiera preferido verte muerto en Ámsterdam, sí, allá y de lo que quisieras. Pero tuviste que morirte en Juárez, esa ciudad de poetas solititos que ni siquiera alcanzaron la maldición. Lo único por lo que respeto tu determinación es porque pocos te recordaron ese día, ni aun a los que les diste tanto de tu esfuerzo y tu trabajo.
Con esta, son dos de las veces que llego a Juárez y me encuentro con que tengo que asistir a un funeral. La primera fue hace unos meses, cuando murió Godoy; la segunda es la tuya. Y no sé si agradecerlo o dejarlo pasar, pero analizándolo bien, me hubiera gustado estar presente cuando José Antonio Corral, el pelón, colgó los guantes; o haberme dado cuenta por lo menos el día en que Yonékura abandonó los tenis y no por otra cosa sino por melancolía de la vida.
Es una suerte de sepulturero, sabes, la que me persigue. Ese sepulturero del que hablábamos tu y yo en la jardinera central del Diario de Juárez: el sepulturero que huye de la muerte.

Supe de tus últimos meses, así como el que se acuerda de sueños. Conocí, por preferencia, de lo que hacías. No fue difícil imaginarte caminar esas calles de Juárez, arrastrando la frente en el cielo gris, sufriendo las penas de los brandys y las caguamas. Supe de ello, de esa triste historia del hombre.

Vi a tu madre junto a ti, cuando estabas tendido, hermosamente descontento de la vida, sin corbata, barbudo. No pude evitar la tristeza por ella y ella lo recordará: no lloré. Salí de la funeraria, me tomé un terciado en Los Pajaritos y volví a llorar. Lloré por ti toda esa noche, porque fuiste tú como pude ser yo, porque fue tu madre como pudo ser la mía.
Creo que pocos te comprendieron. Y sigo pensando en Juárez, el ingrato que acabó con tu días. Pero debo decirte que siempre hay un Juárez ingrato en todos los caminos; lo malo es no hacer nada para esquivarlos. Como yo.

¡Tengo tanto qué recordar de ti! Cuando, por ejemplo, por una aberrante injusticia y por tu culpa me quitaron el puesto directivo que fungía en una empresa. O cuando amanecimos, en casa de Ale, escuchándote tocar la guitarra la única canción que sabías, en clave de sol. O esa vez en que nos corrieron de un bar porque decías que traías dinero y a la hora de verle la cara al cajero se te había olvidado la cartera. O los veranos en que muchos que han tomado el rumbo de los granos del maíz, incluyéndote a ti, tomábamos cerveza por litros.
Pero lo que más recuero de ti es la manera agria en que veías la vida, perfecto para un poeta y pésimo para alguien que vive en soledad; tu irrevocable búsqueda de amigos; tu infatigable forma de vivir, hasta las últimas consecuencias, la prosa, la noche, las lágrimas, la ironía, la tristeza, el desamor, la poesía.
Creo firmemente que merecías más atención, por ejemplo de esas universidades que sólo le publican a una sola gama de profes juanes, de perenganas y fulanos enquistados que viven de la cultura y no viven en la cultura. De eso hablamos muchas veces tú y yo, Juan, y no quiero recordarlo hoy que te has muerto porque poco me importa, hoy que tengo la opción de decidir sin imposición, no asistir a la enésima presentación de Carballo y de Monsiváis, o a escuchar a los josé agustines esos que llegan cada mes a Juárez a hablar de cholos con acento de banda.

Juan: Me puede tu muerte. Me da rabia tu muerte. Me siento tan impotente, acá, tan lejos, mientras que tu alimentas muerte en los pulmones. Pienso que si hubieras escrito esta carta, también habrías tratado de hablarme al corazón: “Es la vida”, me habrías dicho. Esa es la vida, solíamos decir mientras hacíamos experimentos a destiempo con escritura automática, o leíamos a Rimbaud, o Baudelaire, o a Rosales, junto a la ventana de tu minúsculo cuarto, sobre planta alta, en la casa de tus padres.

Juan: En la vida no pasa nada.
Somos, y ahora lo sé, soplidos de alguien que juega a hacer torbellinos.
No te pierdes de gran cosa.

Ciudad de México
Mayo, 1995

Mi Juan Rosales no está en Google. Clic

Us & Them

Us, and them
And after all we’re only ordinary men.
Me, and you.
God only knows it’s not what we would choose to do.
Forward he cried from the rear
and the front rank died.
And the general sat and the lines on the map
moved from side to side.
Black and blue
And who knows which is which and who is who.
Up and down.
And in the end it’s only round and round.
Haven’t you heard it’s a battle of words
The poster bearer cried.
Listen son, said the man with the gun
There’s room for you inside.

“I mean, they’re not gunna kill ya, so if you give ‘em a quickshort,
sharp, shock, they won’t do it again. Dig it? I mean he get off
lightly, ‘cos I would’ve given him a thrashing - I only hit him once!
It was only a difference of opinion, but really…I mean good manners
don’t cost nothing do they, eh?”

Down and out
It can’t be helped but there’s a lot of it about.
With, without.
And who’ll deny it’s what the fighting’s all about?
Out of the way, it’s a busy day
I’ve got things on my mind.
For the want of the price of tea and a slice
The old man died.

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Otra vez

06/13/07 7:00 AM por Alejandro Páez Varela

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Internet subversivo

06/10/07 12:04 AM por Alejandro Páez Varela

“CASA DE SITIOS” ES UNA COLUMNA QUINCENAL
QUE SE PUBLICA EN DÍA SIETE

Meses después del ataque a las Torres Gemelas de Nueva York y al Pentágono, el 11 de septiembre de 2001, Estados Unidos emprendió una cacería de sitios en internet y correos electrónicos que convirtió a millones de cibernautas en terroristas potenciales. Recuerdo, por ejemplo, que aún si entrabas a sitios legales como el de la televisora de Qatar Al Jazeera, que no refleja la manera de pensar la administración Bush (dudo mucho que George W. siquiera piense), bajaba en automático un mensaje en el que el Departamento de Estado decía que acababas de ingresar a un sitio “prohibido”. No se diga si querías acceder a los abiertamente yijadistas, como en su momento lo eran Bahdja, Islami City y después Falloja, en donde encontrabas propaganda militante, mensajes videograbados, y hasta instructivos de contra inteligencia y guerra de guerrillas.
Justificada primero en la Foreign Intelligence Surveillance Act y luego en la Patriot Act, la campaña en internet fue tan agresiva que pocos en Occidente tienen acceso, hoy, a sitios que no estén en árabe en los que se puedan monitorear los mensajes de los grupos islamistas… a pesar de que el último cálculo de Global Security indica que hay 6,000 direcciones web en los que se distribuye información relacionada con actividades terroristas y desde donde se coordinan incluso aportaciones económicas. El FBI tiene 56 oficinas y 103 grupos (task forces) dedicadas a estos oficios. El efecto de tal esfuerzo se nota.
Las fuerzas de coalición han detenido a decenas, quizás cientos de individuos relacionados con internet subversivo. Pero los insurgentes y/o terroristas brotan como hongos. En 2005 cayó Abu Dijana en Irak, por ejemplo; era uno de los más activos voceros de Al Qaeda; distribuía videos de ataques a las tropas de ocupación que él mismo ayudaba a coordinar. Aún así, ya ve Usted, la web está llena de estos mensajes. A diario, uno o dos videos son subidos en Liveleak, que es una especie de Youtube de noticias. ¿Se imagina cuántos circulan en la red que ni siquiera sabemos que existen?
Y no hemos entrado al tema de los correos electrónicos, en donde se libra otra guerra. EU tiene filtros de e-mail. Usted manda un mensaje, y de inmediato detectan palabras clave. Esto activa una vigilancia permanente. Pero si de una dirección de correo web no salen mensajes, ¿cómo detectar actividad subversiva? Los ciberinvestigadores se dieron cuenta que acciones como el S-11 y ataques en Pakistán se coordinaron por correo electrónico… sin enviar un solo mensaje. ¿Cómo se hace? Se habilita una cuenta; un terrorista en EU y otro en Afganistán tienen la clave y no mandan mensajes: los graban en la bandeja de salida. Así convierten la cuenta en un “pizarrón de pendientes”, digamos, que jamás pone a circular correos. Uno deja un mensaje, y el otro lo lee y lo borra.
El tema es inagotable. Ya habrá tiempo y espacio para seguirle. Hablo un poco de esto porque en Unafuente.com leí dos temas exquisitos. El primero es que Al Qaeda estrena vocero. Se trata de Adam Yahiye Gadahn (conocido como Azzaqm el Americano), un estadounidense condenado en su país por traición, que ahora lanza mensajes en inglés para el mundo Occidental. Busque su primer comunicado aquí. Está loquísimo el tipo. Un barbón de turbante, de ojos azules y lentes. A ver cuánto dura vivo este Azzaqm. Seguro lo cuidarán, si es la nueva cara del yihadismo global.
El segundo tema es el nacimiento de un blog en el que un supuesto grupo de narcos mexicanos lanza mensajes a sus opositores y a las autoridades. Lo firma un tal “Heredero de la Federación”, que estaría ligado al Cartel de Sinaloa. Vea aquí: El sitio se llama “Acciones Anti Narco”.
¡Caray! Internet está en pañales todavía. Lo que nos falta por ver… •

EL CUARTO APARTE

Ventana a un mundo bastante fresa y que compite con Youtube

Otra ventana a otro mundo megafresa, que tiene sus chispazos (ver “shows”
y buscar video “Si Darth Vader fuera tu papá…”)

Pero si hablamos de sitios fresas de videos, no se pierda este

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Ni siquiera encuentro la parte que más me duele. No serán los riñones, seguro, ni el hígado ni la boca del estómago ni la cabeza ni los pulmones. Será otro lugar

06/5/07 8:10 AM por Alejandro Páez Varela

–Dedicado a todo el abecedario. Escrito para ser leído con Postcards From Italy, de Beirut

Ni siquiera encuentro la parte que más me duele. No serán los riñones, seguro, ni el hígado ni la boca del estómago ni la cabeza ni los pulmones. Será otro lugar. Nada más cierro los ojos y me llegan agujas por todos lados, en cada centímetro. Nada más me doy un tiempo para pensar y se me atora la matraca del cerebro. Sólo tengo que apagar la luz de la recámara y los ojos se me vuelven de gato y veo, veo mucho, en el techo y en la almohada, en las patas del buró y en la lámpara, y me lastimo.
Qué pena ir al médico con estos padecimientos que no tienen verbo ni predicado. Ubico, para mi historial clínico, cabellos cortos y largos, labios pintados y desmanchados, risas y tristezas y malos sabores. Qué espectáculo voy a dar en una sala de espera junto a los otros que tendrán enfermedades que sí valen la pena. Me duele todo y no encuentro de qué quejarme. Me arde todo y no tengo de qué dolerme, en específico.
Si llego a consulta, le diré al médico que me duele un último tramo del abecedario: Margarita, Mariana, Mireya, Mónica, Nancy, Nadia, Patricia, Rocío, Sandra, Tania, Valeria. Me dirá, para ayudarme, que me toque una parte del cuerpo y la describa. Me dirigiré a él con la misma fórmula, aunque alternada: Adriana, Alejandra, Alicia, Ana, Baba, Cecilia, Clara, Diana, Dinora, Fernanda, Gabriela. O brincaré al arbitrio en mi expediente. A la ele, por ejemplo: Laura, Leticia, Lola. Y aún así, no encontraré la parte que más me duele. Los riñones no son, seguro; ni el hígado ni la boca del estómago ni la cabeza ni los pulmones. Será otro lugar.
Si voy al médico, mejor le diré que me duele todo: el haber nacido, por ejemplo. El ser feliz y ser amargo. Le explicaré, expediente en mano, que tengo un patrón de conducta que me encasilla, seguro, en alguno de tantos males. Que duermo despierto. Que me casé con los moscos y las alergias para no soportarlos. Que renazco por las mañanas y en la noche me vuelvo el diablo. Que lamento estar escribiendo a estas horas porque tantos pizarrones y marcadores y lápices y postits y cigarros no pueden ser saludables. Le diré que no encuentro en dónde me duele y me caen agujas de todos lados.

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