Cariñitos para Tsuki
04/22/07 12:30 AM por Alejandro Páez Varela1
Viajó en una lata de fideos hasta acá, y tuve que disuadirla para que desembarcara. “Soy un haijin en tu piel, y una luna con mango es un gran abanico”, le dije, y eso y dos copas de vino la pusieron blandita como una nata de algas flotadoras. “Tu rostro son las mismas diez palabras de ayer”, la acaricié. “Con tres palabras rojas escribo tu boca; tres son tramos de luna para que armen tu tez; dos más son frutas y por lo tanto, tus ojos, y dos de diez las uso a placer: letra por letra rehago tus cejas, delineo tu cabello, la frente, la nariz, y si me sobran, estiro tus ojos para que sean rasgados”.
“Soy el que te levanta después de un viaje largo”, le susurré, y en un parpadeo lloraba y tuve que comer de sus lágrimas para evitar que se le arrugara la piel.
2
Un día a la semana se vuelve espuma de mar, y yo me recuesto a la orilla para que me cubra con su cuerpo. Los días de descanso abrimos moluscos y escuchamos chismes de familia, y nos gustan las ostras porque podemos depositarles una perla que mastican sin hacer demasiado ruido. Así nació la arena, me explica: es perla molida que escupen los animales del mar, sin excepción.
Como el sol lastima mi piel, como lo mío son los mares secos o los desiertos, ella pega de gritos para que vengan las tormentas, pero a mí no me gusta porque de inmediato se mete en su lata de fideos y allá va, otra vez, a las olas, a la montaña rusa de los tiburones. Y soy yo el que tiene que ir por ella.
3
Una concha vacía me contó que las centellas son los pinceles locos de ella rayando el cielo, “y no es un pancho: la piel de las nubes se reseca y debe hidratarla con tinta que levanta del mar”.
Yo me río de mi concha amable –que sabe bien que no soy de aquí– porque mi niña está más bien perdida, y lanza rayos y centellas como luces de bengala para que yo la encuentre.
4
Esta mujer convierte cada beso en un hijo. Por eso les pone nombre: Tirreno, Alborán, Barents, Negro, Andamán, Caspio, Célebes, Kara, Ojotsk y Laptev.
Cuando se aburre de ellos los lanza a la fosa de las Sandwich del Sur para que un anciano de nombre Zavadovski los adopte y los críe hasta que son maduros.
Otras veces la he visto dibujar con un lápiz pequeño y puntiagudo círculos y rombos y ojos de buey que lanza en mareas para luego recostarse en ellas, si está cansada.
5
Nos despedimos para siempre una mañana, y yo me quedé con el puño cerrado, lleno de letras. Tomó su lata de fideos y se perdió en una tormenta. Mojé mis pies en su vida y me puse a andar, y de mis huellas salieron lagos y atunes que un día le dirán, si ella pierde el norte, cómo regresar a casa.
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Chin, el espacio se agota. Ni modo. Hago una anotación más: creo que el impulso a los impresos debe considerarse estratégico. Como parte del paquete de desafíos que plantean los tiempos modernos. Es tan importante, sostengo, como buscar fuentes alternas de energía, como administrar el agua o como el cuidado del medio ambiente. De ese tamaño.