¿Tienes el valor, o te vale?

09/29/06 3:51 AM por Alejandro Páez Varela

La clase política mexicana merece perfectamente a su clase empresarial. Y viceversa. Están hechos el uno para el otro. Aclaro: no es que yo sea comunista, pejista o comeniños. Es sólo que los empresarios mexicanos, los que se representan en Cámaras y se organizan en bandas, los top-top, me parecen taaan poco solidarios, taaan dobles e inmorales. ¡Y ahora resulta que ellos son la moral del país! Tienen la tele (que es de ellos) llena de consejitos: que llames “por su nombre” a los corruptos, que si tienes el valor o te vale… Empecemos por la misma tele, diría yo, grosera y perversa, que trata de idiotas a los mexicanos desde que tienen un año y durante toda su vida, con programas basura que llaman “educación”. Y con esa basura se vuelven cada día más ricos.
5_deuda_externa_slim.jpgPara ponerle nombre a mi rabieta, pongo a Carlos Slim como el gran ejemplo. Vea: no es el mega empresario continental, y ni siquiera tiene peso, país por país, en América Latina. Pero es el segundo o primer hombre más rico del mundo (según Forbes, según el año) sólo por sus negocios en México, desde donde ha hecho todo su capital. Es decir: con los mexicanos se ha vuelto más rico que los jeques árabes. ¿No les parece inmoral, en este país con tantos jodidos?

˚˚˚˚˚
He escrito esta parrafada porque en días pasados llamé a Cableaccess, la empresa que me da el servicio de Internet, para pedir asesoría técnica. Después de marcar cinco veces mi número de contrato, pasar el filtro de cuatro grabadoras de tonos, por fin tuve acceso a una señorita que me dijo sin más que debía dinero y que mientras no pagara, no me darían el servicio.
“¿Debo?”, pregunté. “¿A quién le debo?”
“A Telmex”, dijo ella.
“¿A Telmex? ¿Marqué a Telmex (desde un teléfono de Telmex, por cierto)?”
“No, a Cableaccess”.
Mi deuda con Telmex: 56.06 pesos. Lo que sucede es que Elenita, quien administra mis chelines, vio que se vencía el periodo y no había llegado el recibo y pagó un promedio. Faltaron unos centavitos y ni Telmex mismo reclamó.
Yo llamé a la empresa que me da el servicio de Internet, con una línea de Telmex, mientras zapeaba en su servicio de televisión por cable. ¡Iluso de mi! ¿Cómo pude atreverme a pedir un servicio si debo 50 pesos a una de las empresas de Slim? Antes no me prohibieron de por vida desayunar en un Sanborns, comprar pan en un Globo, pararme en un Inverlar, o entrar a un Sears, o conectarme con mi familia vía AT&T, o… vivir, porque para vivir hay que pagarle a Carlos Slim.
Estamos jodidos. ¿Quién no se haría archimillonario así? Slim no tiene vergüenza, la verdad. Ni el gobierno, ni los políticos. Dios, qué país. México le queda chico a estos rapaces, por supuesto. Un puñado de ellos al frente del mundo se lo adueñaría en 10 días, pero afortunadamente allá afuera hay otros tiburones que quieren su tajada de nuestra carne fresca, y mientras se la disputan, vamos sobreviviendo.
De alguna manera, Slim es igualito a Kamel Nacif. De Slim no tenemos grabaciones, esa es una de las diferencias. Pero uno y otro son producto de un sistema diseñado para exprimir, alejado del interés publico.

Y, pues pagué a Telmex en ese mismo instante y me liberaron el servicio de asesoría de Cableaccess para que terminara lo que estaba haciendo y me fuera a la cama, lindo y cándido, a bailar a mi madre por el servicio de mis sueños. Todo, desde su Cablevisión.

“Tienes el valor, o te vale”. Por favor. Bola de sinvergüenzas.

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Ya, ya, ya pues. Un poco de humor al final, que ando más ácido que un tamarindo.
Va un cortito del maravilloso Santos, de Jis y Trino.

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La güeva

09/27/06 5:52 PM por Alejandro Páez Varela

•—> (Abajo, regalo de miserable)

Me dan güeva Felipe y AMLO. Hace días escuché en la tele (estaba medio leyendo y medio esperando las noticias) algo de que si la credencial de elector bla, bla. Qué güeva, dije, y le cambié. Y luego, más tarde, escuché que Fox habló sobre “las instituciones”. Qué mierderío, refunfuñé. Me acomodé en el bimotor chingado que me llevó de Monterrey a Piedras Negras y se subió, no lo digo en juego, Patricia Mercado. Sonriente todavía –como en las fotos–, en campaña. “Ya, señora, no joda, por favor”, pensé, aunque lo pensé con palabras más duras.
Yo regresaré al tema electoral cuando sea necesario. Mañana mismo, si se requiere. Soy periodista. De eso vivo.
Me quedé pensando: y la gente, ¿volverá a votar después de esta elección llena de mierda, frustraste, agotadora, poco noble? ¿Volverá la sociedad civil a participar con las mismas ganas?
Preguntas que se quedan hasta aquí. Me da güeva abundar.


||||| Y porque me siento miserable reparto la miseria: Please Let Me Get, de The Smiths. A joderse.

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6:10am. Tirich Mir, cerca de Chitral, Paquistán. Me toca descanso

09/23/06 6:10 AM por Alejandro Páez Varela

Hago una pausa para agregar este post. Está divertido. Les cuento el contexto: después de tremenda borrachera/dominó en el Covadonga con María Minera (que es la sobria más linda), Jacobo, Ricardo Cayuela (no lo conocía y me pareció un buen tipo), Miguel Calderón, Joshua Okon, los Narro, Fadanelli, Montiel y ya ni me acuerdo cuántos más, regresé a mi tarea: llevo algunas semanas dedicando el tercer turno (la madrugada) a buscar a Osama bin Laden. Bueno, a trackearlo. Les aviso o les comparto después lo que haré para DIA SIETE.

Me cargo con algunos datos duros, en los que coinciden los cuatro, cinco sitios de Internet dedicados a inteligencia militar (ay, me salen carísimos)…

Primero: Osama está en algún lugar de la frontera afgano-pakistaní. Ya sabíamos. Agregaré –no prometo que será pronto– esos textos publicados. Lo nuevo nuevo es que, según los informes del gobierno de EU y de los analistas independientes, ronda el pico de Tirich Mir (7,700 metros de altura), por el Hindu Kush, cerca de Chitral, al noroeste de Pakistán, ya cerca de China.

Si tienen GSP, la siguiente guía es oro molido porque la obtuve con 8 horas de trabajo (mientras bajaba todo tipo de software basura). Va:

36°14′45.03″N
71°50′8.42″E

El lugar más cercano a la casa ambulante de Osama es Chitral, un pueblitititito en un valle hermoso, ombligo en las cordilleras del Hindu Kush. Lo habitan pashtunes, que, como sabemos, conforman una de las etnias más numerosas de Agfanistán (gobiernan, por lo menos, las provincias de Paktia y Paktika), y son parte de Paquistán (el “Pa” de Paquistán es por esta etnia). Y son amigos de Osama y de su compinche, el doctor Al Zawahiri.

Desde Chitral, la montaña que esconde a Osama se ve así (la manita señala la casa de Osama):

Tirich Mir copy.jpg

Y así:

Chitral, Pakistán copy.jpg

Con Google Earth Pro como aliado, con los datos GSP, armé esta ruta para darles una idea más clara de dónde está Osama, según la inteligencia militar.

Primero, una vista desde el espacio:

casa de osamaa copy.jpg

Y luego, una continental (sigo usando la manita):

casa de osamab copy.jpg

Después, la vista regional:

casa de osamac copy.jpg

Las siguientes imágenes son con perspectiva, usando la misma guía GSP y la manita para señalar.

Primero, una desde el espacio:

casa de osama1 copy.jpg

Sigue el acercamiento, que alcanza a India (y al resto de la región, por supuesto):

casa de osama2 copy.jpg

Y, finalmente, una que permite ver los hermosos picos de una parte de Tora Bora, mi Tora Bora…

casa de osama3 copy.jpg

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Me encontré este video de Chitral en YouTube. No quisiera desviarme y agregar más texto, pero quiero que noten en este cortito el sincretismo: ¡Juegan cricket! (Herencia inglesa de los siglos XVIII y XIX.) ¡Y lo juegan como si fueran mongoles, como si persiguieran una cabra! (Herencia, claro, de la invasión Khan de hace cientos y cientos de años.) Todo en bicicleta.

UN REGALITO FINAL:
((((( Lean el texto al que conduce esta liga )))))

Y ya.

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Meses, cargador de celular y Melox

09/20/06 2:31 AM por Alejandro Páez Varela

(¡Cómo llueve!)

Pues me estoy preparando para los meses que vienen. Los peores del año. Y cada año, los peores desde los años anteriores. Octubre, noviembre, diciembre, enero…
Me desagrada diciembre, como a muchos, pero más enero. Diciembre tiene lo suyo. Lo comparo con un insomnio crudo en el que enciendes la tele por quinta ocasión y te encuentras al doctor Simi. Lo detestas, seguro. Pero su torpeza, y la torpeza al cuadrado del hombre del peluquín que lo entrevista cada semana, te hace expulsar la miseria lejos de las fronteras de la cobija. Te genera alivio. Con este argumento sobrevivo a diciembre: eres un estúpido, pero siempre, y en todas partes, hay alguien más estúpido que tu. Enero es otra cosa. De entrada, el anuncio formal de que viene mi cumpleaños. Ahora ya no lo festejo. Hace dos, tres años atrás, sí. Ya no. Ni expongo razones. Enero me cansa: un largo año más por empezar. Laaargo año para esperar a ver si resisto. Laaargo año esperando morboso el final para derrotar a mis propios apostadores internos, adictos a este juego de destruirse en silencio.
***
Desde niño me acostumbré a no hacer ruido en las despedidas. O a no despedirme siquiera. Por el trabajo de don Aure, mi padre, hice la primaria en seis escuelas diferentes. Las mudanzas llegaron sin previo aviso para un mocoso que no tomaba decisiones; así que un día estás y el otro ya no. Las últimas veces que dejé un barrio ni dramas hice. Observé a los amigos por la ventana de la camioneta; abanicaban la mano, asombrados de alguien que se cambia de ciudad sin avisar siquiera. Les torcí la boca. Y antes, antes de subirme al auto, ayudé a empapelar sartenes y a llenar fundas de almohadas con calcetines, ignorando que afuera de mi casa, en la banqueta, mis amigos seguían atentos la mudanza (todos los niños lo hacen) y se preguntaban en qué momento les avisaría. Nop. Nel pastel. Me voy, ¿eh?, nos vemos.
Ese gusto me he dado muchas veces. Para darles una idea: soy del tipo de amante que no regresa jamás, ni siquiera porque ha olvidado el cargador del celular en la casa prestada.
Después, bueno, tomo Melox y asumo mis agruras. Recuerdo los rostros queridos y abandonados y río de mí, doctor Simi de la tele (que el otro viaja en BMW), estúpido adicto al dolor y a los insomnios, a los recuerdos que lastiman y a los remordimientos, del que seguramente pocos se acuerdan. Y yo sí, aquí estoy, recordando…

(Sigue lloviendo. Me voy al cuarto a ver la tele, a reírme de mí).

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Ya llegarán, también, los muertos

09/18/06 10:44 PM por Alejandro Páez Varela

Esta tarde subí dos textos que escribí más o menos en la misma época. Abajo los encontrará, si quiere. Algunas razones para no morirse joven fue publicado por Guillermo Fadanelli en Moho; el segundo, Recortes de Afganistán, por Rogelio Villarreal, en Replicante.
Ahora que me he dado a la tarea de buscar, sin obsesiones, algunos de los textos que he escrito en estos años (ay, que no llevo archivo), me ha sucedido lo que pensé que sólo pasaba con los libros viejos: me da alergia. Abro un documento de Word y me salen ronchas en la piel y se me dificulta la respiración. Serán (son) los recuerdos, polvo que son horas irrecuperables, ácaros sobrantes de la memoria. Por estos dos textos recordé a Fadanelli y a Rogelio en otra época, cuando un grupo de amigos nos veiamos una, dos veces por semana. A Guillermo lo sigo viendo, aunque no tan seguido; a Roger lo dejé de ver.
No pasa nada. Nada. No quiero decir nada. Sólo sumo y resto: Guillermo se irá para Alemania, Ari Volovich anda en Israel, Rogelio está en Guadalajara, Mauricio Montiel se salió de La Condesa, Javier Garciagaliano viene poco por los rumbos, Mauricio Carrera anda en lo suyo. La lista sigue y es larga. Y sólo hablo del Club de Tobi. El caso es que ahora nos vemos poco todos juntos, o por separado. El hígado estará contento. Yo no.
Es que uno (“uno el de mi mamá”, diría Fernanda Solórzano, ahora también lejos) siempre se está yendo hacia alguna parte. O los amigos. Es sólo eso. Así se fueron los tiempos de Ciudad Juárez o los de la Colonia Nápoles en el DF.
Y los que faltan: ya llegarán, también –y de manera inevitable–, los muertos.

PD: Agregué además Hay muertos que no hacen ruido. Es de, uy, años más atrás. Pero por lo de las listas y los recuerdos, creo que justificaba.

Foto_091806_001.jpgPD2: Salió Educar a los Topos, de Guillermo Fadanelli (Anagrama, 2006). —>
Lo empiezo ahora. Nos reímos mucho Willy y un servidor, porque mi amigo se guardó uno de los pocos ejemplares que le llegaron para regalármelo en persona. Nos quedamos de ver varias veces y no coincidimos. Así, mi libro vio cómo un perro le mordía un ojo a una golfa –dijo Willy–, y se libró de quedar en manos de un mesero que, también dijo, se parecía a mí. Pinche Willy.
Reescribo la dedicatoria:
Para mi hermano Páez, esta absurda correría final. Espero que no se repita, ni esta novela, ni esta noche, ni esta década, es decir: por el error de haber nacido.
G. Fadanelli [o algo así, a manera de rúbrica].

Un gran abrazo, querido amigo. Felicidades.

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Algunas razones para no morirse joven

09/18/06 10:09 PM por Alejandro Páez Varela

Robé la idea de Cabrera Infante: me apasionan las listas.
1. La lista
2. del
3. súper,
por ejemplo.
O,
1. la lista
2. de razones
3. para
4. no morirse
5. joven.
También está
1. la lista
2. de menús
4. robados
5. en restaurantes.
Hago listas de personas, de recibos por pagar, de planes de trabajo, de rutas al aeropuerto o de restaurantes baratos, caros y medio caros. En primaria aprendí varias listas de asistencia; unas seis, seguro; algunas las recuerdo. Pero me gradué de panzazo –con 7.2– y no es raro que olvide lo que dije diez minutos antes. Es claro, pues, que soy estúpido y obsesivo: ¿por qué me aprendo solamente lo que no sirve (sabiduría chatarra, diría Cri)?
Este texto, por citar, es producto de una lista. Estaba marcado como pendiente en un apunte que hice en cierta borrachera con Fadanelli. “1. Texto Moho*”. (Cuando lo leí, a la mañana siguiente, recordé con bochorno que yo mismo me invité a escribir). (Se llama abuso: aproveché la parranda del editor, Guillermo, y lo convencí para que me dejara publicar algo).
Y, bueno, tengo lista personal. La íntima. Mi propio top-ten de asuntos complicados y pendejadas pendientes. Están en calidad de ser resueltos, pero unos tienen dos o diez años. Hasta más. Un tema pueden subir al número uno de manera vertiginosa, o de plano jamás haberlo escalado. Nada más porque sí, un recibo de teléfono vencido es asunto más importante –según esta lógica ilógica– que darle un poco de coherencia a los días de mi vida. Caprichos del que cocina: ir por especias al súper es siempre candidata a escalar en el primer lugar de mi lista de prioridades.
Últimamente (ay, será la edad) escaló a los primeros lugares de mi lista un asunto recurrente: morir o seguir viviendo. No hablo de suicidio, para nada. Es algo más egoísta: es decidir entre si mantienes la vida que llevas –“y asumes las consecuencias”, como diría cualquier mamá–, o te haces un check-up, te metes cuanto antes a la yoga y vives largo.
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Recortes de Afganistán

09/18/06 4:44 PM por Alejandro Páez Varela

Afganistán me atrae desde hace años. Jamás he ido y ahora dudo que la vida me permita, en el corto plazo, pisar esa región del mundo a la que la dinastía mongola Khan no pudo domar, aunque dejara la huella de su paso allí (sobre todo en el norte y en las provincias colindantes con Irán, la antigua Persia). Seguí, desde los periódicos en los que trabajaba, la guerra civil que precedió a la invasión soviética; luego los Estudiantes del Corán tomaron Kandahar y me prendió la idea de que, en pleno siglo XX, una turba de fanáticos guiados por un misterioso muyahidín tuerto, el Muláh Omar, pretendiera imponer un gobierno que aplicara la ley coránica como en los años en los que el profeta Mahoma cabalgaba por las cercanías de Medina y La Mecca. Con la creciente relevancia de los hermanos incómodos, los internacionalistas de Al Qaeda, decidí leer a Sayyid Qutb (1906-1966) y otros ideólogos del islamismo revivido, como Hasan al-Banna (1906-1949), el Ayatolah Ruhollah Jomeini (1902-1989) o Jamal ad-Din al-Afghani (1838-1897), fundamentales para entender el ánimo que inspira a la mayoría de los movimientos yihadistas contemporáneos.
Afganistán me apasiona y me parece inaudito pensar que esos guerreros barbudos han alterado el rumbo de la historia del siglo XXI.
Escribí en 2003 los siguientes relatos breves. Toman datos reales y construyen sueños y pesadillas. Me permiten, desde acá, imaginarme (sin conocer) momentos y espacios de allá.

1 He escuchado que Osama no usa reloj para que los satélites y los aviones espías no lo encuentren. Yo no puedo abandonar este corazón estruendoso, y por lo tanto espero a que, de un momento a otro, caigan las bombas.

2 Sucede en las provincias de Paktia y Paktika que, en últimas fechas, inexplicables temblores de tierra ponen en alerta a los de por sí asustados pashtunes. Los estadounidenses han aflojado la actividad militar en la zona y Tora Bora, se dice, quedó libre de terroristas y malnacidos. No hay explicación lógica, pues, para este fenómeno que se sucede en estos días, aunque yo me niego a aceptar que tus pezones existen nada más porque sí, y que no trascienda nuestra excitación hasta el subsuelo cuando los muevo, con cariño, a manera de botones de radiotransmisor.

3 Me he atrincherado para no entregar las armas. El paso de tus acorazados habrá de aniquilarme, y lo sé: no hay guarida que resista tus ojos de mortero.

4 Los aviones vieron abajo un puntito rosado que era un camello. Creyeron que éramos nosotros. Yo les hice señas desde el otro lado del planeta para que nos alcanzaran, para que nos hicieran pedazos. Pero no: la tragedia huye de los que más la necesitan.

5 Voy de tu Kunduz a tu Kandahar sin prisa pero alertado. Recorro los caminos naturales de tu piel y espanto a los ladrones nocturnos con besos que hago estallar, sin concesiones, en cada centímetro de tu perímetro. Dosdum, Ismail, Omar y otros espíritus chocarreros intentan espantarte de mi lado, y yo, guerrero de tu Jirga, los combato con el arma que no requiere sino un solo disparo: el desamor. Recorro desnudo tu Nimruz y me entrego a tu Herat, y justo en la frontera de tu Khost admiro el tamaño de tu bondad, enorme, porque has dejado pasar a tantos de tan mala fama, y a tantos de tan escaso corazón.

6 He dejado que me crezca la barba porque me lo has pedido; he permitido que la uses como camita y como mechero de quinqué. Me he vuelto una montaña de burka azul, y en mi manto de tierra y cielo corren nubes y ríos y nacen amapolas. Peshawar se ve a lo lejos; adivino tus intenciones.

7 Chaman, sí, Chaman. Y luego Queta. Y de allí, en tren a Zhob. Yo diré adiós. Tu sacarás tímida la mano de tu burka, pero no saldrás de ella porque en esa tienda de campaña azul (que es tu prisión) hemos construido un hogar sin mis sartenes, y sin arroz.

8 Vamos a volarnos un Buda, mi amor. Vamos haciéndolo pedazos. Que sea tan grande como una montaña y necesite mil kilos de dinamita. Y luego, cuando todos se volteen, tomamos los pedazos de piedra y construimos un templo en tu corazón dedicado sólo a mí. Anda, di que sí. Anda, ven.

9 ¿Escuchas cómo suenan las bombas ilegales? Si no fuera por los muertos diría que son trombones de esta orquesta en la que quisimos estar.

10 Voy trenzando historias tristes, las que más me duelen, para recurrir a ellas en las noches y ponerme a llorar por todas las razones, menos por ti. Escojo las que hablan del mundo, porque entiendo que ya no estás en él. Tomo Kabul, Mazar-e-Sharif, Herat. Tomo Kandahar. Yo, como Omar, veo hacia atrás y me arrepiento de las cosas que hice y quisiera hacer más. Soy Talib sin estudiar el Corán. Soy miliciano de cualquier culto —me repito, me grito, me digo— menos el tuyo.

11 Corramos, volemos, saquemos fuerza para cruzar el Hindu Kush. Detrás de una montaña estaremos a salvo. En las cuevas de tu corazón quiero esconder el mío.

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La hermana Doña María murió célibe

09/14/06 12:29 AM por Alejandro Páez Varela

Lea qué cosa. El fragmento que presento a continuación es parte de una carta enviada al sitio unafuente.com desde Temoaya, Estado de México, hace unos días. En aquél sitio, BÚSQUELA EN “COMENTARIOS”.
Es una larga carta que firman “MANUELA Y MI HERMANA LIC. AZUZENA PEDRAZA DAMIAN, MIRIAM ARACELY RANGEL TAPIA, GEMA PIÑA NAVA”. Les comparto un párrafo. Una chulada, en serio. Vea qué México es nuestro México.

    “Nuestros Hermanos, de la religiosidad, por que mis padres han sido siempre muy fervientes, que nos liga una Consagración de m i hermano y amistades, y amigas como una madres de la Betania radicadas en Temascalcingo, me gustó su carisma religioso, solo que había elementos que hacia los míos, no fueran correspondientes, ya que ellas se consideraban muy elitistas, por haber sido fundadas por el mas significativo descendiente del pueblo y ricachon, que fue sobrino de el Obispo Leopoldo Ruiz Flores, que me fui enterando que fue primo de Don Antonio Chaparro y casado con doña Guadalupe Ruiz, que tuvieron tres hijos, el padre José, el padre fundador de las Betanias, el Padre Felipe Chaparro Ruiz (fue muy breve canónigo de la Santa Basílica de Guadalupe, México DF.), y el hermano Don Antonio Chaparro Ruiz, que fue presidente Municipal de Temascalcingo, tuvieron una hermana que murió célibe Doña Maria de la Paz Chaparro Ruiz, que murió alrededor de los años 1970 (que promovió por la platica que le escucho una de sus sirvientitas de donas su casa para una causa religiosa, que le encomendó ese trabajo a su apoderado Legal Fernando del Mazo). Todos involucrados después de la guerra cristera, para tener un instituto de capacitación, camuflado de escuela secundaria, que después de su traslado ordenado por el primer obispo de Toluca, Don Arturo Vélez Martínez haya por el año 1963, o sea que de los periodos de los inicios de la guerra cristera de los años 1920”…

Conste que es un textual. No le moví una coma. Es un carta de denuncia y un rosario –que no un botón– de muestra de un submundo religioso en un México profundo que no deja de sorprenderme. Es el submundo de la “hermana que murió célibe, Doña María de la Paz Chaparro Ruíz”, o de Carlos Abascal, nuestro secretario del interior.

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