LAS COPIAS ORIGINALES DE TIA MARIE

10/31/04 5:20 PM por Alejandro Páez Varela

PUBLICADO EN DÍA SIETE

–A Elías Montañéz-Alvarado, 1956-2004

BANGKOK. No he visto una ciudad más gris, y aún la alegría de Tia Marie parece deslavada: pocos en Milán, París, Nueva York o Londres estarán tan informados de los últimos modelos de la haute couture como ella –que vende copias fieles de Burberry, Louis Vuitton, Boss–, pero Tia viste un ridículo cinto “Play Boy” y anda descalza. Ciudad gris. Ciudad de tallarines secos o caldosos, con muchos pobres y algunos ricos, en donde millones de fotos de la reina compiten con los espectaculares de Pepsi, y a no más de 25 pasos de los mejores hoteles huele a drenaje abierto, el agua de los grifos sale tan espesa como chocolate y la gente pisa la suciedad con las plantas desnudas.
–¡No, no, hundred and twenty bath, ¿capito?!–, agita el índice Tia-gordita, Tia-risueña y resuelta, Tia políglota y comerciante, Tia que carga fajos de 100 dólares en la cintura y vive en un edificio parecido a una ficha de dominó vista por el lado flaco y alto. Hay más de los suyos aquí. Serán familia y empleados. Huele a sopa picosa de pescado, y más tarde confirmaría, al subir por los laberintos de este palacio wat de ilegalidades, que la han comido. Hay platos sucios en el cubo de la escalinata. Detrás de las puertas se escuchan niños y adultos, pero no uno ni dos, sino bastantes. Entiendo, conforme voy subiendo, que cada piso tiene su especialidad: unos guardan bolsas y cintos, otros chamarras o relojes.
Bangkok-tallarines. Bangkok-gris. Tia sabe 10 idiomas a pedacitos, o conoce las frases suficientes para contener al más agresivo de los muchos regateadores que le llegan de todo el mundo para comprar principalmente ropa, relojes y bolsas hechos con los mismos diseños y materiales que los originales (o que son, a veces, piezas originales que no se documentaron en los inventarios de París o Londres o Nueva York).
Bangkok-tallarines: te los comes y vives entre ellos: miles y miles de kilómetros de cables de teléfono y energía eléctrica hacen ver a la metrópoli, desde el nivel del suelo, como un plato de sopa. Bangkok-gris: de día la contaminación, de noche la lluvia repentina y poco duradera del monzón, dos o tres veces en unas horas, y neblina, sobre las amontonadas casuchas neblina. Neblina sobre el río Chao Phraya, que inunda en su camino los arrozales de las mesetas tailandesas, que divide la ciudad en barrios y pasa junto a hoteles de lujo, proyectos de construcción inconclusos desde la crisis de 1997, y palacios imperiales. Arteria viva que baja del norte, el Chao Phraya (Río de los Reyes), visto desde las alturas aparece moteado por cientos de barcos de arroz, antes con idem y ahora cargados de refrescos y autopartes, familias o turistas, y materiales de construcción, vastos. Porque esta ciudad, parece, se está rehaciendo completita, aunque no haya manera de imaginar que alguien pueda moverle una teja de barro sin pisar 100 mil callos. Continuar »

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