TRAS LOS MUROS DE LA UTOPÍA

04/8/01 5:09 PM por Alejandro Páez Varela

PUBLICADO EN DÍA SIETE

MOSCÚ. En la puerta de la Casa-Museo Alexander Pushkin, dos ancianas cortan los boletos de entrada, hechos en papel revolución, y apuntan los nombres de cada visitante (directo de sus pasaportes o credenciales) en cuadernillos de pastas rojas. Aburridas, encuentran divertido explicar a los visitantes que deben ponerse, sobre los zapatos, unos huaraches de cuero para que no rayen el piso. E igualmente encantadas piden los abrigos y los guantes, porque nadie entra a un museo en Rusia con ellos puestos.
Y ya adentro, otras mujeres de 80 años o más vigilan, una en cada habitación. Sonríen felices cuando alguien llega, porque es evidente que pocos visitan este lugar que un día fue el departamento de uno de los poetas preferidos
de Iósif Stalin. Son empleadas del Estado. Unas limpian, otras vigilan, todas esperan. Habrán
estado allí desde que terminó la Revolución de 1917, y no han abandonado su tarea, y no han retirado de ningún lado la hoz y el martillo —como en casi toda Rusia— a pesar de que la Unión Soviética desapareció hace 10 años. Simplemente están allí, reciben su salario, platican silenciosas y pasean por las recámaras que, por cierto, no tienen sino muebles del siglo antepasado y unas plumas y unos textos originales, amarillentos, que el poeta dejó antes de morir en un duelo de amores. Continuar »

Archivado en » TRABAJO PERIODÍSTICO | Enviar | Un comentario »