De aviones y cosas peores

07/9/00 1:08 PM por Alejandro Páez Varela

A Juan Rosales ( 1967-1995)

Es un hecho: disfruto con delicia del avión en tormentas nocturnas, y más cuando están llenas rayos que semejan la espada justiciera de Dios anunciando la tragedia. Me había preguntado por qué; ahora me queda claro: es de esos pocos momentos en los que uno se siente acompañado en el espanto.
Unos cuantos saben lo que es sudar todo un vuelo, y lo hermoso que es, para los miedosos, el momento en el que la frágil mole de acero se tambalea. Te burlas de los demás porque eres el decano, el que se conoce las oraciones, el único que aplica el truco de levantar un poco de trasero y apoyarse en el piso con la punta de los pies ( para volverse amortiguador humano). Te burlas porque mientras los valientes sufren, has resuelto que un remedio infalible es estar borracho.
Sin embargo, los fóbicos sabemos que las tormentas duran poco y que hay que estar preparados para el pavor permanente. De allí que rondar la desgracia se vuelve remedio breve, porque el avión se estabilizará tarde que temprano; es por eso que subir borracho es, con mucho, la solución más consistente. Continuar »

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