20
Ene

AÚN EN LA OSCURIDAD

/// ESE OTRO QUE SOY YO/// PUBLICADO EN EL UNIVERSAL

No tengo ganas de escribir y no tengo manera de explicarlo. A los periodistas nos gusta confiar en que todo se arregla con el deadline, con la hora de cierre. La prisa, la presión y la responsabilidad, decimos, es una mezcla virtuosa que nos obliga a empezar y agotar los textos a la hora prevista. Hice lo que debía, de acuerdo con mi oficio: sin ganas de empezar, esperé el deadline. No sirvió de nada. Simplemente no tengo ganas de escribir. Hago un esfuerzo extraordinario para liberar cada una de estas ideas.
Tampoco tengo ganas de hablar. Imposible explicar por qué. Quisiera decirles que estaría mejor si no me saludan en la calle o en un restaurante o en mi oficina; me obligan a responder y, de verdad, no quiero hablar. Si pudiera me encerraría en un torreón con muros de diez metros de espesor para no ver, ni ser visto. Ya adivinaron: no quiero mirar. Ofrecería mil días de mi vida si alguien me garantiza que puedo quitarme los lentes (soy casi ciego sin ellos) para no ver a nadie durante la siguiente semana. Sepa Dios por qué no quiero mirar o ser visto.
Honestamente lo que más quisiera es no sentir. Tengo un sueño recurrente en el que floto, y no es lo que quiero. No sentir es no sentir es no sentir. Nada. Es lo más cercano a estar en coma, un coma especial que dé garantías de que regresas cuando debes porque no quiero un túnel que me lleve no sé a dónde ni cosas de esas, no: quiero no sentir. Si eso implica no comprender, no quiero comprender. Quiero estar lejos de flotar y comprender; quiero no sentir. Entiendo a quien me diga que es extraño desear algo tan subjetivo y abierto a discusión, pero no le responderé porque no quiero discutir. Ni una idea, ni una frase, ni una nada: no quiero argumentar. Y no sé por qué no quiero sentir o argumentar. Simplemente no quiero, y ya.
No quiero disentir, creer, crecer o levantar el brazo. No quiero mirarlos a los ojos y decirles lo que pienso con la firmeza del merolico, del dictador, del que se cree las cosas que dice, del soldado o del funcionario público, del periodista o del escritor. Como León Felipe, no quiero hacer reír a nadie. No quiero abrazar, domar, desear, soltar, medir, lastimar, caminar de la mano de alguien o de cara al sol. No sabría explicarles por qué. Sólo sé que prefiero no escribir, no hablar, no mirar, no sentir, no argumentar, no discutir, no comprender.
Quiero dejar de pensar. Eso: dejar de pensar. No me interesa lo que pienso en estos días. Y si alguien me pregunta qué es lo que siento, les pondré una imagen: la de un árbol caído. La de una lechuga, también. O una nube en la mitad de la tormenta. Y nada de lo anterior soy, ni nada de lo anterior me siento. Entonces no sirve de nada que me lo pregunten: ni yo mismo lo sé.
No quiero ver hacia atrás porque el sol que se oculta a mis espaldas me encandila. No quiero ver hacia enfrente porque la sombra que se me adelanta hunde lo que me espera.
(No quiero verte en el fondo del vaso, en el anuncio de celofán que arrancó un estornudo del viento, o en la chistera de las madrugadas. No quiero darme la vuelta y encontrarte en la esquina; escribir y dedicarte una letra; hablar y decir tu nombre, o sentir cualquier cosa que te refiera. No quiero comprender, disentir, pensar. No quiero escribir, pero tampoco quiero apagar la luz porque no sirve de nada: aún en esa oscuridad, estás tú.)

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Esta entrada fue publicada el Miércoles, Enero 20th, 2010 a las 12:20 pm y archivada en POSTS. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de RSS 2.0 feed.

comentarios

4
  1. Enero 21st, 2010 | Avril dice:

    Yo no tenia ganas de leer y mirame¡¡¡¡ inmersa en tus letras.
    Te debo mi sonrisa de los miercoles que fue en jueves.
    Saludos con admiración.

  2. Enero 21st, 2010 | Mari dice:

    Qué justo me queda eso en estos momentos.
    Saludos!

  3. Enero 24th, 2010 | César García P. dice:

    El último párrafo es asombroso.
    Un saludo Ale.

  4. Abril 2nd, 2011 | Carlos S. Rangel dice:

    Ah, maestro Páez, si supiera… me siento precisamente así en este momento, no hay palabras más precisas, cómo quisiera no pensar, diluirme… muchas gracias por permitir que me refleje en sus líneas

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