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DARDOS: PRESUNTO INOCENTE

Pensé muchas cosas la madrugada del domingo 3 de abril, cuando un comunicado de la Policía Federal informaba sobre la detención del periodista Alejandro Suverza por “una operación con recursos de procedencia ilícita”. Pero ninguna de las cosas que pensé me llevó a dudar de la inocencia del acusado.
Conforme pasaron las horas y todo me indicaba que nadie daría la cara por él (las primeras notas fueron copia literal del boletín que lo inculpaba), decidí escribir un texto para mi blog. Dije: en un país de montajes, en el que los ciudadanos y los periodistas dudamos de la probidad de las autoridades policiacas, el reportero es inocente hasta que no le demuestren lo contrario.
Suverza es inocente, es inocente, es inocente hasta que un tribunal diga que es culpable. Así lo escribió aquella madrugada dolorosísima el amigo que soy de Suverza. Así lo escribo ahora, con el corazón apretado y chiquito. Pero también lo dicen las leyes: el Ministerio Público debe aportar pruebas, y un magistrado debe juzgarlo antes de declararlo culpable como lo hicieron el boletín de prensa de la Policía Federal y las notas publicadas el lunes 4 de abril por algunos medios.
Una semana después reflexiono. ¿Me arrepiento por haber brindado a Suverza mi apoyo, aparentemente de ojos cerrados? No. Por muchas razones, no. La primera es porque hasta que no sea juzgado tiene derecho a ser presuntamente inocente de lo que se le acusa. La segunda, simple y llanamente porque lo conocí en la brega diaria, y allí fue, es, un tipo entrón, valiente y honesto; así lo suscribimos todos los que trabajamos con él. Y la tercera razón por la que no me arrepiento de haberle apoyado es porque obré como obra un amigo: es inocente, es inocente, es inocente, dije. Y digo ahora. Un juez determinará si cometió un costosísimo error o si se le quiere implicar en algo que no hizo.
El tiempo y la justicia dirán lo que sigue. Y en algún momento de lo que sigue, Alejandro Suverza tiene la palabra; él ha decidido, y ha pedido, que continúe el proceso legal sin interferencias.
Si se comprueba que le tendieron una trampa y no es culpable, él sabrá qué hacer y muchos periodistas, más incluso de los que él habría calculado, nos sumaremos a su causa. En el caso de que sea culpable, él también tiene la palabra; creo que le deberá una explicación a mucha gente.
Por lo pronto me bajo del tema. Ahora le toca a Suverza y a sus abogados. Yo hice lo que hace uno que duda de las policías mexicanas. Hice lo que hace un colega. Hice lo que debe hacer siempre un amigo: ofrecerle, como mínimo, el derecho de la duda frente a una acusación que era tajante e injusta porque él no había pasado por un juez.
Por lo demás, recomiendo leer las 10 lecciones que nos escribe Marco Lara, uno de los periodistas que tuvo contacto con Suverza en estos días. Están en este mismo blog. Las suscribo.

2 comentarios

  1. Me uno a esa causa, maestro.

  2. Obviamente te creo más a ti y tu palabra que a estas ineptas autoridades y sus retorcidos “REPORTES”, ánimo mi HERMOSO.

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