LOS PECADOS DE JERRY
11/9/03 1:33 PM por Alejandro Páez VarelaWilliam G. Boykin llena perfectamente el perfil de aquellos que llamamos “extremistas religiosos”. Cristiano-evangelista, conservador, macho, nacionalista y blanco, este general retirado cree en un “ejército de Dios”.
Jerry, como le dicen sus cercanos, es un hombre con estrella. De por sí colmado de bendiciones –el solo hecho de ser blanco en una nación racista–, además es el encargado de perseguir, hasta el infierno si es preciso, a Osama bin Laden y a Sadam Husein. Esta última encomienda no es una orden celestial, pero para él, como si lo fuera: fue George W. Bush quien le hizo los dos encarguitos, y oficialmente es él quien los busca para quitarles la vida en cuanto muevan la colita, o asomen las orejas.
El general Jerry no salió de una sopa Maruchan o en un cereal de caja. Acumula condecoraciones, luce medallas. Realmente se desconoce a fondo cuánto ha hecho porque su carrera se fortaleció con años de trabajo dentro de la supersecreta Delta Force del ejército de Estados Unidos. Sí se sabe que formó parte, por ejemplo, de las brigadas que capturaron por primera vez a Pablo Escobar (quien después se fugó y organizó su apocalíptica despedida con cargo a miles de colombianos). Estuvo entre aquellos heroicos estadunidenses que entraron en 1980 a Irán (quienes fallaron en el rescate de rehenes y mandaron a un avergonzado Jimmy Carter a su casa… aunque ahora tenga Premio Nobel). Estuvo en 1993 en Somalia y enfrentó a los Señores de la Guerra (casi todos ligados en hermandad con Al-Qaeda), en aquel sangriento episodio de sangre y balazos que posibilitó el libro Black Hawk Down y la película de Ridley Scott.
Hace 13 años que Jerry se retiró. Pero no ha dejado de mantenerse en activo. Hoy, su nueva asignatura presidencial lo mantiene viajando de Pakistán a Irak, de Arabia Saudita a Estados Unidos, o de Afganistán a Indonesia. Como mínimo. Quizá tenga tantas millas acumuladas que si viaja durante el resto de su vida, no se las acaba. O quizá aceptó esta chamba (¿quién lo sabe?) porque le faltan millas y pensaba reunirlas.
Ah, pero cuidado, general Boykin, que el cielo se pinta de rojo. Y un hombre como usted sabe que, en las regiones desérticas, eso sólo significa una cosa: es polvareda la que viene.
¿Té en Islamabad?
Jerry Boykin debe llevar una vida con muchas mañanas amargas. Pocos podrían no entenderlo. Pasar la noche en las calles de Bagdad es hoy la experiencia más estresante del planeta (casi 50 soldados estadunidenses se han suicidado desde el inicio de la invasión). Y los otros lugares donde está la materia de trabajo de Jerry andan por las mismas. ¿Se pueden caminar tranquilamente las lujosas banquetas de Arabia Saudita? Mala idea. ¿Cervezas en un bar de Yakarta? Ni intentarlo. No, sentarse a tomar té en un cafetín de Islamabad no es seguro, Jerry. Miles en el mundo pagarían por volarle la cabeza.
Pero Jerry no se asusta de lo que ve, a pesar de los bombazos (de ¿resistencia o terrorismo?; rechazo, llamémosle) que buscan alejarlo, a él y a los de su tipo, de las tierras que para los musulmanes son santas y están siendo violadas. Jerry no se amedrenta por los talibanes, reorganizados por el Mulá Omar y otros señores feudales, que ya tienen bajo su control extensos territorios de Afganistán. Tampoco hacen mella en su ánimo los cerca de 400 mil estudiantes del Corán que esperan su turno en Pakistán, ni los millones que en Indonesia comparten las ideas de los ofendidos de Palestina.
No, eso a Jerry no lo asusta. Osama y Sadam caerán, cree, porque representan el mal, y la paga del pecado es la muerte.
Jerry no se asusta porque el dios de los musulmanes es un dios menor. No tienen el tamaño de su Dios, ni Mahoma ni Alá, y no son más que un anuncio imantado en el refri, cree el general. Y lo dice.
El predicador
Hace no mucho, en junio pasado, Jerry acudió a una cita con un grupo religioso de Oregon. Iba vestido de riguroso uniforme militar: botas bien pulidas, chaqueta con medallas. Allí les dijo que los islámicos radicales odian a Estados Unidos porque “nosotros somos una nación cristiana, porque nuestros fundamentos y raíces son judeo-cristianos… y nuestro enemigo es un individuo llamado Satán”.
Ante otro auditorio cristiano, Jerry habló, este mismo año, sobre su lucha contra los Señores de la Guerra en Somalia. Dijo que al dialogar con uno de ellos, “yo sabía que mi Dios era mayor que el suyo. Sabía que mi Dios era un dios real, y el suyo era un ídolo”.
El año pasado, el general tuvo encuentros similares con otras organizaciones religiosas. Ante una de ellas, Jerry habló sin rubor sobre un supuesto ejército de Dios, su dios: “Nosotros, en el ejército de Dios, en la casa de Dios, un reino de Dios hemos construido desde hace tiempo”, expresó.
Cuando hablaba con los de Oregon, Jerry incluso ungió a George W. Bush como el Presidente de Dios. Dijo: “Él está en la Casa Blanca porque Dios lo puso allí”.
Todo lo anterior (el fanatismo de Jerry y la pasión por un ejército de Dios) no estaría fuera de lo ordinario si los días fueran justamente normales. En fin, que Estados Unidos se ha caracterizado por sus largos periodos conservadores, de gobernantes fanáticos. Pero hoy las encuestas dicen que el presidente Bush está perdiendo aceleradamente la confianza y la presencia frente a los votantes. Y el próximo año son las elecciones. Y George W. quiere otro periodo. Y los musulmanes creen, en un 81 por ciento (según cifras del mismo gobierno de Bush), que los estadunidenses sólo quieren aprovecharse de ellos. Y la resistencia en el mundo árabe crece: muertos a diario en Bagdad, levantamientos armados en las montañas de Afganistán, focos de resistencia en Asia y en otras partes del mundo. Hasta América Latina vira hacia la izquierda en las narices de los “halcones”, por citar.
La verdad es que las frases del vaquerito Jerry no ayudan en nada. Refuerzan la idea de una nación extremista (que lo es), vende la noción de un imperio desbocado (lo es). Más allá, su actitud provoca cerrazón del ciudadano musulmán común, y complica desde el trabajo de inteligencia hasta el de sobrevivencia, en momentos en que el número de soldados muertos durante la posguerra es mayor que el de los caídos en combate formal.
Jerry parece no preocuparse, aunque en la sombra, los ojos del desprestigio acechan. ¿Qué dios, entonces, es el de Jerry, que se mancha las manos de sangre? El mismo que el de Osama. ¿Qué dios es el de Jerry, que no se tienta el corazón para castigar con bombas y descuartizados? El mismo que el de Sadam. ¿Qué dios es el de Jerry, que castiga y no ofrece la redención? El mismo que el de cualquier extremista, sea musulmán, judío o cristiano.
Jerry parece no preocuparse, pero en la sombra acecha el desprestigio, de él y de los que, como él, creen en un ejército comandado por un dios vengativo y peleonero, alejado de la paz, amante de la codicia.•
9 NOVIEMBRE 2003
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Comentarios (Un comentario)
[…] (clic →) LOS PECADOS DE JERRY William G. Boykin llena perfectamente el perfil de aquellos que llamamos “extremistas religiosos”. Cristiano-evangelista, conservador, macho, nacionalista y blanco, este general retirado cree en un “ejército de Dios”. (clic →) AEROPUERTO BAGDAD La inconformidad contra George W. Bush crece en Estados Unidos. Pero nadie compre las encuestas de popularidad: en cinco años, el presidente ha dado fuertes revires a sus adversarios. Y cuando algunos ya lo dan por acabado, remonta. Pero no deja de ser notorio que la calificación reprobatoria no responda al fracaso en Irak –la más grosera de sus decisiones–, cada día más evidente, sino a la reacción tardía frente a Katrina, al aumento en los precios de las gasolinas y en los impuestos, y a los colaterales de estos temas centrales. Así se ratifica que a los estadunidenses no les importa el mundo (en el que influyen), sino los asuntos domésticos. Fíjese cómo el mandato de Bush ha sobrevivido al renacimiento de los Talibán o al crecimiento en la actividad de Al Qaeda (que ahora envía afganos a Bagdad para aprender de los triunfos de Abu Musab al Zarqawi). La Casa Blanca se ha sobrepuesto a la inmoral ocupación e incluso a los casi dos mil norteamericanos muertos en Irak. La pregunta es: ¿por cuánto tiempo más? […]
alejandro páez varela » Blog Archive » Un post en tiempo real (y los últimos textos agregados) / Septiembre 12th, 2006, 5:23 pm / #
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