Los intocables
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Alejandro Páez Varela

El mundo se va a acabar

EVADIENDO VIETNAM

Septiembre9

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¿Cómo salirse de Irak? Hemos dado poca importancia a esta pregunta, porque está la otra, que parece más urgente: el cuándo, cuándo terminará la invasión estadounidense en Irak. Pero en el cómo desmantelar físicamente a un numeroso ejército que edificó bases militares fijas (porque pensaba quedarse más tiempo); en el cómo salirse sin exhibir el tamaño de la derrota, está el cuándo. Hay varios escenarios para ese cómo. El autor analiza algunos de ellos.
PUBLICADO EN DIA SIETE

Algo que me atormenta es la certeza
con la que la administración Bush está convencida
de que Dios está de su lado y que ellos están siguiendo
un plan específico. Así que si el plan A no funciona, no hay plan B.
Y eso es ideológico…

–Madeleine Albright,
secretaria de Estado con Bill Clinton

Estados Unidos se retirará de Irak. Por razones muy variadas, la comunidad internacional lo demanda, la orgullosa administración Bush lo acepta, y los iraquíes, insurgentes o aliados, lo exigen con fecha de ya.
La pregunta, sin embargo, no es si será mañana o dentro de 10 años, porque cualquier respuesta siempre estará subordinada a una primera gran duda: el cómo se hará.
Cómo se irá, de cara a sus ciudadanos y al mundo, sin que se vea la magnitud de derrota.
Y cómo se irá físicamente; es decir: cómo transportará a unos 150 mil efectivos; cómo desmovilizará millones de toneladas de equipo y municiones; cómo desmantelará bases y fortificaciones que construyó durante tres años, cuando el plan era otro: quedarse.
pie_in.jpgEl primer “cómo” tiene que ver con la búsqueda de un escenario que permita al gobierno del presidente George W. Bush salir lo menos raspado. ¿Cómo salirse? No hay muchas opciones: dejar que la guerra civil tome curso; ayudar a una fracción para dejarla en el poder (como gobernaba Sadam Husein), o simplemente cerrar el capítulo y asumir el fracaso total sin mirar hacia atrás.
El segundo “cómo” parece ordinario; se trata de un desplazamiento militar de regreso a casa. No lo es. De hecho, es tanto o más importante que el anterior. Hay que recordar Vietnam: cuando el Ejército del Pueblo tomó Saigón, el 30 de abril de 1970, Estados Unidos tuvo que sacar a su gente de manera bastante penosa. La foto del pequeño helicóptero sobre la embajada, con una cola enorme de desesperados norteamericanos buscando un lugar para ser evacuados, se convirtió en el emblema de la derrota. Los generales en Irak no se lo pueden permitir. ¿Cómo, entonces, salir de Irak?

De la huída al califato
Thomas E. Ricks, dos veces ganador del Pulitzer; reportero de The Washington Post y de The Wall Street Journal; con experiencia de cobertura informativa desde Somalia, Haití, Corea, Bosnia, Kosovo, Macedonia, Kuwait, Turquía, Afganistán y ahora Irak, tiene sus propias teorías de cómo será la retirada. Y en ninguna, George W. Bush y el ejército norteamericano salen bien librados.
En su libro “Fiasco. La aventura militar de Estados Unidos en Irak” (The Penguin Press, 2006), Ricks plantea cuatro escenarios, desde el “mejor” hasta uno de pesadilla para Occidente. Para explicarlos, usa soluciones de anteriores invasiones, guerras frontales y guerras de guerrilla en los que ejércitos regulares de potencias militares han participado.
En un mejor escenario, dice Ricks, Estados Unidos resolverá su salida de Irak como lo hizo en Filipinas. Aquella fue una intervención que se convirtió en un conflicto a nivel piso: pronto, las fuerzas de ocupación tuvieron que combatir casa por casa como en Irak, y formaron policías regionales de contrainsurgencia para que los fueran suplantando. Esta guerra duró de 1899 a 1946 y fue dolorosa, larga, costosa, llena de víctimas civiles y militares de un bando y de otro. Es decir: la solución en Filipinas no fue una victoria contundente, o siquiera tangible.
Estados Unidos tiene esta opción, pero complicará aún más el apoyo doméstico a Bush cuando su popularidad anda por los suelos. Este es el escenario más viable ahora, dice Ricks. Resistir, formar cuadros, asumir la pérdida de vidas, dinero y apoyo, hasta tener una fuerza local confiable para dejarle el país, y salir. ¿El problema? Bush ya no tiene tiempo para concretar el plan largo. Vienen elecciones intermedias y después, su salida de la Casa Blanca.
Para un escenario medianamente bien librado, el especialista utiliza los ejemplos de Francia en Argelia e Israel en el Líbano, dos conflictos “resueltos” ya en la segunda mitad del Siglo XX. Básicamente se trata de un abandono del campo ocupado para dejar el reacomodo a las fuerzas internas. Hay diferencias, claro: cuando Francia se retiró, el gobierno de Argelia quedó en manos de una facción contraria a la potencia externa; en el caso de que Estados Unidos deje Irak, Bagdad estaría bajo control de aliados… por el momento. No sólo Ricks: la mayoría de los analistas dicen que si el ejército de EU se va hoy, para antes de que haya salido el último soldado innumerables poblaciones habrán caído en manos de la insurgencia, lo que llevará a un golpe de Estado o a una toma violenta de la capital (que es lo mismo), y luego a un regreso obligado de Estados Unidos porque, sin duda, Irak quedará en manos de radicales que serían una pesadilla, no el chiste que fue Sadam Husein. La ventaja de esta salida es que Bush aplacaría de momento las enormes fuerzas internas que demandan el fin de la guerra… pero a la vez se echaría en el seno a los verdaderos alacranes: aquellos que le piden que se quede, cueste lo que cueste.
El peor escenario, según el analista, es que estalle en todos los frentes una guerra civil. (Aunque aún con la presencia de Estados Unidos, esto ya está sucediendo. Se contiene, por supuesto, por las acciones militares, pero en la práctica lo es). Esta guerra será total porque Bush no logró unir las fracciones ni con un supuesto proceso interno de democratización de los órganos que toman decisiones. Los curdos buscarán apropiarse de territorios petroleros en el triángulo suníta, por decir; los chiítas y los sunitas tratarán, por todos los medios, aliarse con fuerzas externas para avanzar, y no importa si son contrarios a Estados Unidos. Obviamente será una masacre que hará más dramático el fracaso de Bush en Irak y, peor, demasiado vistoso el fracaso de su ejército en el terreno. Todas las fuerzas serán centrífugas y el país se dividirá. Es muy probable que pronto sunitas, chiítas y curdos marquen fronteras y que sus autogobiernos no sean democráticos, sino teocracias militares (si no es que radicales musulmanes) que tienden, por supuesto, a contraponerse a Occidente. Estados Unidos perderá toda autoridad moral. Y saldrá básicamente para no dedicar vidas de su ejército a separar a los que están de pleito. Las fuerzas extranjeras como Irán, Siria y Arabia Saudita no quedarán ausentes del conflicto. Intervendrán por razones de seguridad doméstica (para no permitir que crezca un grupo que atente contra sus intereses) y por ganar posiciones estratégicas. La guerra se hará regional, en suelo iraquí. Recuérdese Afganistán, de 1979 a 1989: entre otros, los saudíes participaron aliados a Pakistán en la guerra contra los soviéticos para imponer incluso sus propias versiones del Islam. Será el caos. La ONU misma estará en una posición agotadora, de sólo pensarla: si Estados Unidos no pudo pacificar, ¿qué pueden hacer los Cascos Azules o una fuerza multinacional allí? Nada. Esperar a que se despeje el polvo, y luego ayudar a recoger a los muertos. Y mientras, la actividad terrorista, bajo este escenario, se activará a niveles que jamás hemos visto.
El escenario de la guerra civil es el peor, pero está el apocalíptico para los intereses de Estados Unidos y sus aliados. Los especialistas como Thomas Ricks vienen fortaleciendo la idea de que Irak (y Medio Oriente en general) está creando un caldo para un gran líder, un pacificador en el que la gente de a pie canalice su esperanza y su energía destructiva. Una encuesta del Oxford Research Internacional, hecha en 2005, reveló que el 74.8% de los iraquíes prefieren un “hombre fuerte”. Es decir, otro Sadam Husein; pero uno que vea por todos los pueblos sin distingos. Ricks juega con esa idea en sus escenarios y dice que puede ser nacido curdo, con madre sunita y padre shiíta. Es posible. “Puede ser joven, energético, moral, modesto, incluso austero, que huya de la riqueza y viaje en un viejo Volkswagen…” Es posible, por supuesto.
Los califatos (gobiernos bajo las leyes del Islam) en el pasado se han formado en condiciones similares. Eso fue el medieval Saladino, o Salah ed-Din Yusuf, llamado “el unificador de la fe”. Su califato se extendió por Egipto, Siria, Palestina, Arabia, Yemen y Mesopotamia (hoy Irak). Los musulmanes lo respetan y reconocen tanto que hoy sus estatuas van del desierto a la costa por todo el mundo árabe y más allá. Saladino fue un ferviente defensor del Islam y particularmente de la ortodoxia religiosa representada por el sunnismo, según las biografías.
Las dictaduras seculares y religiosas en países aliados de Estados Unidos, como Arabia Saudita, Egipto o Kuwait; la corrupción, la represión, la injusticia, la pobreza y errores acumulados (como invadir Irak) generan malestar en toda la región y dejan muy mal parado el concepto de democracia que Occidente intenta vender para la zona. Entonces, dicen los especialistas, un califato ortodoxo (algo similar, aunque más radical, quisieron el Mullá Omar y los muyajidines para Afganistán), tolerante para dar entrada a muchas corrientes pero fuerte para enfrentar al exterior, podría convertirse en un desestabilizador para el actual orden mundial. Las condiciones se construyen a diario. Habrá que ver.
Ah, y, claro, este califato no podría siquiera ser soñado bajo auspicio de Estados Unidos. Nacería, de hecho, alimentado por el rencor hacia Occidente (acentuado por el lodazal de Bush en Irak).
George Bush padre invadió Irak y su hijo, W júnior, terminó por derrocar al enemigo de la familia: Sadam. Hasta allí todo bien.
Historiadores como Francis Fukuyama, analistas y especialistas en el tema coinciden en que de 1991 a 2005 (primera y segunda invasiones) se escribió sólo la primera parrafada de un capítulo de la historia en el que los Bush (o Estados Unidos liderado por los Bush) desatan una vorágine con destino incierto. Una cosa es clara: el tramo que está por escribirse es largo, y será a costa de muchas vidas. Los cuatro escenarios anteriores no dan esperanzas ni para el pueblo iraquí, ni para una opción airosa que busca la administración Bush para decir cuándo empieza la desmovilización.

Vietnam, y el signo del fracaso
Fred Kaplan, uno de los más reconocidos analistas internacionales de inteligencia militar (y autor de la columna Historias de Guerra de la revista de Internet Slate), cuenta que en febrero pasado los generales estadounidenses en Irak hicieron una peculiar petición a sus historiadores y archivistas: busquen los informes de los 1970 relacionados con la salida de tropas de Vietnam. Los generales, dice, estaban especialmente interesados en los detalles sobre procedimientos para transportar propiedad militar, y en la secuencia precisa de una “desmovilización”.
“El mensaje fue muy explícito –narra Kaplan, premio Pulitzer, reportero de los mejores diarios estadounidenses y hoy analista de las revistas líderes–: tendremos pronto una retirada de Irak. Cuando empiece, puede fácilmente salirse de control. Así que necesitamos, ya, un plan para una retirada exitosa”.
Tres años antes, sin embargo, los militares dieron señales contrarias. Hicieron preparativos para una larga permanencia en Irak. “La muestra más tangible es la red de Bases Operativas Delanteras (FOB, en inglés). Hay más de 70 dispersas en Irak, muchas de ellas renovaciones de bases militares y palacios presidenciales de la anterior red de Sadam Husein. Algunas FOBs son apenas un puñado de cuarteles, pero más que una docena son complejos extensos, evocadores de las guarniciones en la Alemania occidental a partir de días de la Guerra Fría”, dice Kaplan.
Las bases más grandes, describe, son pedazos fortificados de un Estados Unidos común, surreales bajo el desierto, repletas de Burger Kings, Pizza Huts, cafés Internet, cines de estreno, gimnasios y piscinas.
El campo Anaconda, cuenta, es hogar y lugar de trabajo de 20 mil efectivos y 2,500 contratistas privados. “El campo Cooke es tan enorme que un autobús lo recorre de un extremo al otro. En el campo Halcón los ingenieros de ejército tuvieron que traer en 100 mil toneladas de grava apenas para construir los caminos reforzados”.

La estrategia equivocada
El analista explica la aparente contradicción: hace tres años, Estados Unidos pensaba que quien estuviera al frente del gobierno iraquí lo necesitaría durante un largo tiempo. Que controlaría al país, y que luego dejaría un Estado que dependería militarmente de su presencia.
Pero las cosas cambiaron. Y ahora, parece, no existen condiciones para que el ejército de Bush se quede mucho tiempo en Irak, como explicaba anteriormente Thomas E. Ricks.
En el último año, el ejército iraquí ha estado creciendo y ha estado mejorando. Pero el Pentágono, dice Fred Kaplan, estima que sólo la mitad puede casi conducir una operación del combate.
“Las razones son llanas: los militares iraquíes no tienen ninguna fuerza aérea, ningún cuerpo centralizado de inteligencia; tienen escasos aparatos de logística, y solamente un batallón armado. Consecuentemente, no pueden coordinar un plan de batalla, defender las fronteras, proporcionar ayuda desde el aire, o proteger líneas de batalla. Para realizar estas tareas básicas, necesitan una fuerza exterior profesional. Y a menos que algún otro país se involucre pronto, esa fuerza exterior tendrá que ser los Estados Unidos”, dice Fred Kaplan.
Hacer todo como si se fueran a quedar, fue una terrible estrategia para los generales estadounidenses, entonces. Una ancla pesada difícil de levar.
De acuerdo con informes citados por el analista, por cada soldado estadounidense que sale al campo en esta guerra, hay cinco de apoyo. Un ejército especializado provee balas, bombas, vendajes, piezas de repuesto, kits de reparación, combustible, alimento, agua… Es decir: de 130 mil soldados de EU en Irak hoy (o poco más), solamente cerca de 25 mil son tropas de combate.
Entonces, una vez que el ejército iraquí esté solo, de todas maneras requerirá de 20 mil a 30 mil externos para logística, ayuda desde el aire, inteligencia, etc…
Hace tres años, Bush planeaba quedarse en Irak, controlar al país. Ya vimos que no. Los escenarios a futuro, todos, son adversos.
Si Irak se desmorona; si la guerra civil es incontrolable, como plantea Thomas E. Ricks, y el ejército iraquí se divide en fracciones; si Estados Unidos se ve obligado a salir antes de verse más enlodado, el ejército de Irak quedará desprotegido. Error de cálculo.
Se mantiene la preocupación: ¿Cómo será desmovilización del ejército norteamericano? En otras palabras, ¿cómo evitará que la de Irak sea una salida tan desastrosa y humillante como lo fue la de Vietnam?

Bush frente a la debacle
Para Fred Kaplan, si Irak se vuelve todavía más ingobernable en el mediano plazo, la administración Bush tendrá cuatro opciones:
1. Intentar parar la guerra civil, es decir, enviar más efectivos.
2. Escoger un lado y luchar junto a él y, entonces, entregarle Irak. Dejar otro Husein, pues.
3. Salir rápidamente.
4. Permanecer neutral, hasta que el humo se despeje.
Kaplan no ve una salida abrupta, debido a la capacidad militar instalada por Estados Unidos cuando creía que estaría por largo tiempo en Irak.
Incluso, lo ve imposible, y desmenuza ese escenario:
“Si decidimos irnos, el personal saldría en helicópteros y aviones de carga. Misiles y municiones serían explotados en el terreno. El equipo pesado plantearía un problema. El ejército americano tiene en Irak cerca de 450 tanques M-1, 700 vehículos de lucha de Bradley, 300 vehículos Stryker, y 700 armados para personal M-113 en Irak, que se podría mover por el aire, pero no rápidamente. El C-5, el avión militar de carga más grande, puede llevar apenas dos M-1; el más grande siguiente, el C-17, puede llevar solamente uno”.
Continúa: “la mayor parte de que estos vehículos se irían como llegaron: por Kuwait o al norte a través del Kurdistán a Turquía…”
Esto no durará un día, ni dos, ni tres semanas.
El “cómo”, entonces, se complica.

Listones en Texas
La gran mayoría de los analistas de inteligencia militar (de publicaciones restringidas o de thinktanks) coinciden en que lo mejor que podría pasarle a Estados Unidos es encontrar un Sadam Husein para Irak. El que tenían no supieron administrarlo y tuvieron que eliminarlo (recuérdese que el dictador fue aliado hasta poco tiempo antes de la invasión a Kuwait). Ahora, este líder brutal y represor es más necesario que nunca. Irak sería otro hoy (o, por lo menos, el que fue con Sadam), no ese enorme caldero de extremistas, campo de entrenamiento de radicales islamistas. Y terreno de la vergonzante derrota.
En Texas, estado norteamericano que aporta una cantidad fuerte de hombres a la guerra (y con bases militares fortísimas), entre los simpatizantes de Bush y de la presencia en Irak, que son muchos allí, empezaron a aparecer nuevos engomados de apoyo. Antes, en las casas y en los autos se usaba un listón amarillo con letras caladas que decían: “nosotros apoyamos a nuestra tropa”. Ahora el listón lleva los colores de la bandera y la leyenda: “estos colores no están hechos para la retirada”.
Por eso el “cómo” es tan importante: ¿Cómo les explicas en casa que esa retirada es lo mejor? O, más crudo, ¿cómo les dices a esos tantos padres que la desmovilización se puede evitar, poniendo en más alto riesgo la sangre de sus hijos en Irak?
¿Cómo le explicas a un país que no tenías razón, y que llevaste al desierto a tus propios jóvenes a morir, por tu error, por orgullos personales, por una causa injusta, por un encono innecesario, ante un enemigo mal comido, mal vestido, mal armado, del que menospreciaste su mejor munición: la dignidad? ¿Cómo le dices que fracasaste?

3 comentarios en

“EVADIENDO VIETNAM”

  1. Octubre 22 del 2006 a las 12:15 am IRAK, EL SEGUNDO VIETNAM — unafuente.com opina:

    [...] [...]

  2. Octubre 26 del 2006 a las 7:38 pm Masacra la OTAN a decenas de civiles en Afganistán; es la peor tragedia desde que EU invadió, en 2001 — unafuente.com opina:

    [...] [...]

  3. Noviembre 08 del 2006 a las 4:18 pm DESPUÉS DE LA DERROTA ELECTORAL, BUSH SE DESHACE DE SU “ESTRATEGA” FRACASADO EN IRAK… CUANDO LA GUERRA SE VA PERDIENDO — unafuente.com opina:

    [...] El secretario de Defensa de Estados Unidos, Donald Rumsfeld, presentó su dimisión, según informaron diferentes canales de televisión estadunidenses, citando a la Casa Blanca. El presidente George W. Bush anunciará oficialmente la decisión. Rumsfeld se encontraba bajo creciente presión, también entre sus propias filas, debido al persistente caos en Irak. Sin embargo, todavía la semana pasada Bush había respaldado al ministro y rechazado las críticas. El sucesor del renunciante secretario de Defensa de Estados Unidos Donald Rumsfeld será el ex director de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) Robert Gates. La imagen es de AP. [...]

No lo publicaré

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