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“¿Esto es autocensura? Si quieres, sí. Pero el término me parece poco elegante y fantasioso. Esto es sobrevivencia”
NOTA: No soy muy afín a los cebollazos (menos los autocebollazos), pero creí pertinente publicar este pequeño tramo de una entrevista que me hizo hace unos cuantos meses Marco para su libro. Lo veo útil. A ver si sirve esta opinión para formar criterios. Le servirá leer todo el ensayo de Marco, dando clic aquí (PDF)
TOMADO DEL LIBRO
“MÉXICO: EL MÁS MORTÍFERO PARA LA PRENSA”
DE MARCO LARA KLAHR
• PUBLICADO A PROPÓSITO DE LOS ÚLTIMOS ATENTADOS CONTRA PERIODISTAS, Y EL ASESINATO DE AMARO RAMÍREZ, CORRESPONSAL DE TELEVISA…
Alejandro Páez Varela, directivo de VERSALITAS, periodista él mismo y experto en procesos de reingeniería de periódicos, es claro en esto: «Vamos partiendo de un hecho: «[...] a nadie le importa si te matan, seas un directivo o un reportero. El gobierno federal no ha hecho absolutamente nada por aclarar los ‘levantones’, las ejecuciones, como no lo ha hecho con el resto de sociedad civil; mucho menos los gobiernos locales. Los policías no investigan, no se comprometen, no hacen tu trabajo. Entonces, pregunto: en este estado de excepción, en donde no existen garantías para el ejercicio de nuestro oficio, ¿vale la pena arriesgar el pellejo frente el narcotráfico, un poder que es real, que coexiste con el Estado o desde el Estado, o es autorizado o fomentado –la impunidad eso hace– por el Estado? Soy de la idea de que no.
«En los últimos años he trabajado como consultor en varias empresas de medios. He visto y atendido, con mis compañeros consultores, casos de corrupción en diferentes redacciones; hemos participado en la decisión de separar a miembros sobre los que existen sospechas de colaboración –o se han comprobado– con fuerzas oscuras. Hemos estado cerca de casos reales: en nuestra cara, mientras estábamos trabajando en Zócalo de Monclova desaparecieron a Rafael Ortiz Martínez. Conocí bien a Enrique Perea, reportero policiaco, en El Heraldo de Chihuahua, y ahora está muerto, ejecutado después de terribles torturas. La lección que me queda es que si no tienes garantías para trabajar como periodista en temas de narcotráfico, no lo hagas, no es necesario dar la vida; la sociedad te requiere vivo, no muerto; los muertos no dan la batalla; se quedan gloriosamente tendidos en el campo, sí, pero inermes, no hacen más. No se requieren héroes, no hacen falta héroes. Somos periodistas. Y aun si vieras el oficio como un apostolado, te diría que los apóstoles se escondían en los primeros años del cristianismo para alcanzar a difundir, vía epístolas, su mensaje.
«Hemos platicado con directivos y organizado mesas de discusión al interior de las redacciones sobre cobertura en estados en los que hay narcotráfico y violencia relacionada. Mi consejo, y el de nuestra empresa de consultoría [VERSALITAS], ha sido, en la mayoría de los casos, ‘por favor, no investiguen. Dejen que lo haga la policía, es su trabajo. Ustedes publiquen hechos, boletines confirmados como información oficial. Vivimos en un país en donde el Estado no responde por sus ciudadanos, vivimos sin garantías. ¿Vale la pena arriesgarse? Por supuesto que no’. ¿Esto es autocensura? Si quieres, sí. Pero el término me parece poco elegante y fantasioso. Esto es sobrevivencia».





MUY DE ACUERDO, NO VALE LA PENA….ni por un miserable nacional de periodismo.Hay tantos temas en donde meter las narices sin salir con las patas por delante.Saludos y excelente texto.
Ayer lunes en un progama de radio donde colaboro tocabámos precisamente este tema. Coincido plenamente contigo Páez, no somos héroes y no nos corresponde acabar con el problema del narco. El periodismo tiene sus límites, sobre todo cuando no existen las condiciones de seguridad para ralizar un trabajo de investigación sobre el narco. Somos un país de mártires, de muy poco sirve llenar las tumbas con más. Bien dices: la lucha la dan los vivos no los muertos. Excelente artículo.