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EN BUSCA DE LA DIETA IDEAL
/// ESE OTRO QUE SOY YO/// PUBLICADO EN EL UNIVERSAL
Recuerdo cuando las dietas venían con olor a remordimiento, después de una cena con pato, después de ocho tortillas de harina o de cinco panes dulces y dos chocolates de leche. O después de probarse un pantalón abandonado seis meses. Eso era hace tiempo; cambió con la edad, y ha cambiado en estos años.
Privarse de algo no es tan complicado mientras se le mantenga lejos; también si es por poco tiempo. Pero entrar al súper en estos días es soltar al perro de Pávlov en una carnicería: hay cuanta cochinada es posible imaginar: papitas, pastelillos, chocolates, sopas instantáneas. Todo rico. Usted pida. Si por alguna razón no alcanza a subir al carrito su dosis de grasas y harinas, estarán disponibles junto a la cajera (por lo regular de buenas carnes), quien le hará sentir con estómago y peso perfectos para cinco refrescos y una bolsa jumbo de Cheetos.
Ahora las dietas no se alimentan del remordimiento. Vivimos una gordura colectiva de vergonzosa estadística, y la industria se ha encargado de que sus productos aparenten ser saludables. Las dietas vienen de la necesidad. Hay que vigilar el sobrepeso de manera obsesiva porque ya existen los triglicéridos, el colesterol malo, el hígado graso, los problemas intestinales, los respiratorios, los alérgicos, la inflamación de ciertos tejidos. Está lo que llaman “calidad de vida”. Está la moda, que trata a los rollizos como leprosos. Y en mi caso, está la edad: a los 42 años cualquier comilona castiga: infla cachetes y panza; se ceba con las lonjas.
Las dietas de alimentos resultan insuficientes por sí solas para dar sosiego a las otras vidas de las personas como yo, que somos muchos. Se necesitan más de una dieta para controlar tus debilidades y las que el mundo te acerca. Una semana cualquiera, por decir, puedo llevar al mismo tiempo tres, cuatro o cinco dietas. Está la obligada (siempre en entredicho) que sirve para domar el mundo de las grasas, la fatiga, los infartos o la diabetes. Está otra para limitar el alcohol porque quisieras que el hígado resistiera con dignidad las batallas que todavía planeas. Está la dieta de cigarro, que más que dieta es una campaña permanente (como la de la gordura) (fumo otra vez, después de un año de abstinencia). Está la que sirve para mantener a raya la depresión de cada día. Está la de tés contra el bruxismo, enfermedad agobiante que desgasta los dientes, infecta las encías y te hace ver, gracias al rechinido constante, como un sicópata a dos segundos de explotar.
Y luego están las muchas dietas que te pide el alma. Llevo una dieta de culebras y autoestima para controlar mi tendencia a la abismal vida nocturna. Una de infusiones contra un grano que me sale entre ceja y ceja. Una de mentiras para la barriga, que no es la misma que la de la gordura. Una de saliva bien tragada con sorbos de tequila para el acto de recordar, vicio recurrente y dañino que ataca en la cama, en el auto, junto a los amigos o en solitario; que revive con la primera luz del día o muy de madrugada. Una dieta de risas contra los excesos de realidad; una de moscas y alacranes para el rosa de la televisión; una de furia, recomendable para contener amores con pretensiones de rebotar; y una de centellas que evitan los tumores cerebrales a los dolidos del alma. Además llevo una dieta a base de celebraciones cuando me alcanza la tiricia, y tomo estatequieto si las celebraciones se salen de control.
Pero la mejor dieta para los males más terribles, creo yo, es la que no queremos seguir. (Y no es “simplemente cerrar la boca”, como decía un amigo: 40 millones de mexicanos gordos-desnutridos lo confirman). Es la dieta que tiene que ver con el otro. Es el ayuno preventivo del otro. Es la dieta que me permite escapar de usted, y a usted le marca la ruta para huir de mí.
“El que no quiera sentir la espina, que se aleje de la sardina”, dicen por allí. Nunca mejor dicho.





no me puede agradar más ese estilo poetico lleno de realidad que emplea en cada una de estas.
como las anteriores, me hacen pensar que después de todo, cada uno de nosotros tenemos eso guardado en algun lugar.
un cordial saludo.
hola alex!!tu articulo es el de la realidad.. es el de moda..pero si solo hicieramos algo de ejersicio..podemos comer de todo..pese a que tengo una rutina bastante pesada de trabajo y mil cosas..,me doi tiempo para hacerlo..y puedo comer de todo y prevenir enfermedades tambien..animo..saludos!!
otro de sus buenos ensayos criticos, señor Paéz… (Y)
me encanto la parte en la que se recorre de la realidad para dar paso a las metaforas, muy buena transicion debo decirlo…
y gracias a usted y a sus escritos sigo ampliando my vocabulario..
gracias (: