06
Oct

UN BÚFALO EMBISTIENDO AL SOL

PUBLICADO EN EL UNIVERSAL

Sábado, temprano. Despierto y enciendo la tele sin mover más que un brazo. Nada en las noticias que valga la pena. Abro portales en Internet y confirmo que para mi fortuna el mundo se portó bien mientras yo me porté mal. En realidad no necesito saber qué pasó el día anterior conmigo porque lo traigo en el cuerpo; mover los ojos me cuesta, sudo las conversaciones. La única huella de la noche que me interesa la traigo en una servilleta: dos recomendaciones de libros.
Brinco de la cama y abro la llave de la regadera. Corro a escoger trapos. Jeans, camisa y tenis. Me baño. Me seco y me visto con prisa. Los perros corren a la puerta; ven fijamente las correas y mueven la cola. Corro a ellos y les digo: vámonos. Corren hacia mí y me dicen que están felices. Corremos a la calle y el sol no está para celebrar que el día anterior me bebí el tónico del fin de los tiempos.
Dos vueltas a la cuadra después, me detengo y trato de ordenarme. ¿A dónde voy con tanta prisa? A ningún lado. Hago tres llamadas, toco tierra. Vuelvo a casa y me desvisto para regresar a la cama. Apenas es mediodía. Las noticias de la tele gotean por la ranura del tiempo. Imposible retenerlas. Me aburren. Internet me desquicia.
Me hundo en la almohada y retomo, al azar, párrafos de un Norman Mailer que cada vez me parece más joven, renovado.
 
***
Qué afán tiene uno de pararse frente al otro y decirle cosas que no escuchará. Como un búfalo en la llanura embistiendo al sol. Un búfalo que da cabezazos al vacío. Eso siento con las noticias por Internet en tiempo real: demasiadas letras sin rumbo. Demasiada prisa. Cabezazos. Lo mismo creo de las redes sociales, de Facebook y de Twitter, a pesar de que soy adicto a ellas. ¿Qué nos dejarán cuando pasen los años? ¿Qué diremos los periodistas de esta experiencia? ¿Qué dirán los escritores? Sucedía (y sucede) con los noticiarios de televisión: mucha prisa para decir nada. Golpes de efecto. Ahora nos pasa lo mismo con Internet.
Aunque deliberadamente nos engañamos con la idea de que alguien escucha, en realidad somos millones de individuos, a un mismo tiempo, vaciando estados de ánimo que no importan a nadie. Millones que tienen tanto qué decir y que encontraron en la red un oído falso. Millones que depositan sus mensajes en la basura. Millones de autistas que creen que dialogan. Como en una relación amorosa podrida en la que ya no hay nada qué decir. Tan inútil como las señoritas guapetonas que dan el clima en los canales de información: piernas de concurso y cerebros de bancarrota.
Como despertarse en sábado, bañarse, cambiarse, correr a la calle y no tener absolutamente nada qué hacer sino dejar pasar el tiempo; ver el vacío gotear, minuto a minuto.
Porque somos, muchas veces en un día, búfalos embistiendo al sol. Y el sol que está tan lejos. Que ni lo siente. Que ni nos mira.
 
***
Nunca en la historia, seguramente, tantas manos tundieron tantos teclados al mismo tiempo. Nunca antes tantas personas tuvieron la oportunidad de ponerse en contacto directo para compartirse algo. Celulares, tabletas, computadoras de escritorio, portátiles. Millones y millones de dedos tratando de conectar con alguien, en un grito desesperado por la atención del otro.
Sin embargo, no somos sino gente solitaria sobreviviendo a un mundo egoísta que nos miente a diario, que hace como que escucha. Individuos perdidos, malgastando el tiempo y derramando esfuerzo en Twitter, en Facebook, en los chats, con ganas de que pase algo distinto a las rutinas.
Millones de noticias en tiempo real al alcance de la mano y poco qué decir. Millones de personas conectadas a un mismo tiempo sin poderse tocar. Millones de búfalos embistiendo al sol, sin alcanzarlo. Millones jugando a que han derrotado el aburrimiento, la tiricia, el cansancio, más solitarios que nunca, más engañados que nunca. Esos son los tiempos en que vivimos.
Me conmueve saber, como ejemplo, que dos novelistas del Siglo XIX dijeron más desde la penumbra de una vela que todos nosotros. Que Víctor Hugo o Dostoievsky dejaron más que la horda de perdidos que somos. Me conmueve saber que millones y millones de mensajes que pegamos por segundo en las redes sociales no son sino basura que no interesa al tiempo.
Pero por fortuna las viejas fórmulas aún funcionan. Creo que no hay nada mejor que un café, un libro, una tarde de cine, un periódico (aunque sea en iPad) en la mano. Un gesto amable, un sábado ocupado, un parque para los perros, una mano cálida, un amigo, un abrazo.
No hay nada -a Dios gracias- que supere una mirada cristalina, algo de comprensión. O un “te quiero” salido del alma.

¿te gustó este artículo? compártelo con otros:

twitter facebook

Esta entrada fue publicada el Miércoles, Octubre 6th, 2010 a las 11:20 am y archivada en POSTS. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de RSS 2.0 feed.

comentarios

4
  1. Octubre 8th, 2010 | raquel dice:

    hola sr. Alejandro!! oye tu no estas agusto si no refunfuñas.o dejas un comentario amargado vdd?? jajajaja..si tu mismo tienes una respuesta tan simple y tan bonita..una mirada cristalina y una sonrisa sincera le cambian la cara al mas negro de los dias.. saludos desde monclovita la bella. cdt. bye.

  2. Octubre 10th, 2010 | Tania dice:

    Te leo tumbada en la cama, con una pantalla frente a mi cara y supongo que estas pulsaciones de mis dedos me pondrán en contacto con alguien, contigo, y me doy cuenta de que ni siquiera es eso lo que deseo. Que lo que realmente quiero en este momento es estirar la mano y encontrarme con una piel tibia besada por este sol de domingo.

  3. Octubre 11th, 2010 | Cristina dice:

    Estuve flirteando con el ocio toda la tarde. El resultado, además de mi tendida en el colchón por horas, llegar hasta tu blog, y descubrir la libertad esta que tienes para escribir, de qué escribir y cómo escribir. Interesantísimo tu sitio. Me emocionó. ¿Quién dijo que no traía nada bueno el ocio? Andaré por acá seguido.
    Abrazo de calor norteado.
    Cristina

  4. Octubre 20th, 2010 | Josué García dice:

    Para escribirle esto, necesito de un teclado, una pantalla, un mouse, y no sé qué tantos cables o conexiones inalámbricas más. Si bien, mucha gente, antes no leía, tampoco escribía, y al menos, las nuevas comunicaciones, permiten que al que no tenga ni siquiera una idea sobresaliente, un pensamiento y ni si quiera sepa de gramática, sintaxis y demás, les permite dejar al menos una (o unas) huella (s), en algo intangible e inexistente, pero que lo leemos, lo sufrimos o nos alegramos.
    ¡Vaya tiempo que nos está tocado vivir!
    Admiro desde ya hace años su estilo literario.
    saludos

dejar un comentario