Feb
CON FECHA DE CADUCIDAD
No supe bien cómo sucedió. Podría ser que abandoné mi vida los últimos años. O que siempre la tuve abandonada… hasta hace unos días, cuando abrí la alacena y me enteré de una salsa de soya que caducó en septiembre de 2010 y de un paquete de lasaña que es inservible desde 2006. Pasta de harina de antes de 2006 en mi alacena. ¿A quién le caduca la salsa de soya? Asombroso. Por Dios que soy un hombre que cocina mucho, mucho. Lo saben mis amigos, las personas más cercanas a mí. ¿Cómo sobrevivieron, entonces, tres tetrabriks (sí, es el nombre correcto) de jugo de arándano en un rincón de mis cocinas por lo menos cinco años, si en ese mismo periodo viví en cinco departamentos distintos? ¿Cargué con esa gusanera casa por casa sin reparar en ello? ¿Dónde me metí tanto tiempo? ¿En un agujero? Tengo testigos: encontré chile seco, chimichurri y chocolate Abuelita caducos, y aún más: ¡especias caducas! Si las especias tardaban años en cruzar mares desde India o China antes de llegar al consumidor occidental, ¿cómo pudieron echarse a perder ante mis ojos?
Después de limpiar la alacena, en algún momento di un brinco para atrás; sentí un soplo frío en el corazón. Busqué a mis perros, a Simone y a Niño, que estaban recostados a medio metro. Me agaché. Les revisé los dientes, el pelambre, las uñas. Porque caí en cuenta, amigos, que mis chiquitos ya no son unos cachorros, como yo les llamo. La hermosa chirisca (sí, así le decimos en Chihuahua a las de cabello crespo) tiene cuatro años; y mi dulcísimo ojos-de-botón tiene seis. ¡Cuatro y seis años! ¿Cuál noticia me falta? ¿La de que mañana mismo nos vamos los tres a un asilo? Los acaricié con tristeza y quise descubrir en sus ojos la respuesta a una pregunta que les hice mientras me observaban extrañados: ¿Han sido felices? ¿Fuiste feliz, Simone, estos años? ¿Fuiste feliz, Niño? Porque en lo que maduran dos aguacates y se me agría un litro de leche se nos habrán ido otros seis o diez años. ¿Son felices? ¿Fueron felices? No supe cómo sucedió, pero tengo 42 y pronto tendré 43. Cua-ren-tai-tres. Mi vida es una especia caduca, un chimichurri vencido, un chocolate Abuelita seco, duro y blanquecino.
Calculo: un año de perro corresponde a siete de un humano, en promedio. Niño tiene 42 años humanos. Cua-ren-tai-dos. Y la cachorra anda en los 32 años de una mujercita. ¡Niño y yo somos de la misma edad! Pues la vida me ha dado mis lecciones en pocas horas. Sabía que los años son un respiro; ahora entiendo mejor eso que dicen los viejos (los más viejos): que uno debe prestar atención a lo que nos rodea porque el tiempo es una burbuja de jabón.
No me desagrada la ruta que he seguido. Soy muy parecido a mis perros. Niño, a sus 42, se sigue divirtiendo con una desgarrada pulga de peluche que jalonea si yo la volteo a ver; la chiquilla no desperdicia la ocasión para decirme que me quiere con dos lengüetadas imprevistas en la mano. Cuando salen a la calle los anima un rayo de sol, como a mí, y lo mejor de su día es ir a la cama, como yo. Sobre las cobijas nos decimos con una mirada que nos queremos. Nos hacemos bolita. Escuchamos cualquier tontería en la tele para que nos arrulle y vamos cayendo en la bendición del sueño profundo.
Hasta que una mañana de estas, uno de los tres no despierte. Y luego el otro. Y así.
Bueno, es viernes y me voy al súper. Esta vez no compraré muchas cosas: una bolsa de croquetas, algo de pan, pavo, tomate, lechugas y agua. Ni siquiera se me antoja comprar mi Herradura blanco; no sea que mañana abra la alacena y me encuentre con que ha caducado, y ni siquiera tiene fecha de caducidad.





…

¿Por qué si una especia caduca
y lo hace el jugo de arándanos,
no se vencen tantos zánganos
o nadie hay que los educa?.
Una joven se hace ‘ruca’
pierde física belleza
mas puede ganar nobleza
cual fina bebida añeja
si de cultivar no deja
el alma con entereza.
…
Están vencidas lasaña,
chimichurri y chocolate
pero el órgano que late
dentro de ti no se daña.
Vuelves a lograr la hazaña:
con vieja salsa de soya
mis sentimientos arrollas
o jaloneas sin que luche
como Niño a su peluche
o Pac Man a Oscar De la Hoya.
…
Regresaste, ¡qué emoción!
y refresca cual ventisca
que nos traes a la Chirisca
y al Ojitos de Botón.
Cua-ren-tai-tres nada son
no lo digo como halago
de Herradura ponte briago
y no caduco te sientas
no fue antes de sus setentas
que publicó Saramago.
…
MMJ
Alejandro, de nuevo gracias por mostrarte en tus palabras… Lo único que extraño de verdad del Fb es a ti!
.
Mi querida “sombra indiscreta” te saludo y te comparto abrazos y momentos de vida de mi ultimo mes .
Es difícil buscar los miércoles en el universal y no poder leerte( pierde el periódico aunque diga lo contrario)
Como es usual, leerte es tener asido el vinculo con una humanidad que en lo cotidiano se nos escabuye, se nos esconde, se nos olvida. Coincido contigo, amanecerá y dejaremos de estar, el azar decidirá quien después de quien. Nos queda (y no es poca cosa) reirnos, tomar unos tragos y cocinar para quien se arriesgue a nuestra compañía . Te mando un abrazo y mi oculta envidia (ya no) de tu talento para escribir de lo que sucede en esa parte de nosotros en la que los sicólogos se quedan cortos, los filósofos pasan de largo y dios ha olvidado….
Antonio
Alejandro: Gracias… como ya ha pasado otras veces, con tus letras me llevas algun momento extraño de esta loca…
Te comparto:
Al recorrer de los espacios
en los que va brincando la vida,
recuerdo que ya expiraste,
entonces,
es cuando me atropellan algunas letras
y las encuentro husmeando
en los derribos de la evocación.
¿Cómo puedes estar vivo aun?
si hace tiempo que dejé de procurar:
pasión, letras, humo, fuego, vino, espacios, vida.
Irrevocablemente,
entre la dejadez de mi memoria y tu
no hay prescripciones, ni caducidad,
ni finiquitos, ni clausuras.
Amén.
excelso alejandro, solo ello agrego para evitar agregarle detalles innecesarios a tu sublime prosa!