Ene
SOBRE EL DESDÉN DEL TIEMPO
/// ESE OTRO QUE SOY YO/// PUBLICADO EN EL UNIVERSAL
–A Lupe, a Don Aure
Y eso que no has llegado a mi edad, dijo. “A mi edad, los años se van más rápido”. Intenté decirle que era porque pensaba demasiado en eso. Me di cuenta de que no había gran distancia entre los dos y tomé la decisión de esperar unos años. Ahora vivo en la carne lo que me dijo aquella vez. Todavía no lo alcanzo, pero ya lo vivo. Y sí: entre más viejos somos, más rápido se van los días. Y sí: pienso más en eso. La diferencia entre ser joven y maduro se puede medir por las veces que piensas en un día en que ya te alcanzaron los años.Imaginemos que nunca me advirtió que mientras más años tienes, más rápido palpita el tiempo. ¿Se me irían más lentos los años? ¿Pensaría menos en eso? Creo que no: le estoy entregando un poder a mi apóstol del tiempo que en realidad no tiene. (Bajo esta premisa, tampoco es apóstol del tiempo, como lo he llamado). Presiento que me habría enterado de todas maneras. Esto le concierne al tiempo: entre más años tienes, te trata con mayor desdén. Otra manera de saber qué tan maduro o joven eres, es midiendo con cuánto desdén te trata el tiempo.
Y eso que no has llegado a mi edad, dijo. Pero, ¿y si agrega: “A mi edad, los años se van más lentos”? ¿Le habría creído? Quizás sí, pero difícilmente lo habría aceptado como una regla universal. Hoy tuve tiempo de lavar platos, tender mi cama (tender, ¿por qué decimos tender?), cortarme las uñas, arreglar algunos libros, escribir unos párrafos y leer unas páginas, ir al cine y volver para prepararme la cena y ver dos capítulos de una serie de tele. El tiempo fue amable conmigo: sentí que hice mucho, cuando en realidad me dediqué a domesticidades. Un amigo suele decir que los viejos manejan despacio porque no tienen prisa; en realidad sí la tienen, pero creen que si van despacio harán que el tiempo vaya a ese mismo ritmo; o están más ciegos, tienen menos reflejos y se sienten más inseguros. Si quieres saber la diferencia entre ser joven y viejo no basta con un día para medir el paso del tiempo: hay que juntar varios. Si haces este último ejercicio, resígnate, porque no importa tu edad: ya eres viejo.
Mi madre y mi padre me llaman cada vez que pueden. Yo hago lo mismo. Cada vez podemos más. Si tengo tiempo y dinero, tomo un avión y voy a verlos. Podemos más que hace unos años; qué va: más que hace unos meses. Tenemos prisa por vernos. El tiempo que pasamos juntos, sabemos, vale oro molido. Procuro abrazarlos, besarlos, dormir con ellos. Procuro inyectarles de mi propia sangre, de mi propia vida. Allí, frente a los dos, él conectado al oxígeno y ella a la estufa, le pido al tiempo lo que no hará: que se detenga. No hay manera de influir en su desdén; el tiempo no entiende razones. Cuando estoy junto a mis viejos no puedo decir quién es joven o quién es viejo: somos una misma carne, un mismo nudo en la garganta, una misma carcajada, una misma idea del mundo.
Cuando mi padre regresa al hospital, me le hinco al tiempo. Sé que estoy frente a un dios equivocado. Le pido que se vaya despacio, que tenga misericordia. Su respuesta me parece conocida: “A mi edad, los años se van más rápido”. (El tiempo es viejo y lleva prisa). Me desconsuelo, me tiro a llorar como chamaco cagón y me da sueño. Despierto con el corazón frágil como de veinteañero; tomo el teléfono de un manotazo y luego me tranquilizo: todo está bien allá, me digo. Los viejos están bien.
Otra burla, otro desdén del tiempo: las malas noticias son las únicas que pueden administrar su propio ritmo y destino: siempre te llegarán con gran prisa. Y aquí no importa si eres joven o eres viejo. Aquí no importa qué tan preparado te sientas. Las malas noticias llegarán, cuando lleguen, como un rayo y con exactitud de reloj suizo.
Frente a lo inevitable, no hay diferencia entre ser joven o ser viejo: yo me acurruco en una esquina de la cama como un niño y leo en voz alta para no pensar.





Hola Alejandro: Como siempre tusletras tan atinadas y tan sensatas.
Lei tu desden desde ayer Te habia olvidado, lo admito (la rutina hace de las suyas), pero la serendipia trajo a mis manos dia siete, asi que el domingo me dejaste una gran sonrisa.
Hola..desde ke te leo veo ideas y pensamientos de muchos plasmadas en tus letras. Tan acertado como siempre..
Hola Alejandro¡¡..te sigo desde que encontré te hace algunos meses un “hasta atrás” en la revista Día Siete. Me he sentido identificado y ahora no me pierdo cualquier nueva publicación tuya, en lo personal no dejo de leer “sobre el desdén del tiempo”, me fascina.