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Sep

ELECCIONES EN MÉXICO: ¿QUÉ SALIÓ MAL?

¿Por qué las elecciones mexicanas se convirtieron en un baño de lodo y odio? PUBLICADO EN NEWSWEEK EN ESPAÑOL

“Quiero hacer una declaración de guerra. No vamos a matar a nadie, pero de allí en adelante todo se vale en la cacería de los ‘mapaches’”. La frase no es de Andrés Manuel López Obrador, candidato de la izquierda mexicana para las presidenciales en 2006. El que habla es Manuel J. Clouthier, Maquío, del derechista Partido Acción Nacional (PAN). Era 1988. Buscaba gobernar al país; se quejaba de fraude. Junto a él, ese día, en el podio desde el que arengaba a las multitudes que lo seguirían a la “resistencia civil”, había una simulada urna electoral de cartón con una leyenda: “Aquí van los huevos de Maquío”.
newsweek.jpegAhora es 1991. El que narra es Vicente Fox Quesada, hoy presidente de México (hasta el 1 de diciembre próximo), entonces candidato a gobernador por la derecha en Guanajuato, su estado natal. La elección había terminado. A Ramón Aguirre, del PRI, se le había concedido 53% de los votos; a Fox, 35%. “Iniciamos una marcha de 60 kilómetros a la ciudad, la que llamamos ‘La Caminata por la Democracia’, para exigir la anulación de, por lo menos, 700 casillas. Como parte de las acciones de resistencia civil, tomamos carreteras, el aeropuerto internacional. Eran tan evidentes las señales de que en Guanajuato se había perpetrado un monumental fraude electoral, que convoqué de inmediato a la resistencia civil. Cercamos a la ciudad de Guanajuato; plazas como las de León, Celaya, Irapuato o Dolores, rebosaban ciudadanos, lo mismo, amas de casa que estudiantes y ancianos, que denunciaban el fraude electoral”.
Estos dos pasajes ilustran los accidentados caminos de la democracia mexicana contemporánea. En el pasado inmediato, el norte de México resistió acciones de resistencia civil que no duraron un mes, ni dos, sino años. Miles se movilizaron para demandar procesos electorales limpios, hasta que en 2000, por medio del voto ciudadano que trascendió incluso a la derecha representada por el PAN, llevó a Vicente Fox al poder.
De alguna manera, el fin del monopartidismo representado por el Revolucionario Institucional (PRI) se creyó como el inicio de una normalidad democrática demandada desde principios del siglo XX y que llevó a la Revolución de 1910. Pero no fue así. Algo, evidentemente, salió mal. Hoy, como hace 20 años o más, un amplio frente político acusa de fraude. La gran diferencia entre aquellos años y hoy es que, en teoría, México ya transitaba por una democracia y las acusaciones de manipulación del voto se estimaba asunto del pasado. Sea o no cierto que el proceso electoral estuvo marcado por la inequidad, lo cierto es que esta elección ha mostrado actitudes pocas veces vistas entre los mexicanos, como el odio.
En el sitio mexicana de análisis unafuente.com, se da cuenta de hasta dónde el encono ha llevado no solo a los politicos, sino también a los ciudadanos: hacia una guerra sin reglas, en la que la idea es ofenderse. “Se humilla, se recurre a toda la mala leche posible. Y al humor. No hay manera de medir el tamaño del fenómeno, por la diversidad de herramientas, formatos y recursos que ofrece el canal de difusión: Internet. Y porque la gran mayoría de estos mensajes, continuación brutal de la ‘guerra de lodo’ de la elección, son hechos por entusiastas, fanáticos, simpatizantes o grupos organizados”.
Y en efecto, como muestra del encono desmedido, cientos de videos son transmitidos no sólo por correos, entre mexicanos, sino también por sitios internacionales como www.youtube.com o www.video.google.com, o nacionales, como www.malo.org.mx, www.pejendejo.net y senderodelpeje.blogspot.com.
“Se recurre al video, al PowerPoint, al Photoshop, a los textos ingeniosos o a la animación. Andrés Manuel López Obrador es el “pejendejo”, y Felipe Calderón es “Fecal”, por decir lo menos”, agrega este singular análisis en unafuente.com. “Se usan cadenas de correos electrónicos y no se discrimina a nadie. E-mails van y vienen, a diario, de lunes a domingo. Son spam o cadenas de amigos. Las campañas negras más organizadas tienen sus sitios web. En esta guerra, los denostadores de AMLO llevan la delantera (con producciones más sofisticadas); hay decenas de videos sucios en contra el candidato de izquierda. Los que cuestionan, se burlan o critican a Calderón son menos. La rabia detrás de esta guerra (sin duda de alto impacto) es un reflejo la actual polarización de la sociedad mexicana”.

ENCONOS EXACERBADOS
Pero, ¿por qué tanta beligerancia entre individuos que, se suponía, representaban una nueva manera de hacer política? De Andrés Manuel López Obrador se esperaba; incluso entre los analistas más moderados había dudas sobre si el izquierdista aceptaría algo menos que la presidencia de México, es decir, la derrota en las elecciones del 2 de julio pasado. Jean Meyer, un historiador mexicano más identificado con la derecha, advirtió –por ejemplo– a la prensa mexicana que los dotes de luchador social del izquierdista “no iban acompañadas de otras virtudes, virtudes de paciencia, sangre fría, visión de largo plazo, respeto de las reglas del juego”. Y así lo hicieron, uno a uno, una gran cantidad de analistas.
Del derechista Felipe Calderón, sus biógrafos documentaron bien una actitud altiva que, al final, le permitió subir escalón por escalón: primero la candidatura de su partido, luego remontar por encima del favorito, y ahora la presidencia –según el Tribunal Electoral–, siempre en contra de todos los pronósticos. Él mismo se hizo llamar “el hijo desobediente”, aunque este rasgo agresivo de su personalidad le costara críticas a lo largo de una campaña en la que alternó, entre otros, el lemas de “mano firme”.
“Calderón se ha forjado viniendo de atrás y está acostumbrado a desafiar al sistema. Su afiliación al PAN coincide con la renuncia, por principios, de su padre, así que llegó en un momento en que su apellido no era nada bien visto. Luego, se la jugó en la reforma electoral de 1996, al poner por delante el caso Huejotzingo, y ganó. Cuando presidió el partido, enfrentó a Zedillo por el caso Fobaproa. Por aquellos, años se desmarcó incluso de su tutor, Carlos Castillo Peraza, y empezó su propia carrera. Se la jugó al no someterse a la campaña de Fox y prefirió irse a Harvard a estudiar antes que quedarse en México a ser un segundón.”, explica Salvador Camarena, biógrafo del panista, editor de la revista capitalina Chilango, y quien actualmente prepara un amplio libro sobre la vida del político de Michoacán.
En otras palabras: por las característica personales de los dos principales contendientes –y por sus plataformas ideológicas, de izquierda y derecha–, de alguna manera se esperaba un verano caliente en México, aunque nadie pensó que alcanzaría estos grados. ¿De dónde vino, entonces, tanta beligerancia?
La primera respuesta de los analistas es la distancia entre los dos principales proyectos políticos ofrecidos en esta contienda electoral. Nunca antes, dicen los especialistas, se habían planteado opciones tan encontradas para el manejo del país, ni aún cuando supuestamente debió suceder, entre 1999 y 2000. Ramón Alberto Garza, fundador del influyente diario capitalino Reforma y ahora consultor independiente, encuentra las razones de la disputa exacerbada en el choque frontal de dos visiones de nación. Antes de la elección, Garza escribió en su informe, llamado Reporte Índigo: “La disputa electoral que vive México va más allá de la frontera política. Es una disputa económica. No es entre priistas y panistas; ni entre panistas y perredistas; ni entre priistas y perredistas. La lucha que se libra es entre priistas y priistas. Y es una disputa que bien vale su peso en oro…. negro”.
Garza ve dos grupos claramente definidos. “De un lado está el clan de Carlos Salinas [ex presidente de México], el de los neoliberales. Son los que buscan consumar la apertura económica que se inició con el Tratado de Libre Comercio y que tendría que cerrarse con la inconsumada privatización de PEMEX, la CFE y el sector energético. Del otro lado está el clan de Luis Echeverría, el de la nomenclatura. Son los que buscan impedir que el petróleo y los energéticos mexicanos sean privatizados, porque ellos ya detentan su control a través de los sindicatos. Esta batalla no es nueva. Se inició hace más de cuatro décadas entre dos de las más poderosas familias políticas del siglo XX: los Echeverría y los Salinas”.

LA PUERTA ABIERTA Y EL DAÑO
Otros analistas y politólogos mexicanos de diversas corrientes ven factores de más corto plazo. Culpan por este clima ríspido a un actor que, se suponía, sería el garante de la transición: el presidente Vicente Fox. Y no sólo a él, sino a todos los que se sintieron invitados a participar en el proceso electoral cuando el mandatario les abrió puertas al violar, él mismo, una regla de la normalidad democrática contemporánea que dicta que el jefe del Ejecutivo no debe intervenir en elecciones. Así se sumaron abiertamente los grandes empresarios, por ejemplo, que gastaron enormes cantidades aún no dadas a conocer en promover al candidato de la derecha por todos los medios de comunicación, y principalmente por televisión.
Participar en las campañas estaba prohibido para Fox por las leyes mexicanas y, más allá, se lo demandaba una moral política construida muy recientemente. Hace seis años, el entonces candidato del PAN exigió al presidente saliente, el último del PRI luego de 70 años de monopartidismo, que no interviniera en las elecciones. Ernesto Zedillo se lo concedió. Y el partido de Estado perdió. Pero el ahora presidente no quiso guardan esa compostura que tanto demandó.
El resultado, dicen ahora incluso los que no son simpatizantes de López Obrador, es la actual polarización. Y un daño enorme a las instituciones electorales. Una encuesta de la consultora Parametría dada a conocer hace unos días señala que el Instituto Federal Electoral (IFE) está hoy en niveles tan bajos de credibilidad como los que tenía en tiempos del PRI. Antes de la elección del cambio, en julio de 2000, sólo 59% de los mexicanos confiaban en este organismo. Hoy tiene exactamente el mismo nivel de confiabilidad.
El daño de la crispación no sólo ha alcanzado al IFE, sino también a otras instituciones que gozaban de buena confianza. Otra encuesta del 18 de agosto de Parametría mostró, mientras el Tribunal Federal Electoral dictaminaba la elección, que la confianza del país en sus jueces y magistrados estaba en un 55%, y en porcentajes casi iguales los partidos políticos y el Congreso mexicanos.
Peor aún, la presidencia de Vicente Fox sufrió una baja de credibilidad que, según el mismo sondeo, colocó a la institución en un apenas sobrevivible 57%.
Otra casa consultora, Saba, ratifica estas cifras. En un monitoreo diario en el que pregunta si los mexicanos consideran que las elecciones fueron limpias, al sábado pasado, 26 de julio, sólo 50% respondieron que sí. Otro 30% que no, y un 10% no sabía bien qué pensar…
En una reunión cumbre celebrada hace sólo unos días con representantes de su partido, Manlio Fabio Beltrones, el próximo coordinador de los senadores del PRI (tercera fuerza electoral, opositora del izquierdista), dijo que es la actitud el mandatario la que ha llevado al país a un escenario de polarización. “Quienes alimentaron la hoguera ahora demandan apagar el incendio que propiciaron. Quienes alentaron la confrontación y el fundamentalismo ideológico, ahora, sin la mínima vergüenza, claman por la prudencia, la moderación, la concordia y la conciliación”, dijo.
Se quejó de que Vicente Fox llevara las fuerzas policiacas federales a resguardar el Palacio Legislativo, de cara a la presentación de su informe de gobierno (el último de su mandato), que, en México, es cada primero de septiembre. Para repeler las acciones de “resistencia civil” de la izquierda, dijo Beltrones, el presidente convirtió la sede legislativa en un bunker. “Si pretende llegar el día del informe en helicóptero, entonces el presidente seguirá en el aire”, expresó, refiriéndose a que se mantendrá insensible ante la realidad mexicana.

DOS RAZONES PARA INTERVENIR
Era de alguna manera previsible que si el presidente Vicente Fox intervenía en el proceso, se generaría un ambiente adverso. ¿Por qué, entonces, hacerlo, a pesar de los pronósticos? ¿Por qué el primer presidente democrático de México rompió las reglas y públicamente apoyó al derechista Felipe Calderón, al candidato de su partido, como lo hacía el PRI en el pasado?
Los analistas tienen varias versiones.
La primera apunta a que fue en defensa propia. Calderón no era el candidato de Fox; de hecho, él mismo lo desechó como ministro (secretario de Energía), en un episodio conocido en el que ambos políticos del mismo partido intercambiaron palabras duras. Sin embargo, cuando el candidato del presidente, Santiago Creel, no ganó las internas del PAN, de inmediato buscó congraciarse con Calderón. Los politólogos dicen que Fox prefería que llegara cualquiera, menos la izquierda, que le había amenazado con no darle reposo una vez que dejara la presidencia. Le reclaman, entre otras cosas, enriquecimiento ilícito. Y señalan a los hijos de Martha Sahagún, su poderosa esposa, que ha cogobernado con él.
Pero no sólo la izquierda lo acusa. De hecho, la comisión legislativa que sigue este caso, no tiene a la cabeza a un simpatizante de López Obrador, sino a un ex panista, Jesús González Schmal. Según el legislador y presidente de esta comisión investigadora, está documentado que los hijos de la esposa del presidente, los hermanos Bribiesca Sahún, participaron en tráfico de influencias y supuesto daño patrimonial por 134 millones 358 mil 636.70 pesos.
Marta Sahagún de Fox no se ha quedado callada frente a las acusaciones. Ha mostrado qué tanto preocupa el tema a la familia presidencial. Entonces, fiel a su estilo, ha contestado sin freno de palabras. A González Schmal le dijo hace unas semanas que era un mentiroso y un cobarde. “No satisfecho con afectar la honra e imagen de mis hijos, ahora dirige sus sucias palabras hacia mi persona. Señor González Schmal: su fuero tiene un límite. Espero que confirme sus dichos cuando el fuero se le acabe, porque junto con mis hijos, seguiré defendiendo el buen nombre de mi familia”. La frase se tomó como una amenaza. El político deja de ser diputado la última semana de agosto y, por lo tanto, pierde el “fuero” o la protección constitucional que evita que sea procesado mientras sea legislador.
González Schmal se vio obligado a aclarar que en la Constitución, “la inmunidad de los diputados para expresar sus opiniones está hecha para que no seamos objeto de la rencilla y de la represión del Poder Ejecutivo. No está hecha, como algunos la mal interpretan, para cometer delitos y ampararse en el fuero, pero sí para ser protegidos precisamente de estos actos arbitrarios del poder Ejecutivo y, en conclusión, yo evidentemente no temo nada. Actué conforme a derecho y seguiré haciéndolo incluso como ciudadano”.
Una segunda versión del por qué Vicente Fox intervino es menos tangible. La suya fue, señalan algunos observadores, una revancha personal. Un encono nacido de los celos.
Vicente Fox, señalan los analistas que se han acercado a su círculo más cercano, no pudo soportar que Andrés Manuel López Obrador, desde que era el alcalde de la capital del país, el Distrito Federal, le “robara los reflectores”, le distrajera simpatías. De allí, sostienen, que lo persiguiera muy seriamente, hasta tratar de eliminarlo de la contienda presidencial cancelándole sus derechos políticos por medio de un desafuero.
Guadalupe Loaeza, escritora y periodista, lo explica así: Vicente Fox no acepta que nadie lo opaque por un asunto íntimo: él, sostiene, jamás fue el hijo favorito de su madre, Mercedes Quesada (fallecida días antes de las elecciones pasadas), y se toma cualquier competencia como un tema personal.
Loaeza, que se ha distinguido por narrar desde el intestino mismo de los círculos de poder, cuenta que el día en que Vicente Fox asumió la presidencia, ella asistió a la comida que marca el protocolo, en el Palacio Nacional. Al salir, antes de que terminara el acto, se encontró a la madre del presidente, que también se retiraba antes y sin esperar a que su hijo, el nuevo mandatario, hubiera hablado.
“Ay, pero por qué se va tan temprano, señora. Si todavía no termina la comida y su hijo está a punto de hablar”, preguntó Loaeza a doña Mercedes Quesada ese 1 de diciembre de 2000, según cuenta en su librio “Por los de Abajo” (Plaza y Janés, 2006). “‘Ya no aguanto las piernas y estoy muy cansada’, me contestó, tajante. ‘Si mi hijo acabara de tomar posesión como presidente cuyo país fue gobernado setenta años por el mismo partido, se lo juro que yo ni sentiría las piernas, ni el cansancio, ni dada’, me atreví a decirle. ‘No aguanto las piernas, tengo muy mala circulación’, volvió a decir doña Mercedes, para dar meda vuelta. Confieso que me desconcertó su actitud, dadas las circunstancias, la sentí un poquito desapegada, y hasta indiferente.”
La escritora concluye su relato con una frase reveladora: “En ese momento comprendí muchas cosas de la personalidad del presidente. Comprendí que ciertamente no era el consentido de mamá, comprendí que aunque se hubiera transformado en presidente, seguía sin ser el consentido de su mamá. Y comprendí que este dato biográfico, a lo largo de su gobierno se manifestaría de muchas maneras…”

EL EFECTO ENCONO
“Si una buena noticia tiene todo el conflicto poselectoral, así como el escasísimo margen por el que ganaría Felipe, esa es que la situación le ha obligado a moderar aún más su temperamento. Es el mejor Felipe, el que no llega sobrado, el que no las tiene todas consigo”, opina el peridista Salvador Camarena. Otros especialistas coinciden con él.
Pero este análisis aplica al inicio de la presidencia de Calderón, no al futuro del conflicto postelectoral. Andrés Manuel López Obrador ha hablado de una resistencia que puede durar años.
Con el veredicto final del Tribunal Federal Electoral (Trife) sobre las elecciones del 2 de julio, se abren dos caminos: el fin de las movilizaciones, o el inicio de una actitud cada vez más radical de la izquierda, que podría aislarla pero no frenarla, hasta que una confrontación llevada al extremo conduzca esta historia a un capítulo más difícil, para el que quizás nadie esté, jamás, preparado.

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Esta entrada fue publicada el Lunes, Septiembre 4th, 2006 a las 12:46 am y archivada en POSTS. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de RSS 2.0 feed.

comentarios

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  1. Marzo 17th, 2007 | Xico Tumpicornio dice:

    Me parece que no eres del todo objetivo, te recomiendo que leas más seguido a Alfredo Jalife-Rahme que escribe en La Jornada. Aprende un poco de él, por favor.

  2. Enero 7th, 2009 | Elecciones 2010 Colombia dice:

    Muy interesante blog! Hace poco leí un reportaje en sobre el mismo tema en un portal dedicado a proveer información electoral y política en general, especialmente lo relacionado con las elecciones 2010 en Colombia y con los candidatos al congreso.

  3. Febrero 9th, 2009 | Directorio de Empresas dice:

    Que interesante tu punto de vista, me agrada!!

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