03
Nov

TODAS LAS MUDANZAS DEL MUNDO

PUBLICADO EN EL UNIVERAL

De mamá aprendí las cosas buenas que me llevaré a la tumba. Y de papá, las cosas buenas que me llevarán a la tumba: el trabajo sin horarios, el mal dormir, el buen comer, los cigarros o los tragos. Una y otro hicieron lo suyo, y con ese equilibrio en mente mis hermanos y yo tamborileamos la marcha que conduce nuestras vidas.
No recuerdo si mi padre ahorraba; aunque eso no me matará (ni mata a nadie), lo cuento porque dibuja una parte de mi viejito que sirve para entender el punto al que pretendo llegar; mi madre, sin embargo, nos enseñó a guardarnos unos pesos y construir sueños.
Recuerdo a papá tirar la ceniza del cigarro al aire; y a mamá mostrarnos en él lo que no debíamos hacer. Mi padre estuvo siempre con un pie fuera de casa, y ella fue quien defendió la solidez del nido. Son ejemplos. No los critico ni los juzgo; tengo dos perros por hijos, ¿qué puedo saber? Supongo que eso es una familia porque no conocí otra.
Curiosamente, los dos varones sacamos de mi madre la fascinación por las mudanzas, aunque fuera mi padre el que nos obligó a cambiar una y otra vez de residencia. Al hombre lo movilizaron el trabajo y algunas pasiones, aunque en términos románticos sea mejor decir que anduvo de un lado a otro persiguiendo olores de tintas y rotativas. Por seguirlo, ella llevó una vida empacando, contratando mudanzas y casas, buscando escuelas y patios amplios para un gallinero y jaulas de conejos, porque a mi hermanito mayor, por herencia de la casa del abuelo materno, le dio por ser granjero.
Si recuerdo bien, he habitado 16 casas o departamentos distintos en mis 42 años de existencia; una cada 2.6 años. Casi todas fueron rentadas. Cuando fui adolescente, mi madre sorprendió a mi padre con que había ahorros para dar el enganche de una casa. Llevarían, no sé, unos 25 años juntos. Creo que fue hasta entonces que la familia tuvo una propiedad. Justo cuando los hijos nos íbamos. (Los mayores la disfrutaron un año en promedio; nada). Luego mi ex mujer y yo compramos un departamento que ella posee o poseía y después yo me hice de otro; el resto, unas 13 moradas en mi vida, fueron de renta. Pero uno ama el lugar en el que vive como si fuera propio, aunque el rentero esté para recordarte que las raíces están condenadas.
Desde octubre de 2003 hasta la fecha, y un día cuento por qué lo recuerdo de manera tan puntual, he vivido en seis departamentos distintos. Húmedos, con alfombra, secos, con duela y sin ella. Largos, anchos, angostos, de uno y de cinco cuartos. En primero, segundo y terceros pisos; con sol y sin él. De 100 años y recién construidos. Con sol y oscuros. En cada departamento dejé algo y saqué recuerdos que se irán borrando con el tiempo si no los escribo ahora, porque no soy un joven (ni extraño haberlo sido: qué güeva) y porque cada día tiene su propio afán, ¿cómo retener tanto?
Simone sufre con las mudanzas. Se pone triste, se desordena y hay que enseñarla otra vez en dónde no debe ir al baño. Niño, sin embargo, no tiene problemas: si estoy yo, él se acomoda; su hogar soy yo. Los tres hemos hecho un pequeño club con rutinas que nos hacen una familia; salimos por las mañanas a caminar aunque yo beba tequilas un día anterior, y procuro salir de noche con ellos. Eso, las rutinas, es lo que permite concluir que somos una familia. Eso y el amor.
Nunca he servido para vivir solo. Tampoco tengo ganas de aprenderlo, si es que “se aprende” a vivir solo. Prefiero llenar de fiestas mis departamentos, volverlos comunas; y aunque en los últimos pocos años los perros me permiten disfrutar mucho más mi casa, estoy acostumbrado a decisiones colegiadas, a cocinar para más de uno, a caminar sin la necesidad de cuidarme de los autos, a reposar en la buena voluntad de alguien más. Pero eso tiene costos: el desamor es una letrina aunque la literatura permita cubrirla de honor, pétalos, rubor o Chanel No. 5.
Pues aquí me bajo, por ahora. No llegué al punto al que pretendía llegar; prometo contarles más luego.
Creo que en los siguientes años permaneceré en el departamento en el que vivo. Pero algo hicimos mal Simone, Niño y yo. Algo hice mal (para qué me hago guaje), porque cuando se acerca diciembre me digo que por fin tendré tiempo de “ir a casa”. Mi casa, sigo pensando, está en el norte, en Juárez, aun cuando he vivido 18 extraordinarios años en esta hermosa y hospitalaria ciudad: el Distrito Federal. “Ya mero voy a casa”, digo por estas fechas. Pero la casa en la que crecí es sólo una idea, un asidero, un puñado de hojas secas. Un cuaderno repleto de recuerdos que no importarán a nadie si se pierden. Sólo a mí.

¿te gustó este artículo? compártelo con otros:

twitter facebook

Esta entrada fue publicada el Miércoles, Noviembre 3rd, 2010 a las 1:00 am y archivada en POSTS. Puedes seguir cualquier respuesta a esta entrada a través de RSS 2.0 feed.

comentarios

8
  1. Noviembre 3rd, 2010 | Jose Borunda dice:

    Yo tambien soy de Juarez. Me brinda una tranquilidad compartir ese sentimiento de recordar ese hogar. Yo recuerdo mejores tiempos. Te agradezco.

  2. Noviembre 5th, 2010 | flor dice:

    Me encanta leerte, me haces sonreir!

  3. Noviembre 12th, 2010 | clemente gonzález dice:

    me parece que deberías recibir un premio especial y específico por tus notas, no sé si exista (EL PREMIO) , no sé si te sirva (EL PREMIO), pero de estas pequeñas cosas que vives y escribes se llena la vida DE AQUÉLLOS QUE NOS GUSTA VIVIR A PLACER SENSATO.

    suertecita y saludos, que la próxima navidad no pierdas ese interés de regresar a tu raíz

  4. Noviembre 16th, 2010 | Belesita dice:

    me encantaste!!
    & me sacaste una lagrima & y una sonriza
    gracias por escribir asi

  5. Noviembre 17th, 2010 | carlos ortega dice:

    Saludos y que sigan los exitos

  6. Diciembre 2nd, 2010 | Diana Ibargüen Gutiérrez dice:

    Ahora que leí gotas en el cielo, pude comprender todo aquello que había escuchado antes, es como si con ese texto entendiera tu mundo o por lo menos lo que escuché de él, ya había visto tu libro de Paracídas, recién que salió bueno ¡que Berenice me lo enseñó!
    Estoy comenzando a escribir en forma desde que entré a la uni( este año) y me gustaría escribir con esa fluidez, creo que es parte de tanto y tanto escribir por tanto tiempo, pero me gustaría en verdad tener un estilo que pudiera reflejar en cosas como las que he visto en este espacio.
    Por cierto quisiera contar cómo es que di con este lugar, buscaba la canción de: “El mundo se va a acabar de Mono Blanco y salió este link, entré por curiosidad y me llevé una buena sorpresa.
    Espero seguir escuchando maravillas de ti y leyendo más de lo que sabes hacer.

  7. Diciembre 3rd, 2010 | olivia dice:

    Alejandro, yo fui muy amiga de Rosalba tu hemana, ibamos a la Etic 97, te encontre a ti buscandola a ella. Cuando empece a leer tus notas me gusto lo que lei, es como transportarme a ese tiempo, yo tambien vivo fuera. De ti apenas me acuerdo, pero a tus papas y hermanos siempre los recuerdo siendo buenas personas y ayudando a la gente. Saludame a Rosalba, ojala se pueda comunicar conmigo.

  8. Diciembre 5th, 2010 | Obsolete. dice:

    El jueves pasado fui por donde creo que vives (supongo lo leí aquí o ya no sé) y me dieron ganas de correr por la calle gritando tu nombre y agradecerte, de paso, por todas tus letras.

dejar un comentario