Dic
ESTA NOCHE ME IRÉ A LA CAMA EN PAZ
Con orgullo, para Sandra Rodríguez y Lucy Sosa
El peor guión de todas mis pesadillas es ese en el que se me asigna el papel del inmóvil. Viene un gallo rojo directo a picarme los ojos y no me puedo mover. Estoy en un cuarto encerrado con el mismísimo chamuco y no puedo salir corriendo. Mi oponente es Manny Pacquiao y no sólo me agarra menos preparado que a Antonio Margarito, sino también atado de manos. Caigo al abismo y no me puedo detener. Como en el teatro de Beckett, como prisionero de Kafka.
Una pesadilla similar vivimos los mexicanos con nuestros gobernantes. Nos dan en toda la torre con plena impunidad y no podemos hacer algo. Sólo esperar a que la pesadilla termine y despertarnos; atenernos a que terminen sus periodos. Con honestidad acepto que como ciudadano no veo otra alternativa que la resignación.
No me interesa soñar más, pero sí me gustaría, por ejemplo, no tener que aguantarme un presidente los seis años que dura su gobierno. O un mandatario estatal, un jefe de la policía, un procurador de la República o uno local. Me gustaría que los ciudadanos pudiéramos elegirlos a todos -incluyendo procuradores, secretarios y jefes de policía- y luego que tuviéramos la oportunidad de decirles: Ora, tú, inútil, ya deja de estarnos desgraciando. Y votar su salida inmediata. Fuera. Si esa opción existiera, la de la revocación de mandato, los gobernados estaríamos más atentos a cómo se conducen funcionarios y políticos. Les daríamos un seguimiento más puntual y periódico, ¿no cree?, a sabiendas de que es posible darles unas cachetadas y mandarlos avergonzados a sus casas o a la prisión. O reconocer su esfuerzo si lo hacen bien. De otra manera, lo que hacemos en cuanto son electos es atender nuestras vidas en silencio, separarnos del desempeño público porque no sirve un carajo voltearlos a ver; para qué; puro desencanto; puros corajes que no llevan a ningún lado.
“A ver cómo nos va con este”, dice uno con abandono, agachando la cabeza, y se encierra en el cotidiano dejando el país en manos del otro. Y el otro, usted lo sabe por experiencia, se sirve con la cuchara grande, se vuelve una pesadilla. “A ver cómo nos va con este”, dice uno. Y como no hay manera de hacer absolutamente nada hasta que ya se largaron (y a veces ni así), pues a tragarse ese pan jodido de diario.
Los gobernantes de este país se han atribuido más poder que el que de facto le pertenece a nuestros familiares. Hay que chutárselos, soportarlos más que a tus padres, hermanos, tíos, esposas y esposos, hijos, etcétera. Si alguno en nuestro círculo más personal se pone rudo o traiciona, usted tiene la opción de separarse de él o de reconvenirlo. Pero los ciudadanos de México estamos obligados a presenciar cómo los políticos hunden el país, la economía, las aspiraciones, el futuro; cómo nos ofenden y nos traicionan; cómo nos sacan las tripas. Y no tenemos posibilidad de hacer algo. Como en la peor pesadilla; como un sueño en el que no puedes moverte y te ataca un Frankenstein con el pico del gallo rojo, la furia del chamuco y los puños sin guantes de Manny Pacquiao.
Si usted llegó hasta aquí, déjeme quedarle mal: ni siquiera tengo reflexión. No voy a terminar este artículo diciendo: “Y ojalá en las próximas elecciones los mexicanos pudiéramos decidir que…” O: “Pidamos a nuestros legisladores que…” Ja. No creo un carajo. He dejado de confiar y no estoy para darle ánimos a nadie.
Esta noche me iré a la cama en paz; besaré a mi chica y me quedaré dormido. Si aparecen el gallo, el chamuco o Pacquiao, me tiraré al piso en la pesadilla y dejaré de dar la batalla. Por hoy, el sueño de un mejor país me parece lejano. Las cicatrices no me han hecho más rudo, más fuerte. Por hoy, preferiría ni siquiera soñar.
(Ejem, sí tenía una reflexión final, que son dos preguntas. Perdonen. Van: Cuando nos quejamos de lo inútiles que son los políticos, los gobernantes, los policías, ¿nos quejamos de nosotros mismos? ¿Tiene sentido quejarse de esos otros que somos usted y yo?)
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Dos temas. Uno: Qué papelón más vergonzoso el del embajador de México en España, Jorge Zermeño. Salirse de la ceremonia de premiación de las periodistas Sandra Rodríguez y Lucy Sosa porque no le pareció que criticaran la guerra inútil y a Felipe Calderón. Híjole. Qué idea más penosa tiene ese hombre de una democracia. Me parece una grosería pero, ¿sabe qué?, una grosería congruente: reconfirma a un gobierno intolerante, ciego, sordo, mudo y al final, collón: si no están conmigo, están en mi contra. Qué mal. Tache. Y segundo tema: Qué, ¿nos vemos en la FIL de Guadalajara? Este jueves a las 7 de la tarde, Lydia Cacho, Ricardo Raphael y Rafael Pérez Gay presentan No incluye baterías (Cal y Arena, 2010), de un servidor. ¡Gracias a todos! Larga vida a los hombres de buena voluntad (casi como si estuviéramos en Navidad; verso sin esfuerzo). Mis mejores deseos hoy y siempre.





En Chihuahua, la gente empieza a tomarse justicia por su propia mano. Tal vez es hora que la gente empiece a cargar arma. Es evidente que el gobierno no puede hacer nada:
http://www.elpasotimes.com/news/ci_16149938
donde puedo conseguir tus libros .ya he acudido a infinidad de librerias ,tanto aqui en guadalajara ,como en el d.f y naaaadaaa!.
ojala y puedas ayudarme ,gracias . saludos y exito!