ÁTOMOS Y GENOCIDAS

01/1/06 1:20 PM por Alejandro Páez Varela

A la pregunta de cuánto derecho tienen Estados Unidos o Rusia, Irán o Corea del Norte para desarrollar bombas atómicas, la respuesta debe ser tajante: ninguno. Hay países menos estables que otros, cierto, pero nada justifica licencias distinguidas de unos, sobre las aspiraciones (que siempre se venden como “legítimas”) de esos otros. Esto sale a colación porque en 2006 seremos testigos de hechos poco alentadores: el resurgimiento de la energía nuclear (y un uso más profuso de los precursores); la insistencia de naciones –como Irán– que argumentan la autodefensa para armarse, y la necedad de los poderosos de mantener vivas 27 mil cabezas atómicas. Paradójicamente habremos de padecer una de las etapas más riesgosas desde la Guerra Fría, mientras no se abata el terrorismo y las causas que lo provocan (la desigualdad, la desesperanza, la ignorancia); mientras el mundo no salga de este periodo de guerra y amenaza constante; mientras sigamos justificando, como Dwight Eisenhower en 1953, una política de “átomos por la paz”.

La “libertad” de Irán
Empecemos por el caso Irán, que defiende el derecho a proveerse energía nuclear por sus propios medios. El conflicto con la comunidad internacional (énfasis en Europa, Estados Unidos, Israel y aliados), en estos momentos, se centra en que ha iniciado el enriquecimiento de uranio, proceso que sirve para generar combustible nuclear y, ya más “refinado”, para construir armas. El presidente Mahmud Ahmedineyad argumenta que su país no quiere depender de otras naciones para proveerse uranio enriquecido, cuyo uso, sostiene, es exclusivamente con fines energéticos y no bélicos. Pocos le creen, y con cierta razón. Irán es gobernado por una teocracia extremista, y desde su fundación como república islámica (1979) ha dado señales de intolerancia y belicosidad. Ahmedineyad mismo ha llamado a “borrar del mapa a Israel”, y hasta ha propuesto a Alemania y Austria que “paguen su culpa” por el holocausto judío, entregando territorio a un posible Estado israelí en Europa. Fascista. Por eso asusta que esté enriqueciendo uranio: el brinco de generar combustible a construir armas nucleares es mínimo. La Organización Internacional de la Energía Atómica (OIEA), que dirige el recién nombrado Nobel de la Paz Mohamed el Baradei, ha propuesto que sea Rusia el que provea el uranio procesado, pero Teherán pregunta, con cierta lógica: si su territorio tiene yacimientos de mineral de uranio, ¿por qué alguien más habría de proporcionárselo ya enriquecido? ¿Por qué no permitir la autosuficiencia?
Los principales organismos internacionales sostienen que Irán lleva 18 años intentando bombas nucleares. El país no lo ha negado en el pasado –ahora sí–, y ha expuesto en las muchas mesas de negociaciones un derecho “a defenderse”, sobre todo si tal derecho opera con mano blanda cuando se trata del club atómico oficial, compuesto por Estados Unidos, Gran Bretaña, Francia, Rusia, China, Pakistán e India (con 27 mil cabezas nucleares en conjunto), y otorga “libertades bajo la mesa” a Israel, a la vez que presiona a Corea del Norte y al mismo Irán.
El jefe de la Organización de la Energía Nuclear Iraní, Golam Reza Agazadé, sostiene que no suspenderá sus planes nucleares. El presidente Ahmedineyad ha endurecido su posición en los últimos meses: cada vez es más amenazante, aunque entienda que del otro lado también hay belicosos como él, y de mano dura probada. George W. Bush, por ejemplo. O un ala poderosa de la política israelí, que en las semanas anteriores ha usado de vocero a Benjamín Netanyahu para expresar que está dispuesta a impulsar una intervención militar en Irán si no suspende sus programas de enriquecimiento de uranio.

Khan El Temerario
Hasta donde se tiene información, el último país en desarrollar la bomba fue Pakistán, en 1998, aunque nada es seguro. Desde la caída del Muro de Berlín, una decena o más de incidentes han abierto la sospecha de que otras naciones tienen ya precursores (uranio enriquecido, científicos y tecnología), e incluso se duda si Al Qaeda los tiene y no los ha podido desarrollar simplemente por falta de un espacio apropiado y discreto. ¿Por qué no?: en 2001 se detuvo un cargamento de plutonio en Grecia; antes, en Georgia, Bulgaria, Rusia, República Checa, Alemania y Lituania –hasta donde se sabe– fueron arrestados individuos (oficiales de go-bierno, científicos o traficantes) con uranio enriquecido que pretendían vender en el mercado negro, es decir, a “naciones desobedientes” o a grupos terroristas.
De las fugas nucleares, la que más asusta a Occidente tiene nombre y rostro: Abdul Qadeer Khan, la cabeza del programa nuclear de Pakistán. Desde finales de los 90 y hasta que fue descubierto, en febrero de 2004, trabajó con Irán, Libia y Corea del Norte en sus programas nucleares. Aunque Estados Unidos y Europa presionaron al presidente pakistaní, general Pervez Musharraf, para que lo entregara, Khan fue defendido, protegido y declarado héroe. Poco se sabe de sus cansados viajes de un lado a otro del mundo, posiblemente con bendición oficial, esparciendo tecnología.
Aún sin la tecnología para detonar, Occidente teme a los precursores. Y aquí regresamos a Irán. El uranio enriquecido o el plutonio permiten las bombas de maletín o las sucias, que requieren menos tecnología y pueden hacer un daño terrible a una ciudad como Washington, por ejemplo.

El muro y el puente
Al aceptar el Nobel de la Paz, Mohamed el Baradei amonestaba, en un discurso emotivo y visionario, que la comunidad internacional debe convertir las armas nucleares en “un tabú, en una anomalía de la historia”. “No tengo duda de que si esperamos escapar de la autodestrucción, entonces las armas nucleares no deberían tener espacio en nuestra conciencia colectiva y ningún papel en nuestra seguridad”.
Cierto que el volumen de bombas nucleares es menor hoy que durante la Guerra Fría. Pero existen, y mientras estén por allí, en sus apocalípticos silos, listas para ser lanzadas; o subterráneas, en laboratorios clandestinos, la Tierra no puede estar en paz. Los terroristas no descansarán hasta alcanzarlas; los países poderosos (y nucleares) siempre serán una amenaza, lo mismo aquellos que, como Irán o Israel, argumentan un “derecho a la defensa”.
Es un tema cultural, decía El Baradei. Las bombas nucleares deben ser vistas mal, como la esclavitud y el genocidio. En esa lógica, Estados Unidos y Rusia encabezan la lista de la vergüenza. El director de la OIEA sugería una medicina: zanjar diferencias entre las naciones, para evitar guerras, crimen organizado, terrorismo y extremismos; para aplacar esa sed enferma por un mundo bajo amenaza permanente: “Tal vez hemos derribado los muros entre Este y Oeste, pero aún tenemos que construir los puentes entre el Norte y el Sur, entre ricos y pobres”.
En los años por venir, como consecuencia del declive de las reservas petroleras y el tardío desarrollo de los carburantes alternativos (vistos durante años como “puntada de hippies”), la energía nuclear volverá a la palestra. Solo hay que ver las proyecciones de la OCDE, o de OIEA. El riesgo de una “fuga” hacia manos poco éticas, entonces, aumentará.
Parece, pues, que estamos condenados a vivir con la amenaza atómica. Si creemos en el progreso, la comunidad internacional deberá transitar hacia mejores sistemas de seguridad que no se basen en la disuasión (“si me atacas, te reviento a bombazos nucleares”), sino en el manejo inteligente de este peligroso recurso que solo pone felices a los de botas y fusiles, que son los menos.•

1 ENERO 2006

Archivado en TRABAJO PERIODÍSTICO | Enviar |

Comentarios (Un comentario)

[…] ÁTOMOS Y GENOCIDAS A la pregunta de cuánto derecho tienen Estados Unidos o Rusia, Irán o Corea del Norte para desarrollar bombas atómicas, la respuesta debe ser tajante: ninguno. Hay países menos estables que otros, cierto, pero nada justifica licencias distinguidas de unos, sobre las aspiraciones (que siempre se venden como “legítimas”) de esos otros. Esto sale a colación porque en 2006 seremos testigos de hechos poco alentadores: el resurgimiento de la energía nuclear (y un uso más profuso de los precursores); la insistencia de naciones –como Irán– que argumentan la autodefensa para armarse, y la necedad de los poderosos de mantener vivas 27 mil cabezas atómicas. Paradójicamente habremos de padecer una de las etapas más riesgosas desde la Guerra Fría, mientras no se abata el terrorismo y las causas que lo provocan (la desigualdad, la desesperanza, la ignorancia); mientras el mundo no salga de este periodo de guerra y amenaza constante; mientras sigamos justificando, como Dwight Eisenhower en 1953, una política de “átomos por la paz”. […]

alejandro páez varela » Blog Archive » Un post en tiempo real (y los últimos textos agregados) / Septiembre 12th, 2006, 3:32 pm / #

Deja un comentario